Alexis de Tocqueville en 1848. Retrato de Léon Nöel

Alexis de Tocqueville en 1848. Retrato de Léon Nöel

Letras

Alexis de Tocqueville, el aristócrata liberal que estudió a fondo la democracia moderna

Eduardo Nolla firma una biografía del pensador francés que pone el foco en su estudio de la democracia de Estados Unidos y su sistema carcelario.

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Con admiración, Ortega y Gasset observa que en la obra de Alexis de Tocqueville no halla “una sola expresión de nostalgia”. En efecto, los grandes ensayos políticos del segundo se mantienen como témpanos de clarividencia y de sobriedad en el siglo de los ardientes aspavientos románticos.

Portada de 'Alexis de Tocqueville. Un liberal único'

Portada de 'Alexis de Tocqueville. Un liberal único'

Alexis de Tocqueville. Un liberal único

Eduardo Nolla

Gota a Gota, 2025
264 páginas. 17,50 €

¿Se mantuvo siempre ajeno al morbo senil de la nostalgia el hombre Tocqueville? En la biografía intelectual Alexis de Tocqueville. Un liberal único, Eduardo Nolla acude en numerosas ocasiones a la correspondencia. Pues bien, ahí pesco: “Si los inteligentes conversadores y escritores de antaño resucitaran, no creo que les sorprendieran tanto el gas, el vapor, [...] como la inercia de la sociedad moderna y la mediocridad de los libros contemporáneos”.

En fin, Tocqueville era humano. Nolla nos ha contado además otras cosas de aquel aristócrata demócrata con mala suerte con el clima en los viajes por mar. Nuestro simpático magistrado francés nació en 1805 y murió en 1859. Por el lado paterno (se destaca aquí la interesante figura paterna, Hervé de Tocqueville), Alexis se vincula con la “nobleza guerrera normanda”. Por parte de madre (nieta del guillotinado político Malesherbes), con la “nobleza de toga” (p. 16). Existe también un vínculo (mucho más vago) con Chateaubriand, por quien el biografiado sentía poco apego y poco interés.

En verdad, tres trabajos (que, por cierto, obtuvieron éxito editorial) le han valido a Tocqueville el título de clásico y aun de profeta secular. Son La democracia en América, parte I; La democracia en América, parte II (se iba a titular este La influencia de la igualdad sobre las ideas y los sentimientos de los hombres, fue el editor quien convenció al autor de aprovechar el tirón del anterior trabajo y bautizarla como una continuación) y El Antiguo Régimen y la Revolución. Datan, respectivamente, de 1835, 1840 y 1857.

Nolla dedica más de la mitad del libro al proyecto norteamericano. Se extiende en los nueve meses que pasó Tocqueville en el Nuevo Mundo acompañado de su inseparable amigo, el también aristócrata Gustave de Beaumont, con la excusa de investigar las filosofías carcelarias al otro lado del Atlántico (lo cual cristaliza en Sobre el sistema penitenciario en los Estados Unidos y su aplicación en Francia).

Los grandes ensayos políticos de Tocqueville se mantienen como témpanos de clarividencia

Nolla da cuenta de su erudición al respecto (tradujo y anotó La democracia hace más de 15 años) acudiendo a numerosas fuentes. Urde un relato tan informado como ameno, donde se nos muestra a Tocqueville entrevistando tanto a los reos de Sing Sing como al presidente Jackson.

Podemos ver toda una serie de acontecimientos viajeros y de conversaciones reflejada en el ensayo de 1835. El segundo volumen de La democracia guarda más distancia con aquel viajero veinteañero. Es “mucho más intrincado, teórico y profundo” (p. 141). Por otro lado, Tocqueville también se interesó por Inglaterra y Argelia, escenario de una violenta guerra colonial.

Ahora bien, él permanecerá siempre atento a las transmigraciones de la vida pública de su propia nación: desde la Monarquía de Julio hasta la Segunda República y desde ahí al Segundo Imperio.

Tres volúmenes de sus Obras completas (Escritos y discursos políticos) atestiguan la tarea del diputado Tocqueville. “Era un liberal raro”, escribe Nolla, “y un centro izquierdista todavía más extraño” (p. 140).

Tras bregar con socialistas, legitimistas, etc., este defensor de una noción de igualdad democrática templada por el espíritu de libertad individual, abandonó el debate. Se puso con un libro sobre la Revolución del 89, donde se reflejarían las inquietudes suscitadas en la más reciente del 48. ¿No habría merecido El Antiguo Régimen y la Revolución más páginas?