Isabel Bono

Isabel Bono

Letras

El asco generacional de Isabel Bono

Este 'Diario del asco', que funciona como un emocionario generacional, es un relato triste y descarnado cuyo crudo enfoque deriva de la mirada poética de la escritora

19 mayo, 2020 07:37

Diario del ascoIsabel Bono

Tusquets. Barcelona, 2020. 248 páginas. 18 €. Ebook: 8,99 €

Que nadie se llame a engaño, este Diario del asco no enmascara su intención: es un relato triste y en cierto modo descarnado, porque hurga en heridas comunes, invisibles, pero reales. Y aún así, lejos de provocar lo que sugiere, despierta emociones silenciadas, contenidas, solo desatadas cuando la mirada apunta a frentes de la realidad como los que anota quien suscribe este “diario”. Triste es la realidad que revela: imágenes de un enjambre de vidas que remiten al mundo actual, una ciudad pequeña con mar al fondo, un protagonista, sus circunstancias y su mirada. No hay más que tristeza en este hombre, Mateo, 51 años. Viene a contar su historia cuando en realidad no era ese su propósito, porque asistió a la vida sin vivirla, sin asomarse.

Pero las circunstancias le han llevado a escribir su vida como si fuera la de otro, a repasar sus recuerdos como si los hubiera vivido otro. ¿Y sus deseos?, ¿y la búsqueda de su lugar en el mundo?… No aparecen. Nunca reparó en ello. Lo escribe por indicación de la psiquiatra, que le sugirió ver su vida ordenada para, quizá, de ese modo, encontrarse y encontrar respuestas. Eso ocurrió cuando empezó la segunda parte, cuando regresó a casa, después de haber estado ingresado en el hospital, con las “muñecas cosidas”.

Su título no engaña, no lo pretende. Por si no tienen noticia de la malagueña Isabel Bono (1964), sepan que en su haber literario consta una larga trayectoria poética (Los días felices, Hojas secas mojadas, Pan comido, De otra vida) y una primera incursión en la novela, en 2016, reconocida con el Premio Café Gijón, Una casa en Bleturge. Este segundo título mantiene el tono lírico y cierto vínculo temático, pero es otra historia, aunque comparte el significado de los sustantivos y adjetivos esenciales en la vida de este hombre: vínculos, amor, odio, familia rota, vejez, solo, asco, triste, miedo.

Este “diario”, que funciona como un emocionario generacional, es un relato triste y descarnado cuyo crudo enfoque deriva de la mirada poética de Bono

Únicamente tres nombres comunes (madre, padre, hermano) y dos propios (Amalia, Micaela) componen el paisaje de sus afectos. Su diario es este ejercicio de escritura poética, fragmentada, cuyo significado va creando el lector. Tiene ritmo sin ser novela, sentimos hablar a los personajes siendo uno solo el que proyecta su voz, nos alcanza cuanto escribe, reconocemos la realidad y la idea de que “a la vuelta de cada cubo de basura hay una tragedia”. Si miras la ves, sugiere, sin dramatismos. El enfoque deriva de la mirada poética, la sensibilidad de la autora, su estilo impresionista, sin retoques.

Tiene el valor de un emocionario generacional: lo sugiere la edad del hombre, y todas esas circunstancias calladas, causantes de tantas lesiones silenciosas. Su estructura también lo hace especial: un anclaje sostenido en las cuatro partes que le dan sentido. Empieza con la confesión del dolor secreto por no saber: por qué la “madre se quitó del medio”, de dónde “el asco por vivir” del padre, la razón de la tortuosa relación con el hermano. Después la separación de su mujer, su cobardía. Al fin, la vida con la vejez del padre. Una tristeza infinita. Solo la compensación de una compañía que le hizo amar la vida unos meses. Y vuelta al principio: ausencias trágicas, soledad, y la obsesión por el hermano, único vínculo familiar vivo. Quizá ahí exista una posibilidad. Quizá la escritura de este diario no fuera inútil. Como no lo es enfocar la realidad, aunque a veces sea cruda, triste y descarnada.