Francisco Pradilla y Ortiz: 'La reina Juana la Loca, recluida en Tordesillas con su hija, la infanta Catalina', 1906. Museo del Prado

Francisco Pradilla y Ortiz: 'La reina Juana la Loca, recluida en Tordesillas con su hija, la infanta Catalina', 1906. Museo del Prado

Historia

Juana de Castilla, la "loca" que estorbaba: biografía de la reina maltratada por su padre, su marido y su hijo

Eduardo Juárez Valero publica un minucioso libro en el que reconstruye la vida de la reina castellana, apartada del trono y recluida durante más de cuatro décadas en Tordesillas.

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Publicada

La de Juana de Castilla es una historia de usurpaciones, conspiraciones, ambición, crueldad, traición y olvido. Una larga y atribulada vida en la que estuvo sometida siempre a voluntades ajenas. Su sombra aparece proyectada en el centro de un complejo y decisivo tablero de luchas de poder en el que resultó un personaje incómodo, y casi todos los que pudieron maltratarla la maltrataron, incluidos su padre, su esposo y su hijo mayor.

Portada de 'Juana de Castilla'

Portada de 'Juana de Castilla'

Juana de Castilla

Eduardo Juárez Valero

Ático de los Libros, 2026
504 páginas. 27,95 €

A Eduardo Juárez Valero (1968) le sorprende “la escasa profundidad” de su trascendencia histórica. Para contribuir a paliar este déficit, en Juana de Castilla (Ático de los Libros) ofrece un análisis lúcido y exhaustivo de todas las dimensiones (políticas, dinásticas, jurídicas, biográficas, familiares, sentimentales) que definen la complejidad de una figura de perfiles trágicos, reina de un vasto catálogo de territorios en los que nunca gobernó y que falleció en 1555, en el palacio real de Tordesillas, después de más de cuatro décadas de encierro. Por “loca”.

Es una historia (de aislamiento, soledad y negación, pasiones y rechazos) que parece surgida de una imaginación febril que quisiera conmocionar y hasta quizá entretener con una pauta dramática tensada entre lo injusto y lo siniestro. Como afirma el autor, resulta “curioso” el “carácter pasivo” que Juana de Castilla, tercera hija de los Reyes Católicos, madre de Carlos I, tuvo durante toda su vida: “Siempre sometida a algo, su paso por la Historia ha tendido a ser en silencio o, al menos, en tercera persona. Siempre en el fondo del escenario, desde allí fue testigo de cómo se tomaban decisiones relativas a su propia existencia”. Como si fuera “un actor principal sin diálogo”.

Por muy riguroso y amplio que sea el examen de la documentación conservada, es muy difícil que la historiografía revele cómo reaccionó Juana a su internamiento en Tordesillas, si lo vio como algo temporal y asumible o como un encierro con síntomas de encarcelamiento “para mantener a la legítima reina de Castilla bloqueada y lejos del peligroso juego político en que se debatía Europa”.

Tuvo aún una última oportunidad de ocupar espacios que se le habían negado en 1520, con la revolución comunera, pero derrotados los rebeldes y desactivada toda amenaza al asentamiento definitivo de la monarquía hispánica de los Habsburgo, cayó en un olvido definitivo.

Juárez Valero ofrece un análisis lúcido y exhaustivo de todas las dimensiones que definen una figura de perfiles trágicos

En su intención de establecer un poder incontestable en la península, los Reyes Católicos (cuya anhelada unidad “debe entenderse como cristiana y no jurídico-administrativa”) desarrollaron una elaborada política matrimonial con sus hijos e hijas. Los matrimonios acordados con vástagos de los monarcas ingleses y del emperador Maximiliano I, así como con la casa de Avís, tenían como objetivos el aislamiento de Francia y la unificación dinástica de los territorios peninsulares.

Muertos sus hermanos Isabel y Juan y su sobrino Miguel de la Paz, Juana, casada en 1496 con el archiduque Felipe de Habsburgo (por intereses más bien económicos), se convirtió en princesa de Asturias y de Gerona, heredera in pectore de las coronas de Castilla y Aragón, además de los dominios señoriales en Europa y el Nuevo Mundo.

Contrato matrimonial entre Juana de Castilla y Felipe de Habsburgo. Archivo General de Simancas.

Contrato matrimonial entre Juana de Castilla y Felipe de Habsburgo. Archivo General de Simancas.

Empieza entonces el penoso capítulo de la usurpación de los derechos legítimos de Juana por parte de su marido. La situación se complica con la muerte de Isabel la Católica y la lucha de poder (ya prevista por ella) entre su esposo, el habilidoso Fernando, y Felipe de Habsburgo, con Juana, ya madre, como espectadora atormentada y víctima predilecta de insidias y desprecios en un escenario terrible, inmanejable, entre Castilla y Bruselas.

“Si bien se ha imaginado a doña Juana presa de una pasión ardorosa por el marido que la consumía y que la mostraba sometida a unos celos ingobernables”, señala el historiador, “más bien parecía hallarse entre la espada y la pared”.

El relato que hace Juárez Valero de los procesos políticos de estos años cruciales de la historia de España (que suponen el deterioro de la sociedad castellana frente a los intereses de una elite de poder extranjera) es tan vibrante como riguroso. Apartada del poder por enajenada, Juana va quedando como una incómoda y sufriente habitadora de claroscuros, cada vez más ignorada y esquematizada, “resumida por dos o tres casos de respuestas iracundas”, atrapada ya sin remedio en un bucle nefasto, “sin control sobre sus hijos, sobre los legítimos derechos de ostentación de las coronas peninsulares, sobre el devenir político que debería haber protagonizado y sobre la imagen que de ella se daba en todo momento en cualquier corte”.

En aquella Castilla en que se manifiesta el fracaso político del legado de Isabel la Católica (y la traición de sus últimas voluntades), dos usurpadores pugnan por ocupar el trono por encima de su verdadera reina, hija de uno, esposa del otro y arrinconada por los dos (y que asiste a la manipulación de sus hijos en beneficio de las ambiciones de los insaciables contendientes). Lucha entre suegro y yerno (Felipe I de Castilla) que proporcionará un nuevo giro a esta historia con la inopinada muerte del segundo a causa, defiende el autor, de la peste.

Francisco Pradilla y Ortiz: 'Juana la Loca', 1877

Francisco Pradilla y Ortiz: 'Juana la Loca', 1877

La de Juana es una historia de “sometimiento patológico”, de dependencia enfermiza de su esposo, de aislamiento en “un círculo de soledad, fecundación, parto, sospecha y autoculpa”. En las Cortes de Toro de 1505, su padre solicita su inhabilitación política.

El argumento de su incapacidad también fue asumido por el cardenal Cisneros, que, fallecido Fernando, apostó por la sucesión controlada hacia el príncipe Carlos de Habsburgo y Trastámara, que acabó convirtiendo Castilla en una “hucha que esquilmar” en su defensa de los intereses europeos de una dinastía alejada de la realidad peninsular.

Su madre, que se había empeñado en trasladar el cadáver de Felipe hasta Granada, ya vivía ese lacerante, inacabable y último proceso de su vida que Juárez Valero define como “la eternidad en Tordesillas”. Al rey y emperador también le vino de perlas (como a su padre y su abuelo aragonés) el estruendoso maltrato a una mujer cuya vida fue una condena.