Ejemplares de 'Grandes esperanzas', de Charles Dickens, y de 'Romper el círculo', de Collen Hoover

Ejemplares de 'Grandes esperanzas', de Charles Dickens, y de 'Romper el círculo', de Collen Hoover

Letras

Las novelas son cada vez más simples: el promedio de palabras por frase disminuye de 20 a 12 en el último siglo

El análisis de distintos best-sellers confirma una tendencia hacia la brevedad y la pérdida de capacidad crítica frente a textos densos.

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J. Cedillo
Publicada

De la prosa de Hemingway siempre se ha destacado su economía expresiva: una escritura prácticamente telegráfica. Pero era una excepción a la norma, pues en los años 30 las grandes novelas se caracterizaban, mayoritariamente, por el fraseo largo. La tendencia actual es completamente distinta.

Recientes investigaciones y análisis de mercado señalan que la estructura del lenguaje escrito se está simplificando de forma acelerada. Desde la literatura de ficción hasta la comunicación política, las oraciones son hoy significativamente más cortas y menos complejas que hace cien años.

En el ámbito literario, un análisis de los best-sellers incluidos en la lista de The New York Times arroja datos contundentes. Desde la década de 1930, la longitud media de las frases en los libros populares se ha reducido en un 40%.

Gráficos publicados por The Economist ilustran esta tendencia con claridad: mientras que en los años 30 la media se situaba por encima de las 20 palabras por frase —con muchas novelas populares promediando entre 20 y 25 palabras—, hoy esa cifra ha caído hasta cerca de las 12 palabras.

Esta transición hacia lo sintético se hace evidente al contrastar éxitos de ventas de distintas épocas. La distancia entre la complejidad literaria de hace un siglo y la simplicidad actual es notable. Por ejemplo, en los años 40, novelas como Frenchman's Creek, de Daphne du Maurier, mantenían una media de palabras por frase mucho más alta, rondando las 20.

Por su parte, en best-sellers contemporáneos como Romper el círculo (It Ends With Us), de Colleen Hoover, la media apenas supera las 10 o 12 palabras por oración. Esta brevedad se percibe como una búsqueda de textos cada vez más simples y de lectura rápida.

Esta evolución del mercado editorial tiene su reflejo en el ámbito académico, donde los docentes advierten una creciente dificultad de los estudiantes para enfrentarse a textos clásicos. Experimentos realizados en universidades de Estados Unidos muestran que alumnos de literatura inglesa encuentran serios obstáculos para descifrar la prosa de autores victorianos como Charles Dickens, perdiéndose en el lenguaje jurídico, las metáforas extensas y el vocabulario decimonónico.

Los datos respaldan esta percepción de declive en la capacidad de concentración y profundidad lectora. Según un estudio publicado en la revista iScience, la proporción de personas que leen por placer en Estados Unidos ha caído un 40% en las últimas dos décadas. En el Reino Unido, encuestas de YouGov indican que el 40% de la población no leyó ni escuchó un solo libro durante el año 2024.

En España, sin embargo, el 66,2% de la población (dos de cada tres) ha leído libros por ocio durante 2025, según el Barómetro de Hábitos de Lectura que cada año elabora la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE).

Con todo, los expertos recuerdan que, si bien la distracción ha sido una constante histórica, hoy en día se ha perdido el "impulso de superación personal" que caracterizó a las clases trabajadoras de los siglos XVIII y XIX.

La simplificación del lenguaje no se limita a la literatura de entretenimiento; ha permeado la comunicación institucional y política, con posibles consecuencias para la calidad democrática. Un análisis de los discursos parlamentarios británicos muestra que estos se han reducido en un tercio en apenas una década.

Expertos como el profesor Jonathan Bate advierten que la pérdida de la capacidad para procesar prosa compleja conlleva una merma en la habilidad para desarrollar ideas sofisticadas, apreciar matices y conciliar pensamientos contradictorios. En un entorno digital donde el mensaje medio se mide en pocos caracteres, la capacidad crítica que fomenta la lectura profunda corre el riesgo de volverse residual.