Image: Félix Grande

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Letras

Félix Grande

“Aquel libro merecía el premio Adonais y se lo dieron”

2 octubre, 2008 02:00

Félix Grande. Foto: Manuel Cuevas

Las piedras. Colección Adonais. 1964. Sostiene el colofón que aquel librito "se acabó de imprimir el 17 de febrero de 1964, en los Talleres Artes Gráficas ‘Argés', en Madrid". En ningún sitio pone Laus Deo, que quiere decir Gloria a Dios. No entiendo por qué no lo pone. Me parece mal. Es verdad que ya entonces yo era rojo: había firmado algunas de aquellas vehemencias antifranquistas que se llamaban manifiestos; había ya recibido algunas amenazas de los nazis patrios por un artículo que publiqué en el ABC (es que echaron de la dirección a Luis Calvo, y el último día de su mandato no se le ocurrió mejor travesura que sacar mi página subversiva, que la veo ahora ¡y se me llenan los ojos de lágrimas!). Voy y publico mi primer libro en la Editorial Rialp, que era del Opus, ¿y van y no ponen Laus Deo, sólo porque yo era hijo y nieto de rojos como Dios manda? ¡Hombre, no es justo! ¿No habíamos quedado en que los que tienen hambre y sed de justicia éramos bienaventurados y que precisamente a nosotros estaba destinado el Reino de los Cielos? No lo comprendo. Una cosa así no ocurriría hoy, que para eso hemos conquistado la democracia.

Aquel libro de bellas poesías me hizo sentirme bienaventurado. Merecía el Premio Adonais y se lo dieron. Mis muchos amigos, unos de la cáscara amarga y otros no, que yo era del partido de las buenas personas (PBP) y me repugnaba esa ordinariez de exigir pureza de sangre, mostraron su alegría haciendo grandes visajes de felicidad y de orgullo. Los de la editorial me regalaron ejemplares y me dieron mil duros. Con los mil duros compré más ejemplares y pagué dos o tres comilonas con mis amigos y con mi flamante esposa, la Paca, que nos habíamos casado el 30 de mayo de 1963 (al principio yo la llamaba Francisca, Paquita y Pacucha, pero luego Pepe Hierro dijo que Francisca sonaba entre rústico y cosmopolita, que Paquita era nombre de peluquera excelsa y ella no era peluquera, y que eso de Pacucha denunciaba nuestras maquinaciones de dormitorio… ¡Nada, nada: Paca! Y así es como se llama desde entonces, Pepe: ¡cuánto te echamos de menos!).

Aquel conjunto de líricas composiciones me hizo sentirme bienaventurado también ante mi madre, que resulta que era muy desconfiada y aseguraba con todo descaro que, según su información, a un tal Miguel de Cervantes lo habían llevado preso y encima se había muerto de hambre, y en consecuencia le aterraba tener un primogénito cargado con el desastre y encaminado hacia la perdición… ¡Ah, pero cuando vio la legendaria belleza de mi faz en algunos periódicos y asistió al despliegue de mi verbo florido en programas culturales de la televisión, mi madre se desprendió de su recelo omnipotente! Bajaba al barrio con ademanes de emperatriz de la arrogancia, reunía a las vecinas con llamadas apoteósicas, les mostraba las fotos de su Felicito en las páginas de los periódicos, con un gesto en el que se reunían la altanería hacia su propia casta y la misericordia hacia las otras madres habitantes del vecindario y carentes de prole tocada por los dioses y, bajando los ojos con un pudor luciferino, proclamaba: "No… si ya de pequeño se le notaba un no sé qué… así como de artista… ¡No va a llegar arriba ni na! ¡Los siglos van a hablar de él, descreídas!"

Cinco o seis mil páginas después, el día diez de diciembre del año 2001, y trece años después que su marido, murió mi madre, María Lara Pradillos. Mis hermanos y yo pusimos patas arriba la casa en que vivieron mi padre y mi madre sus últimas décadas de amor y de fatigas. Por entre los viejos papeles aparecieron recortes de diarios, viejos y emocionantes a consecuencia de la santidad de los años. Laus Deo.

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DESDE ENTONCES

La musa no ha abandonado a Félix Grande (Mérida, 1937) como muestran sus poemarios Música amenazada (1966), Blanco spirituals (Premio Casa de las Américas, 1967), Taranto (1971), Las rubáiyatas de Horacio Martín (Premio Nacional de Poesía, 1978), Años (1975), Biografía. (1958-2010) y Libro de familia (2011). En 2004 obtuvo el premio nacional de las Letras españolas. Además de poeta y crítico es uno de los más reputados flamencólogos patrios.