Édouard Manet: 'La Rue Mosnier con banderas', 1878 (detalle). Museo J. Paul Getty

Édouard Manet: 'La Rue Mosnier con banderas', 1878 (detalle). Museo J. Paul Getty

Letras

Luz entre las ruinas: así nació el impresionismo en un París entre la guerra y la Comuna y después del Año Terrible

Sebastian Smee relata el origen de uno de los movimientos esenciales de la historia de la pintura en un contexto marcado por el conflicto contra Prusia, la inestabilidad política y el enfrentamiento civil.

Más información: De nazis a mercenarios, espías o traficantes de armas: así se reinventaron los criminales del Tercer Reich

Publicada

La Historia se ha empeñado en demostrar (hay ejemplos en épocas de todas las edades) que en el complejo discurrir humano resultan compatibles, en términos de simultaneidad o proximidad temporal, el terror y la belleza, la sangre y la poesía, el odio y la imaginación, el salvajismo y la creación, la guerra y el arte. Que en momentos atroces florecen genios y obras irrepetibles, ideas luminosas, lenguajes renovadores.

París en ruinas

Sebastian Smee

Traducción de Efrén del Valle. Taurus, 2026. 448 páginas. 24,90 €

Ese contraste es la válvula dramática de París en ruinas (Taurus), libro en el que Sebastian Smee (Adelaida, 1972) relata el nacimiento del impresionismo en una ciudad marcada por el conflicto, la destrucción, el enfrentamiento político y civil y la memoria reciente del asedio y el hambre.

Smee escoge dos protagonistas en esta historia coral, Édouard Manet, republicano, admirador de Velázquez y Goya y figura central del paisaje pictórico parisino de la época, y la melancólica y tenaz Berthe Morisot, que fue su pupila y su modelo y la única mujer del grupo impresionista que abrió un nuevo capítulo de la historia del arte con la célebre exposición de 1874 en el viejo estudio del fotógrafo Nadar en el Boulevard des Capucines.

Estaban en contra del sistema artístico oficial y de su Salón anual, exclusivo y reaccionario. Querían describir el mundo de otra forma, sin jerarquías, con libertad y urgencia, sin hipotecas lingüísticas o temáticas, liberados de los estilos del Romanticismo, el clasicismo y el realismo. Huían de los asuntos históricos, mitológicos y religiosos para observar la vida de la urbe moderna.

Pintaban al aire libre, directamente sobre el lienzo. Fundaron una poética de la luz y una estética de la fugacidad. Intuyeron la verdad ambigua y seductora de lo inacabado y lo transitorio. Veían un mundo en movimiento lleno de elementos efímeros, al borde de la disolución.

Manet y Morisot estaban en contra del sistema artístico oficial. Querían describir el mundo de otra forma, sin jerarquías, con libertad y urgencia

Una cuarta parte de las obras expuestas pertenecía a un núcleo integrado por Monet, Pissarro, Renoir, Sisley, Degas, Cézanne y Morisot. Eran la progenie artística de Manet, líder oficioso del grupo, que prefirió no participar en la rupturista exposición y aconsejó a su amiga que tampoco lo hiciera. Ella, que estaba enamorada de él y acabó casándose con su hermano Eugène, desobedeció.

En una sugerente intersección entre la historia del arte y la cultura, el género biográfico y la historia social y militar habita este libro que transporta al lector a un París vibrante, trágico y contradictorio. Smee, crítico de arte y premio Pulitzer en 2011, plantea la relación entre Manet y Morisot como eje del relato, que se desarrolla en una vertiginosa dinámica de deslizamientos entre las esferas políticas, militares, artísticas y sentimentales.

