Image: Aquí huele a muerto

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Letras

Aquí huele a muerto

Con el arranque del festival BCNegra como excusa, preguntamos a seis autores de novela policiaca por sus escenas de crímenes literarios favoritas, propias y ajenas

28 enero, 2016 01:00

Foto: Extra, Extra!, de gfpeck via Foter.com / CC BY-ND

Este jueves 28 comienza en Barcelona la undécima edición de BCNegra. Paco Camarasa, comisario de este festival literario y expropietario de la librería especializada Negra y Criminal, que tuvo que cerrar el año pasado, explica que el programa de esta edición refleja la gran diversidad de estilos y temas que tienen cabida hoy en el género negro, como muestran las listas de los libros más vendidos.

Entre las actividades, habrá presentaciones de libros y mesas redondas sobre temas diversos: la relación de la literatura criminal con la antropología, la psicología e incluso la enología; la lacra de la violencia machista, el fotoperiodismo y el reporterismo de guerra, los trapos sucios de la banca y de los servicios secretos; y las novedades del género en Francia, Escocia y Valencia, donde los paisanos de Rafael Chirbes siguen su estela escribiendo sobre corrupción. También se entregará el XI Premio Carvalho a Donna Leon, creadora del comisario Brunetti, y se recupera el Premio Crims de Tinta a la mejor novela negra escrita en catalán.

Además de lo anterior, se celebrarán dos mesas redondas en torno a las distintas localizaciones de la novela negra -centradas en Barcelona y Cataluña-, un género tradicionalmente urbano pero en el que también hay sitio para escenarios rurales. Tomando prestada esta línea de discusión, hemos pedido a seis escritores participantes en BCNegra que recreen la ubicación, el contexto y la atmósfera de su escena del crimen favorita, tanto de sus propias novelas como de otros autores admirados. Entre sus variopintas respuestas no solo hay callejones sórdidos, sino también balnearios, masías y selvas pantanosas.

Andreu Martín

Andreu Martín (Barcelona, 1949) es uno de los autores españoles más destacados del género. Ha ganado tres veces el Premio Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón, que concede la Asociación Internacional de Escritores Policíacos, y en 2011 obtuvo el Premio Carvalho de BCNegra por Cabaret Pompeya (Alevosía). Ahora está en medio de la promoción de su última novela, La violencia justa (RBA), y en esta edición de BCNegra conversará con su colega Carlos Zanón.

Una escena propia: Elijo una escena del crimen de mi última novela, La violencia justa. En Pueblo Nuevo, Barcelona, una antigua fábrica se ha remodelado y ahora alberga viviendas tipo loft, de una sola estancia. En una de ellas, bien decorada y de estilo moderno, hay cuatro cadáveres que un policía y un expolicía tienen que hacer desaparecer. Cargan los cuerpos disimuladamente en una furgoneta para trasladarlos a un bosque próximo y abandonarlos allí. Luego volverán a la escena del crimen para limpiar la sangre y ponerlo todo en orden antes de que llegue la policía científica. Es un avance del tema principal del libro: el monopolio de la policía para ejercer la violencia.

Una escena ajena: Es una escena bien clásica, tanto que tiene una placa de bronce en el lugar donde supuestamente sucedió el crimen, que aparece en la célebre novela de Dashiel Hammett El halcón maltés. El lugar es un callejón llamado Burritt Street, entre Bush Street y Stockton Street, en el barrio chino de San Francisco. Allí aparece el cadáver de Miles Archer, el socio del detective Sam Spade, al que han disparado. Spade se presenta en un taxi cuando en el lugar ya está la policía y la ambulancia. Hammett decribe el escenario con mucho barro y desniveles rocosos, aunque yo he estado allí y hoy es un callejón bien pavimentado. Entre las miles de escenas del crimen que he leído, he seleccionado esta por ser una de las localizaciones literarias más mitificadas, y porque el asesinado es el socio de uno de los detectives más célebres de la novela negra.

