Rosario Villajos. Foto: Iván Giménez.
'Cortarse el cabello', los relatos prodigiosos y borgianos de Rosario Villajos
La escritora cordobesa transforma la muerte del padre en una constelación de diecisiete relatos que mezclan cuento popular, terror y mito clásico para habitar la pérdida.
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Aunque la fuerza que anima el universo poético de Cortarse el cabello es la muerte del padre, no se trata en absoluto de un libro de duelo; al contrario, en esta colección de diecisiete relatos, Rosario Villajos (Córdoba, 1978) despliega un entramado de voces magistralmente conscientes de que nacer y morir son dos procesos hermanos, y en el medio está la vida, ese inmenso sinsentido.
Cortarse el cabello
Rosario Villajos
Seix Barral, 2026. 262 páginas. 19,90 €
La autora aboga por habitar con palabras la pérdida y aceptarla, para vivirla y quizás darle un significado. El resultado es un vacío colmado de relatos prodigiosos y de melenas cortadas como símbolo de luto y de potencias de vida; Villajos transforma su dolor, íntimo y personal, en un texto literario de hondo calado humano: todo se pudre y estamos a la intemperie, pero existe la ficción como antídoto eficaz contra el frío de la muerte.
En Cortarse el cabello, la autora hila sus experiencias vitales con un mundo ficcional que bebe de los cuentos populares y de las nanas, del género de terror y de la literatura fantástica, de la mitología clásica y del cine comercial. Toma y reelabora motivos y arquetipos instalados en el seno de nuestra cultura y los lleva al umbral entre la vida y la muerte, a través de unos relatos que no temen abordar la culpa y el perdón, el deseo y el amor, las pulsiones prohibidas y los miedos atávicos, lo terrible que es la vida cuando no es miserable o insignificante.
Sin embargo, no son cuentos tenebrosos ni se hallan desgajados del devenir cotidiano. En nuestras vidas diarias hay monstruos y hay fantasmas: el monstruo vive en nosotros, los fantasmas en la noche se pegan a nuestros cuerpos.
Con huellas de oralidad y de elegancia borgiana, la autora trama símbolos, personajes e historias; incluso cuando lo hace desde el yo, Villajos escribe con una prosa sabia y despojada, con un estilo sin tiempo y un tono providencial que invisten de magia antigua a sus relatos.
Villajos transforma su dolor, íntimo y personal, en un texto literario de hondo calado humano
Bebés de color azul como pájaros sin alas, chicas-lobas y cautivas; cementerios y vampiros; un exhippie coronado por un enjambre de abejas; melenas que albergan muertos y alguna vana esperanza; Eurídice y Orfeo, el amor que ya no es o que nunca pudo ser; mujeres multiplicadas, espectros y abrigos verdes. En la espesura de un sueño o de un bosque amenazante, los relatos de Villajos son una tea de luz que anula nuestros temores, la oscuridad de la noche.
El tejido de Cortarse el cabello emerge de a poco: un cuento continúa en otra historia o un relato se bifurca hasta que llega otra voz que lo toma y lo convierte en una nueva historia. Salta de un siglo a otro, se mueve por países diversos, va y viene por contextos históricos y coordenadas socioeconómicas dispares, entra y sale de ensueños y de hoscas realidades.
El sólido andamiaje que sostiene su propuesta está configurado por unas voces poéticas, frágiles e irrompibles, que conducen a un mundo donde todo interconecta, donde irse y ser paridos son tan solo dos instantes de un único ritual. Pero Cortarse el cabello no es solo el relato de esos dos trances extremos; también muestra qué ocurre con quienes siguen aquí, sosteniendo las ausencias, durmiendo con sus fantasmas. Chamana venida de un pozo, Villajos escribe alrededor de una hoguera e invita a los lectores a sentarse a su lado, a dejarse acunar por sus relatos eternos y a quitarse el frío.