A la izquierda, Gérald Thomassin, presunto asesino de Catherine Burgod (a la derecha). Diseño: Rubén Vique

A la izquierda, Gérald Thomassin, presunto asesino de Catherine Burgod (a la derecha). Diseño: Rubén Vique

Letras

¿Quién mató a Catherine Burgod? El libro sobre el brutal crimen sin resolver que retrata a la Francia marginal

En la mejor tradición 'noir', Florence Aubenas reconstruye en 'El desconocido de correos' el caso en el que se vio involucrado un conocido actor y toxicómano.

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Es 19 de diciembre de 2008 y un manto de nieve cubre Montréal-la-Cluse, un pueblo de montaña en la frontera entre Francia y Suiza. Un hombre y una mujer entran, con apenas dos minutos de diferencia, en la oficina de correos, situada en el casco viejo de la localidad.

El desconocido de correos

Florence Aubenas

Traducción de Jesús Zulaika
Anagrama, 2025
248 páginas. 21,90 €

En las calles hay un considerable trasiego. El interior de la oficina está en orden, pero vacío y silencioso. Los dos clientes solo ven el bichón blanco de Catherine Burgod, la encargada, sentado tranquilamente sin ladrar. Llaman, pero nadie contesta.

Carraspean, levantan la voz, hasta que deciden ir a la trastienda. Allí, sobre un charco de sangre, encuentran a Catherine, embarazada de cinco meses, con una treintena de puñaladas por todo el cuerpo.

Según el análisis inmediato de los investigadores, la escena parecía indicar que Catherine conocía al asesino y lo había dejado entrar.

Es un pueblo pequeño. El crimen, que incluyó el robo de 2.600 euros, se cometió en hora punta, en una zona muy transitada del centro, cuando los niños iban a la escuela y los padres al trabajo; era difícil que nadie hubiera visto nada.

El libro de Aubenas, una clase magistral de periodismo narrativo, no aporta una conclusión sobre el crimen

La investigación se dotó de recursos casi ilimitados, con la esperanza de cerrarla cuanto antes, cosa que no ocurrió. En los primeros días interrogaron a 600 testigos que dibujaron, escribe Florence Aubenas (Bruselas, 1961) en El desconocido de correos, “un gran vacío, como si el asesino se hubiese fundido con el paisaje”.

El sumario se convirtió, según la periodista, en un “caldero infernal” donde burbujeaban cientos de pistas, testimonios y evidencias incompatibles entre sí. Se acusó al exmarido de la mujer, que acababa de enterarse de que estaba embarazada de otro hombre, pero era inocente, como la pareja de ese momento de Catherine.

Mes y medio después del crimen, con la investigación ya estancada, dos señoras vieron a un hombre extraño en el cementerio, junto a la tumba de la víctima. Bebía cerveza y tenía aspecto de haber llorado. Las mujeres se acercaron a él, empezaron a hablar.

El hombre, joven pero ya deteriorado, les contó parte de su vida, que incluía una infancia de abandono y abusos, ingresos en hospitales psiquiátricos, drogadicción y un pasado reciente e inverosímil como estrella del cine. Resultó que todo era verdad.

Florence Aubenas, autora de 'El desconocido de correos'

Florence Aubenas, autora de 'El desconocido de correos'

Después de un rato de charla, el hombre empezó a hablar del crimen de Catherine, del que parecía conocer todos los detalles, también los que no habían salido en los periódicos. Escenificó el modo en que, según él, tuvieron que matarla. Hizo el gesto de inmovilizar a un personaje imaginario con un brazo mientras lo degollaba con la otra mano.

Las dos señoras, angustiadas, se excusaron y se fueron. Antes de desaparecer, el hombre, a cierta distancia, se volvió hacia ellas y se llevó el dedo a la boca, como diciendo: “Ni una palabra”.

Ellas, por supuesto, fueron directamente a comisaría. Allí un policía añadió al expediente las declaraciones de Gérald Thomassin en el cementerio, convirtiéndolo desde entonces en el principal sospechoso del crimen. Era el sospechoso perfecto: toxicómano, extravagante y forastero. Una especie de vagabundo que había terminado en aquel rincón del país por motivos poco claros. Tenía una historia ejemplar de auge y caída.

En los noventa, cuando se puso de moda en Francia el cine documental, con caras sacadas de la calle y no de una escuela de arte dramático, Thomassin había llegado a lo más alto del cine francés directo desde el centro de menores. Rodó más de veinte películas. Después de cada rodaje, volvía al barrio y gastaba todo lo que había ganado en drogas.

Veraneó en casa de Jane Birkin y del director Jacques Doillon, y a las órdenes de este último llegó a ganar un premio César por El pequeño criminal. En 1995, a los veintiún años, después de rodar tres películas seguidas y gastarse todo el dinero en un suspiro, vendió el premio César por 6.800 francos.

Aubenas, como ya hiciera con maestría en El muelle de Ouistreham, logra retratar –esta vez por medio de un crimen sin resolver– una realidad oscura y marginal de Francia. El desconocido de correos transcurre en el valle del plástico, una cuenca que conoció el esplendor con esta industria y que hoy sufre el abandono de los servicios públicos y la destrucción del tejido social. Desmantelada la industria, hoy la zona integra la ruta del narcotráfico entre Lyon y Suiza, y abundan los pequeños camellos que a su vez son toxicómanos.

A diferencia de otros grandes periodistas literarios, en el caso de Aubenas el yo está completamente diluido; la periodista se limita a ser una presencia inadvertida en los lugares, en las escenas que reconstruye con tal precisión que solo cabe pensar que estuvo allí.

Narra el curso de la investigación, con sus errores y vías muertas, sus pocos aciertos y sus torpezas, y traza los perfiles de los personajes, sin juzgar a ninguno, con un lirismo contenido y eficaz.

El presente con que desovilla los hechos añade cercanía –pese a la distancia que mantiene siempre respecto a lo ocurrido y sus protagonistas– y tensión dramática.

Sobre Thomassin, en efecto, no hacía falta inventar nada, él mismo era un personaje de novela. Mucha gente sigue convencida de que el “perfecto desconocido” de correos era él.

El trabajo de Aubenas, una clase magistral de periodismo narrativo, no aporta una conclusión sobre el crimen, pero muestra cómo un libro de sucesos puede ayudar a comprender un país.