William Turner: Puente de los Suspiros, Palacio Ducal y Aduanas, 1833. Tate Britain

William Turner: Puente de los Suspiros, Palacio Ducal y Aduanas, 1833. Tate Britain

Letras

Attilio Brilli: una excursión al alma de Italia que no encontrarás en Internet

El historiador y escritor nos cuenta Italia como un ritmo que nos constituye, que levanta los brazos y nos arma de una respiración, de una mirada, de una manera de construir el mundo que al final somos nosotros

17 agosto, 2023 01:15

Olvidemos las guías con etapas marcadas, como una escaleta del placer: aquí se trata de gozar un cuerpo y ese cuerpo es Italia. Grecia también habría podido serlo: pero no se ha buscado, en la educación del continente, de una manera semejante a Italia. Grecia sigue siendo el paraíso con el primitivismo micénico en los ojos y ese pulso homérico en la sangre; pero Italia ha terminado siendo una instrucción romántica, y ha marcado el prestigio de la clase social que coronase su formación en Roma. Italia es el barniz, pero también un río subterráneo.

Por eso no existe otro viaje equiparable al que Attilio Brilli erige como categoría literaria en El viaje a Italia. Historia de una gran tradición cultural (Libros del Grand Tour, Machado Libros, 2023). Partimos de un legado primigenio de Italia como icono del peregrinaje, en esa encarnación del mercader que hace de una etapa a Tierra Santa una extensión del alma y su sentido.

Italia es una iniciación, pero también un fin si te conduces por los mismos paisajes interiores que otros habitaron: el embrujo del arte nos hace suspendernos en el tiempo y la literatura es permeable a esa fascinación. Escribir es vivir: vivir como leemos, leyendo como amamos la codicia del cuerpo que baila sobre ti con una luz de tarde. Hemos reconocido esa vigencia casi corporal del viaje a Italia, toda esa turbación de una sensualidad inaugural, desde el viaje de Stendhal hasta cualquier película con un jubilado alemán que ha decidido retirarse a su villa comprada en la Toscana.

Hemos reconocido esa vigencia del viaje a Italia, desde el de Stendhal hasta cualquier película con un jubilado alemán que huye a la Toscana

Pienso ahora en Bomarzo: Manuel Mujica Láinez. No solo un alemán: qué sentía el inglés que se adentraba en la almendra dorada de Sicilia, qué vivía un francés, al reencontrarse con todos esos mitos fundadores de la cultura europea, después de constatar, con Ernest Hemingway, en París era una fiesta, que los parisinos ocupan a oleadas las sillas de los parques cada vez que su cielo se desnuda con un hilo de sol. Attilio Brilli nos habla en un plural mayestático porque está más cerca del ensayo que de la fabulación, y ha asumido su enfoque decantador para esa tradición del viaje a Italia como inicio de una sensibilidad.

Attilio Brilli (Sansepolcro, 1936) es un escritor e historiador no solo del viaje italiano en sí, sino de su literatura, experto en Jonathan Swift y Robert Luis Stevenson. Todo esto debería ponernos sobre aviso: no olvidemos a ese gran viajero –no solo de hecho, sino también simbólico– que sigue siendo Gulliver, ni tampoco que nunca existirá una travesía semejante a la que dibujó la nave La Española de Bristol a La isla del tesoro. Entre sus filiaciones se eleva Henry James, que es la delicadeza del detalle perfilado con grietas muy profundas.

Uniendo todo eso al mito del gran viaje, tenemos la intención de Attilio Brilli; si añadimos Italia como escenografía de ese mito, y como realidad con vida propia que ha sido descubierta y cantada antes, esculpiendo el relato, tenemos este libro.

[En la carretera con Virginia Woolf, en barco con Thomas Mann: seis grandes viajeros de la literatura]

Cuando viajar era un arte. La novela del gran viaje (1995), El viajero imaginario. La Italia de los itinerarios perdidos (1997), Viajando con Leopardi (2000) o Un país de bandoleros románticos. Los italianos en el imaginario del Grand Tour (2003), entre otros muchos títulos, ya nos conducen hasta El viaje a Italia. Historia de una gran tradición cultural, publicado originariamente en el año 2006, en Bolonia, que ahora encuentra una nueva vida en España con Machado Libros. Mucho hay de ese arte de viajar aquí, pero con un tejido emocional: la Italia que te ofrece no la encontrarás mirando en Internet.

Su exhaustiva documentación no abruma, sino que acompaña y abre toda nuestra lectura sensorial como el bouquet de un vino. ¿A qué lector se dirige? No necesariamente al erudito: también a ese lector contemporáneo que vive en su burbuja de seguridad inmediata, con una información dosificada en clics. En este libro caminamos con los pies ligeros mientras organizamos los objetos que necesitamos para abrazar nuestro nuevo viaje decimonónico: ese neceser que es otro símbolo del preciosismo de lo cotidiano y aún nos acompaña en nuestros viajes, las bibliotecas mínimas y los escritorios plegados y portátiles que aventuran su fabulación.

También las sobrecogedoras misas pro itinerantibus, como en Moby Dick, previas a los peligros de los viajes: esa incertidumbre y el escenario lóbrego del púlpito harán mucho más grande ese terror del cachalote blanco, porque cuando llegamos a alta mar todo se presagió en la eucaristía, con la solemnidad del sacrificio. No hay sacrificio alguno en esta fiesta en ruta de El viaje a Italia de Brilli; pero sí una aceptación de que, al viajar y sentir, también nos abrazamos a lo desconocido.

¿Cuántos escritores atravesarán sus páginas? Walter Benjamin, Giacomo Casanova, George Eliot, Sigmund Freud, Nathaniel Hawthorne, Horacio, Samuel Johnson, Alphonse de Lamartine, Vernon Lee, Tito Livio o ese gran vividor que fue Somerset Maugham, además de Leandro Fernández de Moratín, Friedrich Nietzsche o Cees Noteboom, Marcel Proust y Joseph Roth, Stendhal o Jean-Jacques Rousseau, con los poemas de Alfred Tennyson al fondo y los frescos vivos de Giotto en los ojos de Rembrandt.

Si Matthias Bruen, en el año 1817, estableció una suculenta comparación entre el viaje a Italia y el mismísimo curso de la vida humana, de la juventud del Arno a la madurez napolitana, también en este libro apasionante descubrimos que la plenitud y el amor solo se alcanzan si tienes el coraje de viajar sin guía.

Forster por Ivory

Fotograma de 'Una habitación con vistas' (1985).

Fotograma de 'Una habitación con vistas' (1985).

James Ivory dirigió en 1985 Una habitación con vistas, basada en la novela homónima de E. M. Forster que retrata los amores de Lucie Honeychurch en una Florencia todavía virgen del azote del turismo pero integrada en el Grand Tour de los viajeros ingleses. Interpretada, entre otros, por Helena Bonham Carter, Julian Sands, Daniel Day-Lewis, Maggie Smith y Denholm Elliott, la película obtuvo el Premio Bafta al mejor filme y tuvo ocho nominaciones a los Óscar, aunque solo logró tres. [ ] La película puede verse en Prime Video.