Image: Cuatro ángulos para entender la Generación del 14

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Letras

Cuatro ángulos para entender la Generación del 14

El Teatro de la Abadía y el Corral de Comedias de Alcalá acogen un ciclo de coloquios sobre Ortega, Azaña, Rivas Cherif y las mujeres ligadas a la corriente que quiso reformar España

21 octubre, 2014 02:00

José Ortega y Gasset, Manuel Azaña, María Lejárraga y Cipriano Rivas Cherif.

Europa, la modernidad, la regeneración política, el avance de la ciencia y de la educación. Han pasado 100 años pero hoy siguen en el centro del debate público los postulados de la Generación del 14, aquella que congregó en España a grandes figuras intelectuales de distintas disciplinas, de la ciencia a la poesía, de Juan Ramón a Gregorio Marañón. Durante todo el año se ha conmemorado el centenario del grupo. Entre otros actos llevados a cabo por distintos organismos y asociaciones, la Biblioteca Nacional, en colaboración con Acción Cultural Española, organizó en marzo una extensa exposición multidisciplinar, y ahora le toca el turno al ciclo de coloquios La aventura intelectual de la Generación del 14, que se celebrarán los cuatro próximos martes, del 21 de octubre al 11 de noviembre, en el Teatro de la Abadía de Madrid y en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares. Ambos espacios, junto con la Universidad de Alcalá y, de nuevo, Acción Cultural Española, son los organizadores de estos encuentros.

Dos coloquios tendrán como eje sendos discursos de destacados miembros de la Generación del 14. El primero lo pronunció Manuel Azaña en 1911y en él expuso los síntomas y las causas de lo que llamó El problema español, anticipando las principales preocupaciones de sus compañeros de generación con respecto a la salud política, social, cultural, económica, científica y educativa del país. A la corrupción, la mala gestión de los gobernantes, la injusticia social, la falta de democracia y el dogmatismo religioso, se añadía el brutal analfabetismo de la población: "Y, por último, como causa y efecto a un mismo tiempo, expresión la más humillante de nuestro estado, una ignorancia e incultura espesísimas, que alcanza a todos, que se refleja en las conversaciones, en los modales, en los libros, en los periódicos, en los discursos y hasta en los juegos y distracciones". Azaña, que llegaría a presidente del Gobierno y de la República más de dos décadas después, pronunció este discurso en la Casa del Pueblo de su ciudad natal, Alcalá de Henares. El próximo martes 28 de octubre, en el Corral de Comedias de dicha localidad, Enric Juliana presentará y moderará un debate en torno a la figura del intelectual y político y sobre la vigencia de sus aportaciones en el que participarán el historiador Santos Juliá y el escritor y diplomático José María Ridao.

Otro coloquio gravitará alrededor de la conferencia Vieja y nueva política, de Ortega y Gasset, que el pensador pronunció en marzo de 1914 y con la que se confirmó como intelectual de prestigio. "Aquello fue la ratificación pública de un equipo político-intelectual, perteneciente al Partido Reformista, dispuesto a asaltar el poder del Estado. Eran intelectuales en torno a los 30 años con una buena formación académica adquirida fuera de España, como Julián Besteiro, Fernando de los Ríos y Manuel Azaña", explica Jordi Gracia, experto en historia intelectual que publicó hace unos meses la última biografía de Ortega. El catedrático de literatura española de la Universidad de Barcelona participará en este coloquio -el primero de los cuatro, este martes 21 en el Teatro de la Abadía- junto a Manuel Menéndez Alzamora, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Alicante y autor del libro La generación del 14. Una aventura intelectual (2006). Su diálogo estará presentado y moderado por el periodista Fernando R. Lafuente, codirector del Máster de Cultura Contemporánea del Instituto Ortega y Gasset. "Este grupo -continúa Gracia- quería ofrecer una alternativa al sistema corrupto dominado por el partido liberal y el partido conservador. Querían renovar radicalmente el Estado en términos democráticos, europeístas, modernizadores y parlamentarios".

