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Enrique Vega Fernández: "Ya nadie cree en la implantación del Islam a golpe de atentado"
UNED publica Conflictos armados en el neoliberalismo, un análisis de la economía y la guerra en el planeta los últimos 40 años.
Enrique Vega Fernández
Militar de carrera, sociólogo y secretario del Instituto Gutiérrez Mellado para la Paz y la Seguridad, el coronel Enrique Vega Fernández ha reunido en Conflictos armados en el neoliberalismo (UNED) el saber y la experiencia acumulados en décadas de estudio. El libro recorre los cuarenta años de vida del llamado neoliberalismo, nacido a principios de los 70 y plenamente victorioso con la caída del Muro en 1989, y de los conflictos que han jalonado su polémica andadura histórica.Pregunta.- Afirma que el nuevo orden mundial no comienza en 1989 con el fin del comunismo sino 20 años antes. ¿Cuál sería el desencadenante?
R.- El desencadenante es la situación a la que llega la economía mundial a principios de los 70 que, tras el abandono del patrón oro por la Administración Nixon en 1972 y la crisis del petróleo consecuencia de la guerra árabe-israelí de 1973, incita a adoptar las recetas de la llamada Escuela de Chicago, que irían poco a poco, especialmente a través de las Administraciones Reagan (1981-1989) en Estados Unidos y Thatcher en Reino Unido (1979-1991), implantando el neoliberalismo, como estructura económica y como mentalidad. En este proceso de reestructuración económica, que coincide con un significativo desarrollo de las tecnologías derivadas de la electrónica aplicada, es en el que hay que insertar los cambios políticos y geopolíticos que supuso el derrumbe del comunismo. Derrumbe, en gran parte también debido, aparte del propio agotamiento del modelo económico comunista a partir de ciertos niveles de desarrollo, a la competencia económica, comercial, tecnológica y de armamentos que el naciente y expansionista neoliberalismo le estaba imponiendo. Recuérdese, aunque sólo sea a título de ejemplo, la llamada "guerra de las galaxias" o las ventas de trigo a la URSS.
P.- Surge entonces el neoliberalismo. ¿Por qué "neo"? ¿Qué le diferencia del liberalismo clásico?
R.- El fundamento es el mismo, porque no dejan de ser dos estadios evolutivos del capitalismo. Lo que diferenciaría al "neo" del "clásico" son las circunstancias: extraordinaria acumulación de capital a lo largo de las décadas anteriores, y los instrumentos: las citadas tecnologías de la electrónica aplicada a la información y a las telecomunicaciones fundamentalmente. La conjunción de ambas, junto a una regulación de las transacciones económicas y comerciales mucho más "liberal" es lo que va a convertir el capitalismo clásico o anterior, llamémosle "productivo", en el capitalismo financiero, que es de lo que es sinónimo neoliberalismo. En uno primaba la capacidad de producción y en el neoliberalismo prima la capacidad de financiación.
P.- ¿Cuál es el santo y seña de los conflictos armados del periodo post guerra fría?
R.- Creo que tras la Guerra Fría se han dado, en términos generales, tres tipos de conflictos armados. Conflictos internos o guerras civiles, que incluso en algún caso han llegado a convertirse en regionales. Conflictos en los que el mundo occidental ha intervenido militarmente fuera de sus fronteras (son los que pretendo analizar en el tercer capítulo del libro). Y conflictos en los que se ha reaccionado violentamente contra los presupuestos y el expansionismo económico e ideológico occidental (son los que pretendo analizar en los capítulos cuarto y quinto del libro).
P.- Localiza dos grandes resistencias al neoliberalismo: el indigenismo y el islamismo. ¿Ambas serían respuestas identitarias semejantes?
R.- Es muy posible que tengan muchas semejanzas en su génesis, pero son radicalmente diferentes en sus repercusiones. El enfrentamiento Occidente-Islamismo se ha convertido en el epicentro de toda la geopolítica mundial y de todas las preocupaciones relativas a la seguridad. Mientras que el indigenismo se mantiene en el ámbito de la confrontación social, quizás, si se quiere, con la limitada excepción del levantamiento zapatista, más simbólico, como apunto en el libro, que realmente letal. De todas formas, es muy posible que estemos asistiendo, especialmente en estos días, a una transformación de este paradigma.
P.- ¿Indican las revueltas árabes un declive del islamismo y una inesperada exigencia democrática?
R.- No estoy muy seguro que sea el islamismo lo que esté en declive. Lo que parecen augurarnos los expertos es el declive del islamismo violento, de la masiva justificación del terrorismo, especialmente del indiscriminado, entre las masas musulmanas. En cualquier caso, las actuales revueltas árabes no parecen tener ningún origen islamista. Otra cosa es que el islamismo vaya a intentar, lógicamente, sacar el mayor partido posible de ellas, como lo intentarán hacer todas las fuerzas políticas. Cada una hasta pueda y sepa llegar. En cuanto a su carácter democrático. Depende de lo que se quiera entender por democrático. Yo diría que más que democráticas son eleuterotrópicas, de liberación. Liberación de represiones políticas injustificadas, liberación de unas corrupciones demasiado ostensibles, liberación de una pobreza y falta de expectativas que se venían agudizando desde 2008 por la continua subida de los precios de los alimentos básicos, que se había vuelto exponencial en el último trimestre de 2010. Parece que se ha abierto la puerta, pero creo que nadie sabe todavía qué camino se va a seguir.
P.- ¿Y qué hay de la crisis económica? ¿Anuncia un fallo general del sistema o sólo una reconfiguración?
R.- Como crisis en un sistema, es un fallo del sistema, el neoliberal en este caso. Pero no parece que vaya a ser su final, porque las soluciones que se están dando, nacional e internacionalmente, son tan neoliberales como la propia crisis, a pesar de los muchos cantos de sirena que se están oyendo.
P.- Millones de personas han salido de la pobreza en China, India o Brasil desde que se abrieron al comercio. ¿Por qué, sin embargo, el "neoliberalismo" tiene mala prensa?
R.- Bueno, lo que yo creía era que el neoliberalismo lo que tenía era buena prensa porque casi todas las fuerzas políticas de cierta entidad lo asumen como propio y lo practican. Pero, en cualquier caso, la mala prensa que pueda tener o las críticas que se le puedan hacer no creo que vayan en el sentido de no crear prosperidad, que la crea, como siempre ha hecho el capitalismo. Sino porque aumenta las desigualdades y tiende a la concentración del poder en unas pocas manos de lo que yo en el libro denomino, un poco irónicamente, la nueva "aristocracia financiera" no elegida y más bien opaca, en detrimento de los poderes políticos elegidos y, en consecuencia, de lo que la mayoría de la gente, acertadamente o no, les gustaría entender por "prosperidad". Por eso decía antes que fomentar la expectativa de democracia igual a prosperidad puede acabar creando unas frustraciones que pueden revolverse contra aquellos en quien se supone que anidan las "aristocracias financieras". Y, de nuevo, podría resurgir el grito de la solución está en el Islam, aunque ya no se crea en su implantación a golpe de atentado.