Eugen Weber © Frederic Reglain/ Getty

Eugen Weber © Frederic Reglain/ Getty

Letras

'De campesinos a franceses', cómo Eugen Weber retrató la modernización del mundo rural

Se ha traducido al español la obra del historiador publicada en 1976, pero el libro tiene tal frescura y fuerza interna que casi podría decirse que se comprende mejor en el contexto actual. 

28 noviembre, 2023 02:28

¿Qué es una nación? La pregunta, sencilla solo en apariencia, ha dado lugar a innumerables controversias entre historiadores y otros científicos sociales. Una alternativa a las disquisiciones de índole conceptual es una aproximación al tema desde una perspectiva empírica y diacrónica: investigar cómo se han ido construyendo mentalmente las naciones (el sentido de pertenencia, la identidad, el patriotismo) en aquellas colectividades que nadie cuestiona como tales.

Así, nadie discutirá que el caso francés se presenta como ámbito privilegiado para un examen de esas características. Se trataría de mostrar la metamorfosis social, política e ideológica que se produjo en el hexágono a lo largo de varias décadas, entre la segunda mitad del XIX y comienzos del XX. La tesis fundamental es que la modernización del mundo rural supuso el cambio revolucionario que el título de este libro expresa: la transformación de un país de campesinos en una nación de franceses (conscientes de serlo).

De campesinos a franceses

Eugen Weber

Traducción de Jordi Ainaud i Escudero. Taurus, 2023. 798 páginas. 42,90€

Esta tarea hercúlea la emprendió el historiador estadounidense de origen rumano Eugen Weber (Bucarest, 1925- Los Ángeles, 2007), especialista en historia francesa, y cristalizó en esta obra cumbre, publicada en 1976. ¡Casi medio siglo para que aparezca en español! La sorpresa radica en que, lejos de ser un rescate arqueológico, el libro tiene tal frescura y fuerza interna que casi podría decirse que se puede comprender mejor en el contexto actual. Dicho sin ambages, estamos ante una obra descomunal por su alcance, su documentación y su voluntad omnicomprensiva, como cualquiera que se acerque comprobará, de entrada, en el grosor de un volumen de 800 apretadas páginas de texto (de las cuales, cien solo de notas).

La advertencia sobre las dimensiones de la obra debe ir acompañada de un llamamiento al lector común para que no renuncie a disfrutarla. No es una obra solo para especialistas. El simple interesado podrá recrearse en una lectura sugestiva y hasta apasionante en algunos pasajes, pues Weber, aparte de escribir muy bien (y la traducción es también excelente), usa múltiples recursos expositivos –en particular, la narración de múltiples anécdotas– que convierten su texto en un fresco vívido de la cotidianeidad y del imaginario de un mundo rural que va perdiendo sus raíces ancestrales, sus pautas de conducta y su atávico universo mental según ingresa en la modernidad.

Los veintinueve capítulos se organizan en tres bloques homogéneos y bien diferenciados. El primero, “Cómo era todo”, describe “un país de salvajes”, en el que reinan “creencias absurdas”, una extrema pobreza y un profundo miedo a casi todo. Este mundo de hambre e ignorancia que apenas había evolucionado desde tiempos remotos, va a sufrir el impacto de unos “agentes del cambio” (segundo bloque) que, en su afán “modernizador” auspician un proceso acelerado de nacionalización, con todo lo que ello implica, en especial una homogeneización político-cultural que afecta a todos los aspectos de la vida, empezando por la lengua (el francés como lingua franca) y siguiendo por la movilidad, la enseñanza, el laicismo y, en general, la escala de valores.

He aquí una obra descomunal por su alcance, su documentación y su voluntad omnicomprensiva

El tercer bloque, “Cambio y asimilación” da cumplida cuenta de la eclosión de un nuevo horizonte ideológico que permite hablar de una mentalidad común: donde antes había un campesinado heterogéneo, hay ahora “ciudadanos franceses” que reconocen a Francia como patria y que están dispuestos a morir por ella. El tránsito colosal se ha producido en pocas décadas, las que median entre 1870 y 1914. Lo paradójico y trágico es que ese cambio revolucionario sirvió para proporcionar abundante carne de cañón al monstruo nacionalista: los millones de víctimas en la mayor guerra conocida hasta entonces.