Marta Jiménez Serrano. Foto: Jairo Vargas

Marta Jiménez Serrano. Foto: Jairo Vargas

Letras

Crítica de 'Oxígeno', la novela que Marta Jiménez Serrano no quería haber escrito: un accidente casi mortal

De forma sencilla y sin falsas pretensiones, la escritora ahonda en la posibilidad de que una existencia feliz se precipite hacia el desastre irreparable.

Más información: Marta Jiménez Serrano, sobre su experiencia al borde de la muerte: "Pensé en este libro desde la ambulancia"

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Marta Jiménez Serrano (Madrid, 1990) ha consumado una autoficción absoluta en Oxígeno. Aunque este tipo de escritura suela acompañarse de elementos imaginativos o ficticios, ella no recurre a nada inventado.

Oxígeno

Marta Jiménez Serrano

Alfaguara, 2026
160 páginas. 18,90 €

Solo se refiere a un suceso traumático del que fue protagonista y que cuenta ella misma con su nombre propio. El otro personaje principal y coprotagonista del libro, Juan, cuyos apellidos no constan, es el también escritor y pareja real de la autora, Gómez Bárcena.

El suceso aludido es el grave accidente que sufrió Marta Jiménez en su domicilio madrileño. Estando tranquilamente en casa con Juan notó malestar. Tampoco él se encontraba del todo bien y padecía dolor de cabeza. Lo achacaron a algunos excesos de alcohol del día anterior.

Juan bajó a la calle a comprar ibuprofeno y coca cola y, de vuelta al piso, Marta fue al servicio. Al poco Juan oyó un ruido y la encontró desvanecida y con la cabeza golpeada. El servicio de urgencias comprobó que había sufrido un colapso por culpa del monóxido de carbono generado por la mala combustión de la caldera de gas. También a Juan le había afectado, en menor grado, la intoxicación.

Los sanitarios los rescataron, los bomberos clausuraron la caldera y a ambos los trasladaron al hospital en sendas ambulancias. En una situación emotiva, los sanitarios emparejaron las respectivas camillas dentro del centro médico durante un trecho. Marta, que había estado al límite de perder la vida, se recuperó, al igual que Juan.

Marta Jiménez Serrano sabe convertir un percance doméstico en un relato cálido y emocionante que se lee de un tirón

He detallado el grave percance para ser fiel a su relato parsimonioso en el libro. El accidente ocupa muchas páginas de una obra poco gruesa y de letra grande, y es el centro anecdótico de una narración que se extiende hacia antes y hacia después de aquel fatídico sábado 7 de noviembre de 2020.

El pasado recrea la historia sentimental de la pareja y rescata noticias familiares. El futuro se fija en las consecuencias traumáticas, en los temores que obligaron a Marta a tratamiento psicológico.

De estos materiales adyacentes al núcleo principal, el accidente, lo más notable es la relación de Marta y Juan. Esta línea presenta una hermosa historia de amor, algo romántica e idealista, pero equilibrada por un lúcido análisis de cómo se fragua un trato personal abocado al establecimiento de una pareja sentimental. Hay deslumbramiento y pasión, y una fina observación de los matices que sedimentan el trato.

El otro elemento destacado es la sensación de precariedad de la vida derivada del percance que podría haber sido fatal. Tiene Marta Jiménez una aguzada sensibilidad para reflexionar acerca de la contingencia del mundo. De forma sencilla, sin falsas pretensiones filosóficas o doctrinales, con vivencias íntimas bien aquilatadas, desfila por el libro la precariedad de la vida; la posibilidad de que la existencia normal, y feliz, se precipite hacia el desastre irreparable.

No es la suya, sin embargo, una visión jeremíaca y catastrofista sino que lleva a primer plano los hechos positivos que nos rodean, los factores que permiten tener una idea favorable de la realidad. No transmite una impresión existencialista de tintas negras. Al revés, destaca muy intencionadamente los agarraderos que dignifican nuestra especie.

Están, ante todo, los profesionales de la salud, con pericia, profesionalidad y empatía. Los trabajadores del SUMMA y los facultativos del hospital no aparecen de forma genérica sino con datos concretos y con sus nombres propios, supongo que reales. También se celebra al psicólogo que trata a Marta, sin el cual ella "estaría en un lugar mucho más oscuro; y sería otra: una menos lúcida, menos responsable y menos feliz".

Estos aspectos positivos tienen una dura contrapartida en el comportamiento de la arrendadora del piso donde vive la pareja. Explica Marta el cinismo y codicia de la casera, su conducta irresponsable y delictiva, y detalla la situación de desamparo en que se encuentran los alquilados. Se refiere a su caso concreto, pero también aprovecha con tono de denuncia, y entre sarcasmos, para señalar el acuciante problema general de la falta de vivienda.

La grave desgracia sufrida por Marta, y en menor medida por Juan, es en sí misma un asunto narrativo interesante. Pero no se limita la autora a dar simple cuenta del suceso escribiendo "el libro que nunca hubiera querido escribir". En su ánimo está convertirlo en un texto de enjundia literaria, después de que Juan renuncie a ser él quien refiera tan impactante experiencia y tras hacer diversas consideraciones sobre el propio hecho de referirla y analizarla por escrito.

Tiene en todo momento Marta Jiménez la conciencia de ser escritora y la exigencia de darle una dimensión narrativa al lacerante accidente. No quiere limitarse a contarla como alguien la narraría en una charla de café. El rasgo definitorio de su relato es su capacidad para construir un puzle que evite la exposición plana y mortecina.

El relato se fracciona y va alternando el episodio crucial del percance con los antecedentes privados y familiares de los protagonistas y con los efectos posteriores. Todo ello contado desde un punto de vista retrospectivo, desde la perspectiva cronológica de los 5 años que ha tardado en poder abordar la recapitulación vital que leemos y que se presenta bajo el escueto título del libro, Oxígeno.

El resultado de la actitud literaria con que se abordan unos hechos reales es un relato ágil y vivaz, muy fluido gracias a los saltos entre diversas situaciones. El empaque artístico del texto se realza con unos cuantos recursos eficaces.

Ya sean una explicación acerca del color que debe tener el gas cuando se quema de forma correcta, o unos comedidos informes sobre gente que muere por fallos en la combustión del gas, ya sea, en el terreno gráfico, el uso de mayúsculas enfáticas. Estos medios innovadores y de suave registro vanguardista consiguen darle expresividad artística a un conflicto propio de las páginas de sucesos de la prensa.

Algo tan real y simple, aunque dramático, como un percance doméstico adquiere empaque narrativo en la intimista crónica verbal de Marta Jiménez, quien sabe convertirlo en un relato cálido y emocionante que se lee de un tirón.

Apuntada, y aplaudida, esta capacidad de la autora, también me surge una consideración menos favorable. Me refiero a la extendida afición de muchos escritores actuales a aprovechar cualquier materia privada como motivo para escribir un libro. (Interesantísimo al respecto el reciente ensayo de Carlos Clavería No me cuentes tu vida). Lo tengo como una prueba más del serio déficit de fuerza inventiva que lastra nuestra prosa narrativa desde hace tiempo.