Rosa Ribas

Rosa Ribas (El Prat de Llobregat, 1963), residente en Frankfurt, publicó en 2007 su primera novela negra, Entre dos aguas (Umbriel), protagonizada por la comisaria hispano-alemana Cornelia Weber-Tejedor, y el próximo mes de mayo verá la luz la cuarta de la serie, que llevará por título Si no, lo matamos (Grijalbo). Entre ambas, además de la segunda y la tercera entrega, ha publicado una trilogía escrita a cuatro manos con la autora alemana Sabine Hoffmann y, la novela La detective miope (viceversa) y, fuera del género, Pensión Leonardo (Siruela). En esta edición de BCNegra, moderará una mesa redonda con los escritores Ernesto Mallo, José Luis Correa y Mikel Santiago.

Una escena propia: Tal vez no sea el más original de los que he descrito, pero puestos a elegir, escojo el lugar en el que encuentran el cuerpo de Marcelino Soto en Entre dos aguas, porque es mi primer muerto. Y el primero es siempre algo especial. Es un cadáver muy "clásico", que aparece ya en la primera página de la novela reclamando la atención de los lectores y de la comisaria Cornelia Weber-Tejedor. Flota boca abajo, sin ojos, en el río Meno, enganchado en una argolla del Puente Viejo de Frankfurt. Que no lo mataron ahí se sabe pronto. Dónde fue no lo puedo decir porque se sabe tarde.

Una escena ajena: Me quedo con la masía abandonada donde encuentran los cuerpos abrazados en Los amantes de Hiroshima, de Toni Hill. No solo porque me pareció una excelente novela, no solo es una escena de una brutalidad mórbida, que la hace incluso bella, sino porque esa masía se encuentra en el término del Prat de Llobregat, mi ciudad, y de vez en cuando, solo muy de vez en cuando, me permito un poco de chauvinismo.

Carlos Salem

Carlos Salem (Buenos Aires, 1959) debutó en 2007 pero desde entonces no para de publicar, tanto novelas negras como relatos y poemarios. Es autor de novelas como Cracovia sin ti, Camino de ida, Matar y guardar la ropa y En el cielo no hay cerveza. En breve la editorial Navona publicará Relatos negros, cerveza rubia, una antología de todos sus "relatos canallas", y está reescribiendo como novela su obra de teatro El torturador arrepentido. En esta edición de BCNegra, participará en una mesa redonda sobre el humor en la narrativa criminal.

Una escena propia: Como escenario propio, el balneario de lujo del primer capítulo de mi última novela, En el cielo no hay cerveza (Navona). Ese tipo de lugares me parecen sitios ideales para cometer un crimen, con todo el mundo en bata o toalla. Lo invento cerca de Madrid y frecuentado por famosos y empresarios. Por eso acude allí una despreciable periodista del corazón, a la caza de trapos sucios, y para beneficiarse de un baño de chocolate gratis porque chantajea al dueño. Solo que encuentra la muerte. Y no es chocolate.

Una escena ajena: Me quedo con la inquietante casa de la sierra de una familia acomodada y ejemplar que oculta secretos horribles en Subsuelo (Salto de Página), de Marcelo Luján. Mientras ellos fingen que no pasa ni ha pasado nada, que nadie ha muerto y nadie vive un infierno, las hormigas van cavando bajo sus pies y sus mentiras.

Ernesto Mallo

El personaje más conocido de Ernesto Mallo, escritor, periodista y dramaturgo argentino (La Plata, Buenos Aires, 1948) es el comisario Lascano, apodado "El Perro" porque, como dice su creador, "cuando muerde algo no lo suelta". La trilogía que protagoniza la reunió Siruela en 2015 en un solo volumen. Su última novela, que presentará en esta edición de BCNegra, es La conspiración de los mediocres.

Una escena propia: De mi libro La Conspiración de los Mediocres me gusta mucho el escenario del Delta del Tigre, una zona semiselvática y pantanosa que está a 30 kilómetros de Buenos Aires. Creo que se logró el clima opresivo y lento de la zona estableciendo una paradoja literaria con un crimen violentísimo que tiene lugar allí. Al mismo tiempo, contrasta con una escena de amor que sucede a poca distancia, pero en el mismo paisaje.

