Abraham Graguera. Foto: Pre-Textos

Abraham Graguera. Foto: Pre-Textos

Letras

El viaje hacia la madurez de Abraham Gragera en 'Las ilusiones', la recopilación de sus tres primeros poemarios

Cada nuevo libro es algo más extenso y complejo que el anterior. El conjunto revela un retrato del artista como joven que trata de darse alcance a sí mismo.

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Han pasado veinte años, pero todavía se recuerda el impacto que el primer poemario de Abraham Gragera (extremeño de Madrid, 1973), Adiós a la época de los grandes caracteres (2005), tuvo en sus contemporáneos estrictos.

Las ilusiones. Poesía (2005-2017)

Abraham Gragera

Pre-Textos, 2026
150 páginas. 20 €

Su aparición coincidió con un momento Ashbery en nuestra poesía, y el tono de algunos poemas ("Sexo sordo", "Estrella fugaz"), con inicios a la vez enigmáticos y hambrientos, con una mezcla bien calibrada de distanciamiento y perspicacia ("Esta tarde las rosas tenían el aspecto de saberse orejas", "Aún es pronto, demasiado pronto para el ojo, / pero tarde, muy tarde ya para el pensamiento"), parecía jugar al despiste como el autor de Una ola y reflejar, además, un estado de ánimo generacional.

Luego se vio que no era del todo así, y que había en Gragera una autoconciencia reflexiva, un afán de suelo firme –incluso de trascendencia–, que enganchaba su escritura al largo convoy de las poéticas posrománticas. Ya en ese libro había poemas ("El susurro del polvo" o "Sobre el amor") que miraban claramente en esa dirección y expresaban el temor a equivocarse de toda vida para refugiarse "en un armario, al fondo, / donde sólo se escucha, / como nieve que cae, / lenta, sin viento, / el susurro del polvo".

Las ilusiones. Poesía (2005-2017) recoge los tres primeros libros de Gragera (queda fuera el más reciente, La domesticación, reseñado en estas mismas páginas) y tiene mucho de retrato del artista como joven que trata de darse alcance a sí mismo. Cada nuevo libro es algo más extenso y complejo que el anterior y encarna una sensibilidad de rara madurez intelectual que sin embargo va dando lentos pasos hacia la vida adulta: solo así puede hacerse cargo plenamente de su propio ser y estar en el mundo.

Su lucidez nos convierte a todos, por contraste, en atolondrados protagonistas de un día a día por el que pasamos sin enterarnos de gran cosa, o haciéndolo casi siempre a balón pasado.

Había en Adiós a la época… –desde el título mismo– cierto deseo de epatar propio de la edad, pero también mucha incertidumbre (los dos primeros adjetivos en "Casi demasiado serio" son "inacabado" e "imprecisos", que nos conducen a otra frase memorable: "Inestabilidad, tienes nombre de milagro").

En El tiempo menos solo (2012) esta incertidumbre no ha desaparecido, pero se sabe el porqué: somos "los que nacieron en el siglo de la muerte de la muerte […], los que ya nunca podrán cruzar al otro lado" ("Laguna"). Gragera sabe que estamos –cada vez más– en un tiempo que ha abolido la muerte y por tanto la trascendencia, pero en sus palabras no hay nostalgia, reaccionaria o no.

Esa "época de los grandes caracteres" ha cerrado su puerta detrás de nosotros y todo lo que podemos hacer es dejar, honestamente, que la luz se cuele por las rendijas y alumbre lo que pensamos y escribimos.

En algunos poemas de este segundo libro –"La poesía", sin ir más lejos– la sintaxis se barroquiza, llevada por su voluntad reflexiva. Pero también se ensaya el fragmento y un tono cantabile ("La oveja") que responde al deseo de crear algo así como un cancionero moderno.

Llegamos de este modo a O futuro (2017), escrito en el cruce de caminos entre la despedida de los padres (emocionante "La encarnadura") y la celebración del nuevo amor, que invierte en positivo los términos de aquel viejo milagro de la inestabilidad: "Sí. Somos. Existimos. / Aunque sea improbable" ("Dos espaldas", IX).

Se cumple así ese viaje hacia la madurez vital cuya expresión más depurada es La domesticación. No sin miedos ni perplejidad, pero con los ojos bien abiertos. Ya no es "demasiado pronto" para ellos.

La oveja, 1

Cómo hablaré de ti sin alegorizar
estás tan connotada
ahí, junto al arbusto
cómo describiré la nada
acogedora noche en su término justo
el rebaño de brumas que se te viene encima
el ladrido distante
del viento de noviembre, dime
con qué rima