Image: Guillermo Carnero: Muchos lectores no quieren conocer, quieren reconocer

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Letras

Guillermo Carnero: "Muchos lectores no quieren conocer, quieren reconocer"

5 abril, 2017 02:00

Guillermo Carnero

El poeta publica Regiones devastadas (Vandalia), una indagación sintética en temas como la memoria, el imaginario cultural y la fragilidad de todo proyecto humano.

Lejos en el tiempo queda su inclusión en la antología de Novísimos de Castellet, aunque persisten ciertos usos. Ocho años después de la publicación de Cuatro noches romanas, cierre de un proyecto en el que exploraba el libro poema, Guillermo Carnero (Valencia, 1947) publica Regiones devastadas (Vandalia), un conjunto de poemas que combinan el atractivo de lo elemental y lo sintético con unos temas personales a la vez que intemporales, como la indagación de la identidad personal en su relación con la memoria y el imaginario cultural, la servidumbre y grandeza del amor, la fragilidad de todo proyecto humano y la necesidad de crear arte y sobrevivir en él.

Pregunta.- Advierte en el prólogo de que estos poemas son paralelos a su última serie de libros, ¿qué ofrecen al lector de novedoso?
Respuesta.- Después de Cuatro noches romanas me di cuenta de que había terminado una época, de que había escrito cuatro libros con una unidad de pensamiento y de experiencias, pero sobre todo con una concepción del poema. Cuando el pensamiento que tienes que exponer es complejo, a veces el poema en sentido tradicional no es suficiente. Mientras, iba escribiendo también poemas más cortos y los metía en un cajón, porque entonces no casaban con mi idea de escribir una sinfonía, eran lieds. Ahora me he dado cuenta de que lo más corto tiene a veces la misma intensidad que lo largo pero conseguida de otra manera, a base de síntesis, de concisión, no a base de evolución de un pensamiento que se autogestiona. Estos poemas ofrecen una intensidad conseguida de otro modo.

P.- Reúne textos de un amplio arco temporal, ¿nota cambios entre ellos o ya tiene un estilo que, dentro de sus propias variaciones, es apenas maleable?
R.- El estilo nunca está fijado, porque si uno no tiene algo nuevo que decir, o una nueva forma de decir lo que siempre ha dicho, que creo que es el acierto y la realidad; entonces ¿para qué escribir? Todo el que tiene un mundo personal, al final lo que ha estado haciendo son variaciones constantes sobre él, y el que no lo hace es que no tiene un mundo propio y entonces es mejor que se calle.

El que no tenga algo nuevo que decir, o una nueva forma de decirlo, es mejor que se calle"

P.- En el libro se desgranan sus temas clásicos (memoria, muerte…), pero quizá ya desde el título predomina la necesidad de crear arte y sobrevivir en él. ¿Podría verse como un testamento moral?
R.- Yo le llamo a eso el intento de definir la propia identidad. La poesía sirve para eso. Jaime Gil de Biedma decía que es un proyecto de autosalvación, y creo que se refería a lo mismo. A cómo te reconoces a ti mismo en el poema y el poema te ayuda a definir lo que tú eres; a cómo amplías tu visión del mundo a base de leer y de escribir. Porque no es lo mismo pensar que escribir, se escribe con palabras, pero a veces se piensa con emociones y con imágenes, y la verdadera forma global de pensar es a través de la escritura. Yo lo que intento es saber quién demonios soy y porque hay cosas que me llaman y otras que no. Cuando una cosa de la realidad o la imaginación me llama me está diciendo: tú eres algo que no sabes todavía. Y entonces surge esa analogía entre la experiencia cotidiana y la experiencia cultural en la que tantas veces me he expresado. Una cosa que me interroga y me emociona me dice algo de mí que no sé todavía. Y de esa interrogación y de la exploración de esa llamada, es de donde surgen los poemas.

P.- ¿Su poesía combina temáticamente arte y muerte, tiene una visión barroca del mundo?
R.- Absolutamente, para mí el barroco es la cumbre del arte. La obra maestra de la literatura española no es el Quijote, es la Fábula de Polifemo y Galatea de don Luis de Góngora. Hablo del barroco genuino, no del degenerado que llega hasta el siglo XIX. Desde ese punto de vista asumo plenamente el calificativo de barroco, y también en el otro sentido que tiene la palabra, que es el de desengaño y fatalismo que hay en el siglo XVII, que tiene por ejemplo Quevedo de una manera tan marcada. Esas dos acepciones de la palabra barroco las asumo plenamente y estoy en ellas, además, muy a gusto.

