Manuel Marlasca. Foto: Carlos Ruiz B.k.

Manuel Marlasca. Foto: Carlos Ruiz B.k.

Letras

Manuel Marlasca, en las entrañas del crimen: "Los medios hemos hecho muy atractivos a los asesinos"

Acompañamos al periodista y escritor a la Jefatura Superior de Policía, escenario clave de su segunda novela, 'Hasta que te quedes', en la que vuelve a sumergir a sus personajes principales en un caso trepidante.

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No deja de fascinarnos cómo alguien vulgar puede convertirse en un ser abyecto. Sobre ello discurrió largo y tendido Hannah Arendt en La banalidad del mal y recientemente lo ha abordado, siguiendo esta referencia, el periodista Daniel Ramírez en su primera novela, Los días que no existieron (Espasa). El célebre cronista de sucesos Manuel Marlasca (Madrid, 1967) también sabe que en esa desconcertante deriva psíquica hay verdadera enjundia literaria. Por eso terminó aceptando la propuesta de su agente, que no dejaba de apremiarlo para que se lanzara a la novela.

Bregado desde hace treinta y ocho años en algunos de los casos más mediáticos que nos ha legado la crónica negra, el periodista publicó Tú bailas y yo disparo (Destino), su primera obra de ficción, en 2024. Tras una notable acogida de lectores y crítica, que se redondeó con el Premio Silverio Cañada a la primera novela en la Semana Negra de Gijón, vuelve con una nueva historia, Hasta que te quedes, publicada también en Destino, en la que recupera a los personajes principales de Tú bailas y yo disparo.

Jimmy Valle, Luis Mangas, Paula Vicente y Julia Zaldívar siguen el rastro de una desaparición que parecía voluntaria, y sin embargo esconde una compleja trama. Con el mundo de las partidas de póquer clandestinas como telón de fondo, el relato se abisma en una intrincada investigación que se verá diezmada por la irrupción de una tragedia en el seno de la Brigada, el ficticio Grupo X, que operó realmente durante los años más duros del crimen. Los datos son reveladores: si en la comunidad de Madrid había en los 90 cerca de 100 asesinatos al año, en la actualidad rara vez se superan los 25.

Nos lo cuenta Javier Galván, Jefe Superior de la Policía Nacional en Madrid. Estamos en la sede de la Jefatura, escenario crucial de la novela de Marlasca, que se muestra honrado de celebrar aquí la rueda de prensa de presentación. A lo largo de casi cuarenta años, ha sido su cuartel general –valga la analogía–, donde a menudo ha acudido para ahondar en sus pesquisas. "Es uno de los que mejor conoce por dentro a la Policía en este país", ha asegurado Galván.

Era aún joven, apenas 30 años, cuando se enfrentó a un caso que le marcó para siempre: la desaparición de Rosana Maroto, cuyo cuerpo fue encontrado años después. Había sido violada y torturada hasta la muerte por Gustavo Romero Tercero, el Asesino de Valdepeñas. Hasta la aparición del cuerpo, recuerda Marlasca lo que una vez le dijo la madre de la víctima: "Ser familiar de un desaparecido es la peor de las condenas porque no puedes empezar un duelo y tampoco acabarlo".

Las desapariciones son, por tanto, los casos del mundo criminal que más interesan al autor. Reconoce que el desarrollo narrativo de la desaparición contada en esta novela está inspirado en el brillante proceso de investigación llevado a cabo por el grupo que resolvió lo que finalmente fue el asesinato de Ana María Enao, estadounidense de origen colombiano desaparecida en Madrid en febrero de 2024.

Marlasca se ha servido recurrentemente de la realidad para dar forma a su novela. Hay personajes que concentran las personalidades de algunos policías que ha conocido, e incluso el personaje de Mangas está inspirado en un subinspector retirado que ciertamente existe.

Del mismo modo, tanto los hechos escabrosos de los que se da cuenta en la novela como los procedimientos policiales aplicados podrían haber ocurrido tal y como en ella se narran. Igual que si en la narración aparecen policías que delinquen es porque realmente existen, desliza. Lo que motiva a Marlasca es "contar historias que no puedo contar como reportero porque no me dejarían", dice.

Además, se hace eco de algunas cuestiones relacionadas con las condiciones laborales en la Policía. Por ejemplo, algo tan sorprendente como que "las de los investigadores son peores que las de los miembros de seguridad ciudadana". Por cierto, que los agentes integrados en este estamento aparecen reivindicados en esta novela. Al contrario que los GEO, que conocen todos los detalles antes de derribar una puerta, "los de seguridad ciudadana nunca saben qué van a encontrarse", tercia Marlasca.

Manuel Marlasca. Foto: Carlos Ruiz B.k.

Manuel Marlasca. Foto: Carlos Ruiz B.k.

El autor aspira, en fin, a "la verosimilitud", y esto pasa por ser puntilloso. La licencia de la ficción es necesaria "porque el día a día de los agentes es aburrido", explica, pero el rigor es innegociable. Por otro lado, tiene muy en cuenta "la profundidad de los personajes", consciente de que cualquier miembro de las fuerzas de seguridad del Estado alberga "historias particulares", no siempre ejemplares. Por tanto, "nadie es esencialmente bueno o malo", sino que en el alma de cada personaje predominan "los territorios grises".

Marlasca sabe que hasta el momento en que comete un crimen, cualquier potencial asesino "se parece mucho a cualquiera de nosotros". Se le viene a la cabeza, por ejemplo, el caso de José Bretón, que mató a sus hijos y los quemó. "Un fracasado en todos los aspectos de su vida, una persona insignificante", asegura quien tuvo al asesino a solo unos pocos metros durante la celebración del juicio que lo declaró culpable. Reconoce, a propósito, que "los medios hemos hecho demasiado atractivos a los criminales".

"La diferencia entre un asesino y uno que no lo es está en los límites éticos que se marca", apunta, pero recuerda al mismo tiempo que "la mayor parte de los crímenes son chispazos", o sea, no están premeditados. Y es que "la gran mayoría de los asesinos no son psicópatas", advierte.

En este sentido, el autor ha manifestado su preocupación por los familiares de los que verdaderamente padecen graves trastornos mentales, más allá de "estar deprimidos". Marlasca lamenta el abandono, por parte de la Administración, de quienes tienen que velar por personas potencialmente peligrosas.

Tampoco se muestra partidario de que la Fiscalía, dependiente del Gobierno, dirija las instrucciones penales, pese a que el Consejo de Ministros aprobó en 2025 la reforma para que así sea. Según el periodista y escritor, esto propiciaría una colisión entre el poder ejecutivo y el poder judicial, que vería vulnerada su independencia.