Sara Torres. Foto: Marta Velasco

Sara Torres. Foto: Marta Velasco

Letras

'El pensamiento erótico': Sara Torres propone sustituir la idea de pareja por la de amantes lesbianas

La escritora se muestra partidaria en este ensayo de devolverle al deseo su potencia, emancipándose del régimen heterosexual que tiraniza los cuerpos.

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En El pensamiento erótico, Sara Torres (Gijón, 1991) despliega tres voces escriturales: la poeta que construye nuevos imaginarios de erotismo lesbiano que infiltren en lo real otros modos de amar, la novelista que escribe sobre un ella enamorada que busca generar relatos emancipados del guion de lo hetero y la implacable académica que dialoga con pensadoras de lo queer y lo lesbiano, a la vez puntos de fuga y refugio para todos esos cuerpos que deseamos practicar otros modos de erotismo, de amor y de deseo no guiados por la épica sexual del macho reproductor y la hembra receptora.

El pensamiento erótico

Sara Torres

Reservoir Books, 2026
196 páginas. 20,80 €

El engarce entre relato, poesía y ensayo a veces funciona bien e ilumina preguntas, caminos alternativos, y en otros casos produce algún que otro chirrido, que saca de la lectura y hay que recomenzar. No se trata de un exceso erudito, la exigencia es bienvenida; es como si la autora hubiera escrito tres libros diferenciados que no siempre se encuentran. Es un pero muy pequeño, porque el texto moviliza eróticas y deseos destinados a borrar de nuestros cuerpos el régimen heterosexual.

Torres aboga por devolverle al deseo su potencia vitalista, una fuerza que produce imaginarios ajenos a la lógica binaria de los géneros estancos. El pensamiento erótico propone abrirse a lo sensible, desear sin poseer, abismarse en el delirio de un eros improductivo que no proyecta futuro, ni familia ni hijos. Solo así, afirma la autora, el erotismo adquiere un sentido político, es decir, emancipatorio.

Hay que des-sexualizar el placer entre dos cuerpos, hallar en las experiencias de entrega y de ternura modelos alternativos de vínculos con los otros que no impliquen dominancia. Descentrarse de las vías normativas del deseo, practicar una ética de amantes que suavice alteridades y que no las reproduzca. Sara Torres propone sustituir la idea de pareja por la de amantes lesbianas.

Aquí lesbiana no indica una identidad sexual, sino una disposición erótica disidente, un llamado a repensar el sexo y el placer más allá de los genitales o los géneros binarios, desde un postulado queer que comprende el erotismo como dulzura y misterio entre cuerpos deseantes.

Este libro propone abrirse a lo sensible, desear sin poseer, abismarse en el delirio de un eros improductivo

En los saberes lesbianos que despliega la autora, hallo un lugar común con los saberes maduros de la experiencia amorosa: el fracaso del contrato económico y social del amor hetero se ha destapado. Tener hijos no sirve de pegamento relacional y no tenerlos conduce a una ausencia de futuro que el modelo de pareja no tolera ni soporta.

Muchos vínculos maduros se construyen, sin saberlo, como amantes lesbianas: dos personas que se aman sin proyectos de futuro, abiertas a la escucha de sus cuerpos deseantes, con la sola voluntad de sostener y extender el presente erotizado, el presente en el que nutren su avidez relacional con ternura y piel desnuda. Narrativas que están eclosionando en entornos feministas y académicos, y que es urgente extender a otros cuerpos amantes.

Sin embargo, pese a sentir como mías las propuestas de Torres, no puedo evitar pensar que hay algo en su prosa demasiado algodonado, limpio o azucarado que no acaba de cerrarme. Ese algo que percibo tiene que ver con la cuestión de clase. Lesbos es en el libro un espacio simbólico y un territorio real: la autora escribe desde esa isla griega y aunque afirma que está en cualquier lugar, quienes vivimos chafados por el ritmo acelerado de la urgencia cotidiana, no siempre tenemos cuerpo para escapar hasta Lesbos.

Ocurre que a veces se anhela un abrazo que no puede producirse porque la amante está lejos, agotada, indisponible; entonces, ¿cómo llegamos nosotras a esa isla de ensueño? Si queremos construir otros imaginarios que cambien la realidad del amor y el erotismo, si queremos que no se queden como meras fantasías compensatorias, ¿no habría que imaginar erotismos proletarios de los cuerpos aplastados por el vértigo diario?

Si ser amantes lesbianas significa emprender un viaje a tierra ignota, ser eternas exiliadas en una tierra salvaje y desconcertante; si significa lavar la herencia patriarcal de los cuerpos que están vivos y quieren seguir viviendo, ¿qué hacemos con el eros de los cuerpos que no pueden desplazarse hasta Lesbos? Y aquí Sara vuelve a hacerlo: pide que sean narrados sin épica y con poesía, que es todo cuanto tenemos.