Berthe Morisot: 'El Sena en Bougival', 1884

Berthe Morisot: 'El Sena en Bougival', 1884

Después de los terribles sucesos de 1870 y 1871 (el Año Terrible, según Victor Hugo), los nuevos pintores “querían expresar más que nunca el mundo físico a través del color y la luz”. París venía del caos y, en palabras del autor, “no podemos interpretar con claridad el impresionismo sin comprender el impacto que tuvo esa época tumultuosa en los principales artistas del movimiento”. Guerra, asedio, enfrentamiento civil. Luz entre las ruinas.

Es el París sísmico, renovado y tenso de Victor Hugo, Courbet, Gambetta, Thiers, Goncourt, Haussmann. Del final del Segundo Imperio de Napoleón III, detestado por Manet. Una ciudad de luz y peligro. Las crecientes tensiones entre Francia y Prusia desembocan en guerra, declarada poco después de la clausura del Salón de 1870.

La población de París estaba eufórica, como constató Zola, pero el ejército imperial francés nunca llegó a Berlín. La derrota de Sedán (humillación nacional sobre la que los franceses construyeron una mitología de valor patriótico) marcó el final del Segundo Imperio.

Los prusianos iniciaron el avance sobre París y preparaban el asedio mientras el presidente Thiers intentaba mantener unido al país, en el que se había proclamado la Tercera República. Victor Hugo regresa después de 19 años de exilio. Bismarck sitia la capital. Meses de conmoción, hambre y frío, resistencia, bombardeos, globos aerostáticos y palomas mensajeras. No hacía mucho, París era la ciudad del placer y el espectáculo.

Berthe Morisot: 'A orillas del Sena en Bougival', 1883. Museo Nacional de Oslo

Berthe Morisot: 'A orillas del Sena en Bougival', 1883. Museo Nacional de Oslo

Manet, Degas y otros artistas se alistan en la Guardia Nacional. Frédéric Bazille muere en la lucha contra los prusianos. El armisticio de enero de 1871 suponía poco menos que una rendición completa de Francia. La población se debatía entre el alivio y el descontento. Para los izquierdistas, el tratado y las condiciones de paz equivalían a una traición.

En ese ambiente, el Comité Central de la Guardia Nacional se apodera de lugares clave y se reúne en el Hôtel de Ville como un gobierno de facto frente al Gobierno de Thiers. Es la Comuna.

Aquello era un golpe de Estado, y lo que siguió, una guerra civil. “No es fácil explicar qué fue la Comuna”, reconoce Smee. “En esencia, era un gobierno urbano improvisado”, radical y con pocos recursos. Contaba con el apoyo de Courbet, Manet, Degas y Morisot (que se alejaba de las preferencias conservadoras de sus padres).

París se desangraba mientras Bismarck seguía amenazando. Una guerra urbana de enorme crudeza, una ciudad en llamas cuya situación causaba “estupefacción y rechazo moral” en el extranjero. La reconquista de París por parte de las fuerzas de Thiers abrió en una Francia aislada y debilitada “un periodo de evaluación profunda que duraría décadas”.

Tras los sucesos de 1870 y 1871, que habían provocado la destrucción de zonas enteras de París, algunos artistas (como Morisot) tardaron en reactivarse. Manet sufrió una depresión. Muy pocos intentaron describirlos. Pero sí llevaron a sus cuadros, como pálpito sincero en composiciones que transmitían belleza y felicidad, las sensaciones de “impermanencia”, fragilidad existencial y fugacidad que los acontecimientos recientes habían provocado en el ánimo colectivo. Lo efímero de la luz, las edades humanas, las relaciones sociales, la vida.

Manet y Morisot intensificaron su complicidad, y del rechazo de pintores como Monet, Degas o Renoir al sistema artístico y el carácter rancio y autoritario del Salón nació la Société Anonyme, que de alguna manera quería revivir los ideales de la Comuna en el ámbito del arte. Otra manera de pintar y de ver el mundo.

Buscaban una alternativa y el 15 de abril de 1874 inauguraron la primera de las ocho exposiciones impresionistas que se celebraron hasta 1886. Muchos parisinos evitaron la muestra por motivos políticos. Otros fueron a reírse.