Recreación de la erupción del Krakatoa realizada  a partir de una foto de 1888 para la Royal Society.

Recreación de la erupción del Krakatoa realizada a partir de una foto de 1888 para la Royal Society.

Letras

'El largo siglo de las utopías', de la erupción del Krakatoa al Covid: las promesas rotas del progreso

El filósofo Peter Neumann traza una crónica, de Nietzsche a Susan Sontag, que muestra cómo las utopías siguen interrogando incómodamente nuestro presente.

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La mirada hacia la Historia no suele ser inocente: observamos desde un presente sobre el que necesitamos orientación, claves.

El largo siglo de las utopías

Peter Neumann

Traducción de Lorena Silos. Tusquets, 2025. 272 páginas. 21,90 €

En un momento de incertidumbres generalizadas y de desastres naturales siempre al acecho, buscamos momentos del pasado en los que reconocer paralelismos y, con ellos, quizá guías o manuales de instrucciones.

Una comparación con el anterior libro del filósofo alemán Peter Neumann (1987) nos ayuda a entender el cambiante ánimo del mundo en los últimos tiempos.

En el extraordinario La república de los espíritus libres. Jena, 1800 (Tusquets, 2021), Neumann exploraba una época de revoluciones y cambios a través de la vida de una ciudad y unos filósofos que contribuyeron a transformar nuestra comprensión de la naturaleza, la libertad y nuestro lugar en una realidad que se creía, al fin, cognoscible y encarrilada en la idea de progreso.

No es que Neumann abjure de aquel legado, al contrario, pero el foco está puesto ahora en la decepción de aquellas promesas. Las expectativas de emancipación quedaron a menudo por debajo de lo esperado, y las utopías que le dieron forma derivaron en demasiados casos en el horror.

El autor comienza el relato con un episodio aparentemente menor: la erupción del Krakatoa en 1883.

El temblor que hace oscilar una lámpara en una iglesia alemana se convierte en metáfora inaugural de una nueva conciencia histórica: el descubrimiento de un mundo entrelazado, sometido a fuerzas que desbordan cualquier capacidad de control. Un siglo “largo” que llega hasta la pandemia en 2020 en el que redescubrimos nuestra vulnerabilidad.

Al igual que en su anterior ensayo, Neumann construye una crónica llena de perfiles biográficos, análisis histórico-filosóficos y escenas cotidianas.

El libro se organiza en tres grandes movimientos – “Fiebre”, “Estallido” y “Valses”– que funcionan más como climas espirituales que como divisiones temporales al uso.

Neumann no ofrece lecciones claras: no se puede volver a la utopía impunemente, vistos sus efectos, pero tampoco cabe resignarse

En “Fiebre” asistimos al momento de máxima intensidad utópica: el fin del siglo XIX y comienzos del XX, cuando, en plena Segunda Revolución Industrial, artistas y pensadores intuyen que el orden heredado se ha vuelto inhabitable.

Nietzsche, Wagner, Käthe Kollwitz, Kafka o Wittgenstein aparecen aquí como figuras atravesadas por impulso urgente: expresar lo nuevo antes de que el lenguaje disponible se agote. La utopía no es un programa político cerrado, sino una energía crítica que atraviesa la creación artística y filosófica.

El segundo movimiento, “Estallido”, marca el momento de la quiebra. Las guerras, el totalitarismo y la experiencia de la violencia de masas obligan a reformular la idea misma de progreso.

Ernst Bloch, Max Weber, Hannah Arendt o Adorno hablan de una utopía que solo puede sobrevivir como negatividad. No como promesa de felicidad futura, sino como denuncia radical de lo intolerable.

En “Valses” el tono se vuelve más crepuscular. Heidegger, Hölderlin, Christa Wolf, Habermas, Susan Sontag o Stéphane Hessel aparecen como herederos de una tradición agotada, incluso involuntariamente paródica.

Europa se convierte en el gran escenario de una danza lenta entre memoria, culpa y responsabilidad. La utopía ya no se formula como revolución, sino como advertencia, como gesto ético, como resistencia mínima frente al cinismo y la resignación.

El capítulo final, dedicado a la pandemia de Covid, funciona como recordatorio de los límites del progreso y de la fragilidad de un mundo que había confiado en exceso en su capacidad de control.

Neumann no ofrece lecciones claras: no se puede volver a la utopía impunemente, vistos sus efectos en los dos últimos siglos, pero tampoco cabe resignarse y levantar un monumento al statu quo. Caben ahí las sensibilidades progresistas y conservadoras.

De momento, nos queda mantener abierta la duda y la curiosidad filosófica, sin olvidar el viejo lema de los médicos: “primero, no hacer daño”.