Así habló Ortega en aquella conferencia fundacional: "Mas hay un hecho bien simple de decir que nos ahorra muchas consideraciones y que nadie podrá honestamente negar; este hecho es la perfecta desconfianza que sienten los españoles por la política. No esperan de ella nada bueno; rebosando suspicacia, han llegado a pensar que todo político no es sino un ambicioso vulgar o un vulgar negociante. El desprestigio del hombre político, dentro de la conciencia pública, no tiene ya límites conocidos". A la luz de estas palabras y de la lucha antibipartidista de este grupo de intelectuales, las comparaciones con la actualidad resultan muy tentadoras, pero Gracia evita caer en la simplificación: "Ellos intentaban fraguar precisamente un sistema democrático como el que nosotros ya tenemos desde hace 30 años", defiende el profesor, aunque reconoce las similitudes entre aquella "pulsión de reforma" y el ambiente político actual, en el que se reclama desde muchos ámbitos una reforma política "que no se quede sólo en el maquillaje, sino que apueste valientemente por cambiar los elementos disfuncionales de nuestro sistema democrático".

Las mujeres del 14

El tercer coloquio, el martes 4 de noviembre, estará dedicado al legado de las mujeres que formaron parte de la generación del 14, el primer grupo de mujeres que intervino en la historia intelectual de España con un decidido afán de cambio y mejora de la vida política y cultural del país, formado por María Lejárraga, Margarita Xirgu, Sofía Casanova, María Goyri, Victoria Kent, Clara Campoamor, María de Maeztu o Margarita Nelken. Será presentado y moderado por el periodista y director de documentales Javier Rioyo y en él participarán Rosa María Capel y Julia Varela, catedráticas de la Complutense y especialistas en historia de la mujer en España.

Según Capel, esta irrupción de la mujer en el ámbito intelectual fue posible "gracias" a la Primera Guerra Mundial, ya que la movilización de los hombres para combatir hizo necesaria la incorporación de la mujer al ámbito laboral en muy distintos sectores, antes vetados para ella. Esto generó un gran cambio social que llegó a España aunque no fuera un país participante en la guerra. A esto hay que sumar, explica, que desde principios del siglo XX se intentó hacer hincapié en la alfabetización femenina. "La mejora de la educación de las mujeres y su incorporación al mundo laboral fueron elementos fundamentales para su emancipación y las ideas feministas se fueron difundiendo". No obstante, según la profesora, aunque estas intelectuales tuvieron el apoyo de algunos hombres, no se puede decir que todos sus colegas masculinos de la generación fueran feministas. "Ortega no lo era en modo alguno. Enunció la teoría de que los hombres y las mujeres son 'iguales pero diferentes', que ellas no podían aspirar a ser iguales que ellos porque psicológicamente no lo eran. Aunque al menos no llegó a hablar de 'inferioridad natural', como otros", explica Capel.

Rivas Cherif, un teatro por descubrir

Por último, el martes 11 de noviembre, el periodista Marcos Ordóñez moderará un coloquio entre el catedrático de la Autónoma de Barcelona Manuel Aznar y el profesor Juan Aguilera Sastre. Juntos rescataron hace poco en una antología el teatro de Cipriano Rivas Cherif, cuñado de Manuel Azaña. "Fue el primer director de teatro español en el sentido moderno", asegura Aznar, pero la obra del dramaturgo y director de escena apenas se conoce ni se representa hoy, aunque el director del Centro Dramático Nacional, Ernesto Caballero, le ha puesto su nombre a un laboratorio escénico.

Rivas Cherif compartió las preocupaciones reformistas de sus colegas de generación y trató de importar a España el teatro de vanguardia que se hacía en Europa. Lo hizo en varios grupos de teatro alternativo. En uno de ellos, El Caracol, participó Lorca, pero fue prohibido por la dictadura de Primo de Rivera en 1929. Después de eso, probó suerte en el teatro comercial, entre 1930 y 1935, época en la que dirigió la compañía de Margarita Xirgu. En el 39, pasó la frontera junto a Azaña, pero fue detenido por la Gestapo en Francia y deportado a España. El régimen de Franco lo condenó a muerte, pero se le conmutó la pena. Pasó unos años en la cárcel de El Dueso, donde fundó un grupo de teatro con los reclusos, y cuando fue liberado se exilio a México, donde continuó su experimentación teatral en la escena alternativa.