Una escena ajena: Uno de los escenarios que más me impresionó fue el de La Calle de los Cocodrilos, de Bruno Schulz. Aunque no se trata de un lugar donde se comete un crimen, el crimen está presente de manera subyacente y sólo falta que en algún momento emerja. Es muy notable la forma en que Schulz va modificando la escena haciendo el paisaje más inquietante a cada palabra.

María Oruña

Abogada y escritora, María Oruña (Vigo, 1976) es gallega pero ha visitado desde pequeña Cantabria, la tierra de su padre. Allí ha ambientado su novela Puerto escondido, que recupera uno de los crímenes más sonados de la región. Oruña debutó en 1993 con La mano del arquero, una novela sobre el acoso laboral, y ahora prepara su tercera novela, en el que aparecen personajes de Puerto escondido. En BCNegra participará en una mesa redonda sobre las conexiones entre la literatura negra y la antropología.

Una escena propia: Escribir, para mí, con frecuencia supone algo de sufrimiento. El que escribe debe volcarse y exponerse por completo para conseguir un trabajo honesto. Sin embargo, hay escenas que, por mucho trabajo que hayan supuesto -documentación, matices, gestos- implican un placer enorme al escribirlas. En Puerto escondido hay varios pasajes que merecen mi cariño, pero en cuanto a crímenes, tengo una escena predilecta: el asesinato en la biblioteca. La causa y violencia del crimen, su ejecución y la eliminación de pruebas forenses supusieron para mí un reto especial a la hora de dar fuerza a la escena y de hacerla creíble.

Una escena ajena: Personalmente, en literatura no me gustan los crímenes escatológicos ni desmedidos, sino los que tienen una finalidad práctica, y por eso me encanta la novela Diez negritos, de Agatha Christie: cada uno de los asesinatos es perverso, su escenificación inteligente y efectista, pero sin llegar a una teatralidad histriónica. Pistas sutiles para el que sepa administrarlas.

Xabier Gutiérrez

Cocinero, psicólogo y escritor, Xabier Gutiérrez (San Sebastián, 1960) dirige desde 1990 el departamento de innovación del Restaurante Arzak, y ha volcado todo su saber gastronómico en sus novelas negras. En 2005 ganó el Premio Nacional de Gastronomía por su novela Asfalto culinario, y acaba de publicar El bouquet del miedo. Ahora está escribiendo la tercera parte de la tetralogía protagonizada por el subcomisario de la ertzaintza Vicente Parra, Fragancia crítica. En BCNegra participará en una mesa redonda sobre la presencia del vino en las novelas del género.

Una escena propia: El primer asesinato que se produce en El aroma del crimen es la clave de la novela. Asaltar a una persona indefensa en su propio domicilio es la situación más temida. De alguna manera tú sales a la calle y sabes que aceptas un riesgo. El exterior es el lugar donde te pueden pasar cosas malas. Es la pequeña selva de asfalto donde no tienes defensa. Por el contrario en tu casa tú eres el rey. Una gruesa puerta de madera te protege del exterior. En su interior nada malo puede suceder. Violar ese espacio es imposible... A no ser que alguien tenga la manera de entrar y mutar tu refugio, en unos instantes, de paraíso, a sala de tortura. Era el lugar propicio para relatar un asesinato. Terror del bueno.

Una escena ajena: La novela La milla verde, de Stephen King, tiene una escena que logró ponerme nervioso. Hacia la mitad del relato estamos en una sala de ejecuciones. Una silla eléctrica alberga al desdichado atado a su estructura. Uno de los guardianes deja seca a propósito la esponjilla de la cabeza. Esta debía ir húmeda para que la corriente eléctrica fuera lo más letal y rápida posible. Pero el guardián actúa de sádico. Solo por el placer de torturar al reo. La muerte asusta, pero el dolor y el sufrimiento a veces dan bastante más terror que el propio deceso. Y que el ámbito sea en el terror institucional de una cárcel, instalado desde una ley que permite que eso suceda, es aún más terrible. King la describe de la manera más real que he visto nunca. Se puede hasta oler el terror.

@FDQuijano