Álex Villazán como Jamie en el montaje de 'Largo viaje hacia la noche' dirigido por Ernesto Caballero.

Álex Villazán como Jamie en el montaje de 'Largo viaje hacia la noche' dirigido por Ernesto Caballero. Antonio Castro

Teatro

Largo viaje hacia el colapso familiar: Ernesto Caballero versiona un clásico del nobel Eugene O'Neill

'Largo viaje hacia la noche', la obra más autobiográfica del estadounidense, recorrerá una treintena de ciudades tras su estreno en Santander.

Al frente del reparto, Carlos Hipólito, que vuelve a esta historia 38 años después.

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Han pasado casi cuarenta años desde que Carlos Hipólito pisara las tablas del Teatro Español para interpretar el papel de Edmund, el pequeño de los Tyrone, la familia protagonista de Largo viaje hacia la noche.

Eran Miguel Narros y William Layton quienes en aquel 1988 firmaban esa versión del clásico del nobel estadounidense Eugene O’Neill, sobre las 24 horas de tiras y aflojas de una familia estadounidense al borde del colapso en el verano de 1912. Completaban entonces el reparto Margarita Lozano como Mary, la madre; José Pedro Carrión como Jamie, el hermano mayor, y Alberto Closas como James, el padre.

Ahora, en el nuevo montaje que levanta Ernesto Caballero y que recalará en más de treinta ciudades tras su estreno en el Palacio de Festivales de Cantabria (25 y 26 de septiembre), será Hipólito el que encarnará al patriarca de los Tyrone. "Largo viaje hacia la noche supuso un antes y un después en mi trayectoria profesional", explica a El Cultural el intérprete."Desde entonces, siempre acaricié la posibilidad de hacer el papel del padre. Admiré mucho el trabajo de Alberto Closas durante mi primer contacto con la obra. Fue alguien importante para mi carrera, así que esto es un pequeño homenaje para él".

Cuenta Hipólito que el germen de esta nueva producción está en un encuentro con Ernesto Caballero, "un tipo enormemente sabio" que ha conseguido construir "una versión modélica, condensando toda la historia en menos de dos horas y, aun así, manteniendo la esencia. Consigue conectar con el espectador hasta el punto de hacerle olvidar que está sentado en la butaca. Ese es el fin último del teatro".

Nada más comenzar la llamada telefónica con El Cultural, Ernesto Caballero confiesa que no tuvo que pensárselo mucho cuando se le abrió la posibilidad de trabajar con el texto de O’Neill: "Es una obra a la que siempre he tenido muchas ganas. Es un clásico contemporáneo en el que se disecciona de manera magistral algo eterno como es la familia", alega.

Un momento de 'Largo viaje hacia la noche'.

Un momento de 'Largo viaje hacia la noche'. Antonio Castro

En Largo viaje hacia la noche, O’Neill narra la historia de una familia empecinada en aparentar y convencerse de que todo va bien. Nada más lejos de la realidad: la madre, morfinómana, acaba de volver de una clínica de desintoxicación; el hijo pequeño padece una enfermedad respiratoria que resulta ser tuberculosis... A lo que se le suman todos esos resquemores que se acumulan a lo largo de los años.

"Son una familia que se defiende de forma activa y denodada de su propia disolución —plantea Caballero—. Cada uno lucha a su manera por mantener a flote una estructura que una vez les protegió, les dio cobijo, identidad y futuro. Pero lo cierto es que ya no les une un deseo común, sino un miedo compartido. Y los miedos no son suficientes para forjar nada. Es miedo a la soledad, al fracaso y sobre todo a reconocer que el proyecto que los organizaba ha dejado de existir".

"Los personajes son una metáfora de la sociedad contemporánea: seguimos funcionando por inercia". Ernesto Caballero

El texto es, por cierto, el más autobiográfico de la dramaturgia de O’Neill. A propósito de esto, Caballero lo califica como "exorcismo familiar". El autor estadounidense, como Edmund, su trasunto, sobrevivió a la tuberculosis y era periodista y escritor. Era, además, el pequeño de la familia. No es coincidencia tampoco que el padre del nobel, James O’Neill, comparta nombre con el personaje interpretado por Carlos Hipólito. En ambos casos, nos encontramos ante actores de teatro obsesionados con el dinero que crecieron en la pobreza.

Era, en fin, una obra tan íntima que el dramaturgo puso como condición sine qua non para su publicación que se representara únicamente cuando él ya hubiera fallecido. Y así se hizo: O’Neill murió en 1953, y Largo viaje hacia la noche se estrenó en Suecia tres años después, en 1956.

Para el director de este nuevo montaje que también se podrá ver en La Abadía (del 27 de noviembre al 3 de enero), hay un paralelismo entre las dinámicas de esta familia desestructurada y nuestro presente: "La relación de estos personajes es una metáfora perfecta de la sociedad contemporánea. En ambos casos continuamos funcionando por inercia, protegiendo nuestros relatos fundacionales aunque estos ya no sostengan la vida. Ahí es donde quería incidir, en la pregunta: ¿qué ocurre cuando un grupo humano insiste en permanecer unido sin compartir un futuro?".

Según Caballero, el resultado es que "se genera una esquizofrenia colectiva en la que se vive en un pasado nostálgico supuestamente luminoso".

Durante el desarrollo de la historia, todas las ficciones con las que los personajes se han explicado su pasado y presente familiar comienzan a desmoronarse. El motor principal de este cambio es la negativa de Mary, la madre, a vivir en una mentira: "Como un Quijote moderno, femenino y americano, termina imponiendo su realidad. Es el único miembro de la familia que desde el primer momento dice: 'Esto no es un hogar, y yo no soy la que vosotros pensáis, no soy ese personaje que me estáis construyendo sin permiso'".

Detalla Caballero que la escenografía, firmada por Paco Azorín, enfatiza esa sensación de que los personajes están viviendo en una ficción y que la casa no es, por tanto, más que un decorado. "Es un espacio escénico de varios niveles donde hemos trabajado con la idea de que es un territorio de la memoria, no realista, como una balsa a la deriva en el mar. La casa está junto a la costa, así que el océano aparece representado en una gran gasa con el mar pintado".

La iluminación también es un elemento fundamental en la obra. "A medida que el día avanza, todo se vuelve más poroso. Anochece tanto en el exterior como en el interior de los personajes. Cuando la luz se apaga, también lo hacen las creencias artificiales de los Tyrone".

Acompañando a Hipólito, el reparto lo completan Mapi Sagaseta (Mary), Álex Villazán (Edmund) y Nicolás Illoro (Jamie). "Un póker de ases", en palabras del director.