Uma Thurman, en 'Kill Bill'

Uma Thurman, en 'Kill Bill'

Cine

Regresa 'Kill Bill' a las salas del tirón: todo el maldito asunto de La Novia y del bocazas Quentin Tarantino

Llega el montaje definitivo, una versión de más de cuatro horas que hila los dos volúmenes, añade una larga secuencia de anime y extirpa algún diálogo explicativo innecesario. En algunas salas se proyectará, además, en 70 mm.

Más información: ‘Super Mario Galaxy’: una secuela más vistosa, divertida y redonda que la exitosa primera parte

Publicada

Más de veinte años después (¿es Tarantino el nuevo Alejandro Dumas?) estamos asistiendo al estreno internacional de la versión completa y definitiva –si tal cosa existe realmente– de Kill Bill, que se estrenó en dos volúmenes, en 2003 y 2004, respectivamente. Para muchos, entre los que me cuento, una de las mejores películas, si no la mejor, de Quentin Tarantino (Knoxville, 1963).

Ahora, bajo el irónico título, tan metareferencial como el propio filme, de Kill Bill: The Whole Bloody Affair –o sea, todo el “maldito” asunto, pero también todo el “sangriento” asunto– se nos ofrecen las dos películas originales tal y como las concibiera su director y como se exhibieran en muy contadas ocasiones: como una sola obra de cuatro horas y trece minutos. Algo que en su día tanto Tarantino como su productor, el encarcelado y repudiado Harvey Weinstein, decidieron evitar, a fin de sortear también el tener que cortarla o asumir el riesgo de matar de hambre y sed (por no hablar de la próstata) a los espectadores.

Pero estos días, cuando cualquier película de superhéroes o de terror no baja de las dos horas y media de duración y la gente se ha acostumbrado a ver temporadas completas de series de una sentada, parecen el momento perfecto para que Kill Bill retorne del tirón, con todo su esplendor en 70 mm (solo en salas selectas, el resto lo ofrecerá en su versión digital, por supuesto), incluyendo además varios alicientes inéditos para el fan de la película(s) original. Aunque introduciendo, menos mal, un justo y necesario intermedio al terminar lo que antaño constituyera el Volumen 1.

A este Kill Bill se le ha añadido una larga secuencia de animación al estilo anime japonés y se le ha extirpado algún diálogo explicativo innecesario, para darnos a cambio una versión extendida y a todo sangriento color del famoso combate en la Casa de las Hojas Azules, mucho más gore. Además de una escena poscréditos: un “capítulo perdido” también animado, realizado en su momento para el videojuego Fortnite. En realidad, nada que aporte una diferencia esencial respecto al original, aunque sí lo suficiente para atraer a sus fanáticos admiradores, siempre deseosos de más y más.

Tarantino teatral

Lo cierto es que el verdadero motivo de relanzar Kill Bill, al menos así lo entiende quien esto suscribe, es devolver a la actualidad de las pantallas de cine a su director. Un Tarantino que desde 2019 y su Érase una vez... en Hollywood solo ha firmado algún cortometraje y que, además, lleva tiempo amenazando con abandonar definitivamente la dirección tras su supuesta y pospuesta décima película, todavía por llegar. Mientras, se dedica a escribir, producir y dar que hablar. Lo último ha sido su revelación como autor teatral, ya que planea estrenar en Londres a primeros del año próximo su comedia de enredos de capa y espada The Popinjay Cavalier.

Entre tanto, cada vez que abre la boca, como se suele decir, sube el pan. La última ha sido tachar de mediocre la interpretación de Paul Dano en Pozos de ambición (Paul Thomas Anderson, 2007), despertando el rechazo de un buen puñado de actores, o mandar a la porra –en mi humilde opinión con motivo– a Rosanna Arquette por decir que el empleo de la palabra nigger (o sea: negro con matiz peyorativo en inglés coloquial) más de 20 veces en Pulp Fiction (1994) es algo “racista y espeluznante”.

Rumores sobre una futura serie de crimen y gánsteres en los años treinta, con Stallone de protagonista; la cancelación al parecer definitiva de The Movie Critic, la que iba a ser su décima y última película; o su retorno como actor en Only What We Carry, la próxima comedia del británico Jamie Adams, entretienen a partidarios y detractores de Tarantino mientras este remolonea sin decidirse a volver a dirigir, acusando al nuevo mundo de plataformas digitales de haber matado al cine. ¿Una excusa? Quizás.

La cosa es que el espectacular regreso de Kill Bill, que para muchos espectadores jóvenes será realmente una novedad, nos enfrenta al hecho innegable de que Tarantino y sus mejores películas, muy especialmente esta, no solo no fueron la solución al problema –quizá irresoluble, añadamos– sino una parte del mismo.

Una secuencia animada de 'Kill Bill'

Una secuencia animada de 'Kill Bill'

Al fin y al cabo, la épica aventura ultraviolenta de La Novia no es sino un palimpsesto de todo el cine que ama su director, aunque no necesariamente sus seguidores. Un remix desprejuiciado de revenge movie, artes marciales, urban fantasy, thriller setentero, yakuza cinema, televisión de culto, cómic, neowéstern, manga y unas cuantas cosas más. La megaexplotation total y absoluta que debía acabar con toda la exploitation. Una reificación definitiva de la nostalgia como último fetiche, que lleva en sí misma la semilla de su destrucción. El director-autor no exactamente como tal, como creador, sino como DJ o VJ, como recreador, intérprete o crítico-artista, con todo lo bueno y lo malo que ello entraña. Como bien dice una de las nuevas canciones de CA7TRIEL y Paco Amoroso: “Nadie inventa nada nuevo, todo está ya hecho, bebo”.

Para algunos, entre los que me cuento, este estreno es motivo de celebración, pero no carece de cierto regusto agridulce. Obliga a recordar los infinitos director´s cut de Blade Runner (1982) y el reestreno en cine de su versión “definitiva” en 2007. De algún modo, Ridley Scott estaba confesando, quizá inconscientemente, que jamás volvería a hacer una película no ya tan buena (que las ha hecho), sino tan influyente, tan real y significativa. Y así ha sido.

Con Kill Bill: The Whole Bloody Affair, ¿está quizá Tarantino diciendo lo mismo?