Image: Fin de fiesta

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Letras

Fin de fiesta

En la última jornada de la FIL Armas Marcelo se pregunta qué será de "las grandes vanidades y egos intelectuales" en el futuro

29 noviembre, 2016 01:00

En la última jornada de la FIL se ha inaugurado el Centro de Documentación Latinoamericana Carmen Balcells

La Feria sigue, y la fiesta también para quienes se quedan todavía aquí, en Guadalajara, donde no paran de llegar escritores y editores de todas las partes del mundo. Esta mañana me hicieron una entrevista en la que me preguntaron por la cancelación, a última hora, del viaje a la Feria del cubano Leonardo Padura. "Yo hubiera hecho lo mismo, de haber sido un novelista cubano: me habría quedado en La Habana en ese momento histórico de la muerte del Hombre Fuerte". Además, añado ahora, no le hubieran perdonado que, con las cenizas del Gran Líder todavía calientes, se hubiera venido a la Fiesta de la Feria y a vender libros que encierran siempre una crítica muy pensada, y muy intelectual, al régimen castrista. La que si está aquí, bailando sobre sus tacones de Blancanieves, es Wendy Guerra, ni contenta ni triste sino como siempre. "No me preguntes nada de nada, estoy reflexionando", me dice irónica.

Ayer, en las tertulias de escritores, entre almuerzo, reuniones y mesas redondas, los chismes de la Feria corrieron por todos los mentideros editoriales. Va ganando Zafón, el invencible, aunque Pérez-Reverte está acercándose. A mí, ya saben, no me interesan mucho estas cosas de los libros más vendidos, lo que quiere decir que hoy sería un muy mal editor, pero ahí también está la vaina: en el baile que tiene lugar delante de los ojos de todos, pero a escondidas de la realidad visible, y consiste en la seducción y los pasos de intimidad intelectual que los editores ejecutan con autores a los que quieren "robar" de otras editoriales. Se hacen apuestas y esas reuniones con casi clandestinas, en el comedor de honor del Hilton, en desayunos clandestinos que tienen lugar profesionalmente a las horas del primer alba del día. ¡Un esfuerzo atroz para un escritor que se precia de noctívago y dipsómano!, digo yo. Conmigo no cuenten (no cuentan, naturalmente: yo no vendo muchos libros, aunque me acaban de comunicar desde España una nueva reimpresión de mi Réquiem habanero por Fidel", por razones obvias, bienvenidas sean.

Hoy se ha inaugurado, con la presencia de Raúl Padilla y del Tótem Vargas Llosa el Centro de Documentación Latinoamericana "Carmen Balcells", un obligado homenaje a quien cambió los vientos del contrato editorial en España, en América y en todo el mundo. Fue en la Universidad de Guadalajara y está presente, entre otras grandes personalidades, el hijo de Carmen, Luis Miguel Palomares Balcells, actualmente director de la Agencia Balcells, y que mantiene el fuego de Prometeo encendido en Barcelona para tantos escritores latinoamericanos y españoles.

Yo eché mi baraja provocadora una vez en una tertulia de cafés y tequilas en la tarde de ayer: de todas estas faramallas actuales, de todo este teatro de grandes vanidades y egos intelectuales, de todo este baile de fanfarrones y "fanfarronas" posando como actores y actrices ante las cámaras fotográficas, los diarios, las revistas y los canales de televisión, ¿qué se hará en el futuro?, ¿qué será de todo este trasiego cuando pase el tiempo y la incurría natural caiga sobre tanta soberbia y fanfarria? Casi todos seremos polvo olvidado, recuerdo que yace en la nada o cosa ninguna, terrorífico silencio sobre nuestros libros, nuestros quehaceres a lo largo de toda la vida, nuestras vanidades siempre únicas... No me pongo intelectual ni lanzó una copla de abrazo al olvido, sólo compongo un bolero algo triste cuando a nosotros se nos acaba, hoy, esta noche, la última fiesta tapatía de este año, en el instante en que no paran de llegar al hotel Hilton decenas de coches que dejan en sus puertas a los invitados que gozarán del festín y el jolgorio en la segunda parte de la Feria. Se fueron algunos de los grandes, incluido el Tótem, del que todo el mundo ha hecho felicitaciones por sus ochenta años al pie de los cañones. Se fueron hacia el anonimato decenas de escritores ya sin el nombre que definitivamente nunca tuvieron y con dificultad obtendrán, como marca registrada en el inmediato futuro. Pero queda también la melancolía de dejar atrás a viejas y viejos amigos escritores que resisten todavía, enhiestos sobre sus zapatos inmortales, aquella batalla, aquel reto medieval en que se les iba el tiempo a los grandes mosqueteros del Rey. En este caso, de la literatura.