No podemos seguir con las oscuras golondrinas. Tiene que conservarse la intención, pero la forma debe evolucionar"

P.- El culturalismo le acompaña desde sus inicios, ¿qué queda hoy del poeta de los Novísimos?
R.- Aquello fue una aventura un poco hecha en el aire, y luego se reveló que algunos de nosotros estaban más llamados a la novela o al ensayo, que a la poesía. Fue un manifiesto necesario contra la simplicidad a la que había llegado la poesía en los años 60, y no hablo exclusivamente de la poesía social, lo que nos parecía simple es esa especie de intimismo neorromántico y simplón. Superar eso, que era en el fondo volver al romanticismo del siglo XIX, fue la razón fundamental de que nos pusiéramos a escribir. Y yo en eso me sigo reconociendo. Creo que a través de la cultura se expresa mucho mejor el intimismo personal que repitiendo los clichés del siglo XIX. No podemos seguir con las oscuras golondrinas. Tiene que conservarse la intención, pero la forma de expresarla tiene que evolucionar con el tiempo.

P.- Afirmaba hace años que el poeta era una especie en extinción. ¿Lo sigue siendo?
R.- La verdad es que es un género que tiene muy poca presencia en la cultura colectiva, tiene muy pocos lectores. Y la culpa es de la educación. La degradación de la educación ha ido eliminando los géneros que se consideran más difíciles. Y no lo son, lo que pasa es que ya tienen el marchamo de que son ininteligibles. Gran culpa de lo cual la tiene una especie de enfermedad infecciosa que tuvieron las letras a principio del siglo XX que se llama surrealismo, que ha hecho un daño infinito. Lo que se ha perdido hoy es la capacidad de percibir el tipo de experiencia lectora única que ofrece un poema, el lenguaje poético. Esa capacidad de percibir la intensidad, porque un poema es un acto de intensidad, considerar que eso va contigo, que habla de cosas que te conciernen; eso es lo que la falta de educación nos ha hecho perder. Y es muy difícil que se recupere.

P.- Siempre ha sido crítico con el estado de la poesía, ¿cómo la ve hoy? ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?
R.- Hay ciclos también en estas cosas, pero creo que la poesía hace mucho tiempo que dejó de tener gran presencia lectora. Por ejemplo, la Generación del 27 nos parece un fenómeno importantísimo y universal, pero resulta que de Marinero en tierra solo se vendieron 1200 ejemplares. Tenemos una idea un poco exagerada de lo que fue la poesía en otras épocas. Nosotros hemos convertido en un fenómeno algo que en su tiempo probablemente no lo fue. Lo que hay que hacer es esperar y ver qué pasa, qué ocurre con el paso del tiempo. Quién queda y qué queda.

Estamos en un corte cultural como el del siglo V, a punto de perder la cultura, de echarla por la borda"

P.- Pero hoy en día existe un tipo de poesía hecha para jóvenes que tiene un gran consumo, ¿qué piensa de ella?
R.- Hay mucha gente que lo que quiere cuando se pone frente a una obra literaria, es que esa obra le repita y le confirme lo que ya sabe. En lugar de enseñarle a ver el mundo de otra manera, en lugar de abrirle horizontes de pensamiento, de emociones, lo que quieren es repetir exactamente algo que ya llevan dentro, no quieren conocer, quieren reconocer. Esa es la explicación. Y luego está la contaminación entre poesía y canción. A la mayoría de las grandes canciones de la historia de la cultura occidental, si les quitas la música se convierten en una majadería absoluta, indigna de ser impresa. Eso ha hecho bastante daño a la poesía. Hay casos de textos espléndidos aún sin música, como Bob Dylan, Leonard Cohen, Tom Waits, Elton John… pero son escasos. En esta poesía de las redes sociales, esta pseudopoesía, hay mucho de eso. La mayoría son cantautores. Hay toda una red de infracultura que se alimenta de sí misma y que no quiere saber nada de la cultura en el sentido tradicional porque le parece elitista, minoritaria y compleja.

P.- El título Regiones devastadas alude al final definitivo del mundo clásico, usted que ha sido profesor y catedrático, ¿cómo ve la cultura hoy?
R.- Lo que no podemos hacer es renunciar a más de 2000 años de historia de la cultura, una tradición que hoy se está perdiendo totalmente. La decadencia de la cultura es una cosa verdaderamente sorprendente. En un cuarto de oficiales de cualquier ejército de la Primera Guerra Mundial se podía hacer un concurso para ver quién escribía un poema en griego más deprisa. Eso hace solo un siglo. La educación ha ido desapareciendo por completo. Estamos en un corte cultural como el del siglo V, a punto de perder la cultura, echarla por la borda y que pase como con el teatro griego, que ha sobrevivido solo el 3%. Y eso porque unos cuantos monjes se dedicaron a copiarlo.