Retrato de hugo wolf y manuscrito autógrafo  de la canción 'Geselle, woll’n wir uns in Kutten Hüllen'. Diseño: Rubén Vique

Retrato de hugo wolf y manuscrito autógrafo de la canción 'Geselle, woll’n wir uns in Kutten Hüllen'. Diseño: Rubén Vique

Letras

Wolf, el último 'liederista': Richard Stokes publica las canciones completas del "Wagner del piano"

El libro del profesor de la Royal Academy of Music de Londres es la mejor puerta de entrada a la obra del compositor. Un volumen que logra hacer sus 'lieder' más accesibles al público pese a su fama de áridas.

Más información: 'Mozart. Su obra y su mundo en constante movimiento': el contexto del genio a través de sus partituras

Publicada

En poco más de 1.000 páginas, Richard Stokes realiza la proeza de reunir, por primera vez, las 350 canciones que compuso Hugo Wolf, cada una con el poema original alemán, su traducción española y un conjunto de textos complementarios que, por este orden, sitúan al poeta, explican el enfoque de Wolf en la musicación de esos poemas en concreto y reproducen en versión original y en español las cartas de Wolf que se refieren a ellos.

Las canciones completas de Hugo Wolf

Richard Stokes

Traducción de Luis Gago
Acantilado, 2026. 1.040 páginas. 38 €

En este tour de force, Stokes añade tres minuciosas tablas cronológicas: de la vida de Wolf, de sus cartas y de sus canciones, además de las notas e índices de rigor y de una breve descripción de los destinatarios de las cartas. Como dice Ian Bostridge en el prólogo, este libro, "detallado y absorbente", es la mejor puerta de entrada a la obra de Hugo Wolf. La magnífica traducción al español es obra de Luis Gago.

Junto con su coetáneo Mahler, Hugo Wolf representa el fin de la saga de los liederistas. Es el último de los grandes compositores decimonónicos (Beethoven, Schubert, Schumann, Brahms) que musicaron obras de grandes poetas (Goethe, Eichendorff, Rückert, Heine, Mörike) o de cancioneros exóticos en boga.

Si Wolf no ha alcanzado la omnipresencia de sus colegas es, seguramente, porque, a diferencia de ellos, se limitó casi enteramente a escribir canciones y estas, en un estilo propio, de armonía esquiva y ritmo inquieto. Apoyándose en el propio Wolf, Stokes explica la esencia de estos lieder: "El centro de gravedad de mis canciones, dice Wolf en carta a Karl Mayr, se encuentra en la parte de piano", es decir, ¡no en el canto!

Su invención es propiamente pianística, como la de Wagner es orquestal: en ambos, la vocalidad, con ser importante, se subordina a lo instrumental. Stéphane Goldet define así la almendra del proceso creador de Wolf: el poema se vuelca, se transustancia, casi podíamos decir, en sonoridad pianística. Posteriormente, nacida ya la dramaturgia sonora, surge el canto para concretarla en melodía y palabra.

La veneración que Wolf sentía por los poetas se manifestaba en sus conciertos y recitaba los versos antes de empezar.

No es de extrañar que a Wolf se le conociera como "el Wagner del piano". Esta destilación instrumental del texto no es sino una forma más de cumplir la receta de Goethe: que la música sea sirvienta de la palabra. La veneración que Wolf sentía por la obra de los poetas se manifestaba en su liturgia de concierto: en cada lied, antes de acompañar al cantante, sentado ya al piano, Wolf recitaba el poema.

La estructura del libro facilita mucho la consulta, en línea con la intención declarada del autor: hacer los lieder de Wolf más accesibles al público. Para combatir la inmerecida fama de aridez de estas canciones, Stokes, que tiene el don de la enumeración, relaciona extensamente las onomatopeyas, analogías sonoras y humoradas que contienen, "tan seductoras como las de Schubert": pájaros, laúdes, disparos, rebuznos, zumbidos de abeja, giros de rueca, cigüeñas crotorantes, monjes lascivos, poetas resacosos, críticos de música tratados a patadas (hay que recordar que Wolf ejerció de tal) y así sucesivamente.