Un momento de la obra de teatro 'El Borbón rojo'. Foto: Miguel Balbuena
Ignacio Amestoy estrena 'El Borbón rojo', la historia del rey que no reinó y pactaba con comunistas
Ainhoa Amestoy, hija del dramaturgo y periodista, dirige la obra basada en la vida de Juan de Borbón en el Teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes.
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Desde hace más de diez años, el dramaturgo y periodista Ignacio Amestoy ha convertido la historia reciente de la monarquía española en materia teatral. Su investigación sobre los últimos Borbones dio lugar a la tetralogía Todo por la corona, un conjunto de obras en las que recorre las vidas de Alfonso XII, Alfonso XIII, Juan de Borbón y Juan Carlos I, personajes marcados por las tensiones políticas, históricas y personales de cada época.
Ocupando el tercer lugar de la tetralogía, El Borbón rojo narra la "larga jornada del Conde de Barcelona" (así subtitula la pieza). De los cuatro protagonistas, llama la atención porque es el único que fue hijo de rey, padre de rey, pero nunca llegó a ser rey. Ahora, el Círculo de Bellas Artes presenta el montaje armado por Ainhoa Amestoy, hija del dramaturgo, y protagonizado por Ernesto Arias y Borja Cortés.
Para Amestoy, que su hija se encargue de la puesta en escena supone “un honor” que se une a una trayectoria conjunta tras la vinculación de ambos a la gestión cultural y la enseñanza teatral, especialmente en la Real Escuela de Arte Dramático de Madrid. El dramaturgo destaca que Ainhoa “es una profesional fabulosa”, que ya llevó a las tablas otra obra escrita por él, Lope y sus Doroteas.
Amestoy asegura que su concepción del teatro se apoya en "la libertad y la verdad" como los dos principios fundamentales. Una visión que, según explica, procede en parte de su experiencia como periodista y de su interés por el teatro documento, género que ha cultivado durante toda su carrera y que también configura su tetralogía sobre los Borbones.
El dramaturgo define el teatro como “una mentira que tiene que ser verdad”. En esa búsqueda también reconoce la influencia de su maestro Miguel Narros, de quien tanto él como Ainhoa fueron alumnos. Narros les enseñó, según Amestoy, “a hacer teatro en libertad y a perseguir la verdad tanto en el texto como en la interpretación de los actores”.
Escena de 'El Borbón rojo'. Foto: Miguel Balbuena
La figura de don Juan de Borbón es, para Amestoy, la más apasionante de toda la tetralogía. Frente a las historias de Alfonso XII, Alfonso XIII y Juan Carlos I, donde aparecen complejas “triangulaciones” amorosas con figuras como Elena Sanz, Carmen Ruiz Moragas o Corinna, el Conde de Barcelona se caracteriza por una vida de renuncia y espera.
“Su vida fue como un vía crucis”, explica. En la obra, con un marcado carácter onírico, retrata esa trayectoria pautada por las horas canónicas de la Iglesia, desde “el pudridero donde espera su paso al panteón de los reyes”. El conflicto dramático de don Juan estuvo determinado por su enfrentamiento con Franco y, posteriormente, por la complicada relación política con su propio hijo, Juan Carlos I.
Amestoy recuerda que el Conde de Barcelona defendió una restauración monárquica vinculada a una democracia parlamentaria y representativa. Aunque Juan Carlos fue proclamado rey tras la muerte de Franco, don Juan esperó hasta que Adolfo Suárez convocó elecciones democráticas para abdicar en favor de su hijo. Por ello lo denomina “Juan III”, el monarca en la sombra que nunca llegó a reinar.
Un momento de 'El Borbón rojo'. Foto: Miguel Balbuena
El título de la obra, El Borbón rojo, nace precisamente de esa posición política singular. Según Amestoy, don Juan buscaba una restauración que acercara España a las democracias europeas, frente al continuismo dictatorial ordenado por Franco. Ese camino le llevó a dialogar con sectores de izquierda, socialistas y comunistas, llegando a sentirse más respaldado por ellos e incluso aceptando la posibilidad de que hubiese un referéndum entre monarquía y república si se respetaban las reglas democráticas. Esa actitud, añade, estaba relacionada con una idea de libertad adquirida durante su formación en Inglaterra y Suiza y su paso por la Marina Británica.
Para aligerar la carga histórica en la que se apoya la narración, Amestoy introduce a un personaje fundamental en esta tetralogía, que presenta los hechos y aporta una mirada humorística. Francesillo de Zúñiga fue bufón y cronista en la corte de Carlos V y en esta historia sirve como una especie de guía para el personaje de Don Juan. Sin embargo, es más que eso. Amestoy da importancia a su labor como periodista y reconoce que hay algo de él mismo en el personaje (incluso llegó a usar su nombre como pseudónimo), un alter ego capaz de recorrer la historia española desde el siglo XVI hasta la actualidad.
Ignacio Amestoy. Foto: Casa del Lector
Su presencia en la obra, que se representará los días 25, 26 y 27 de junio en el teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes, introduce una “distanciación brechtiana” que ayuda a conectar la historia con el espectador. El objetivo de Amestoy es dirigirse a un público activo, “a un espectador ciudadano, implicado y formado, no a un mero consumidor”.
Después de años estudiando la monarquía española, el dramaturgo asegura que su interés principal sigue siendo la historia de España. Ha escrito sobre figuras como Dionisio Ridruejo (Una pasión española) y sobre el conflicto vasco en obras como La última cena, porque considera que todos esos episodios forman parte de una misma memoria colectiva.
Sobre los Borbones, su conclusión es que el motor de sus vidas ha sido ese “todo por la corona”, una entrega personal a una institución enfrentada constantemente a circunstancias históricas complejas. Respecto al presente, Amestoy reflexiona sobre el papel de Felipe VI y si podrá “consolidar esa monarquía parlamentaria con la auctoritas que le corresponde”. Eso sí, no cree que escriba la siguiente entrega sobre el monarca actual, ya que dice que “para el teatro se necesita un conflicto, y no lo veo en Felipe VI”.
Escena de 'El Borbón rojo'. Foto: Miguel Balbuena
La función del teatro en la sociedad actual sigue siendo, para Amestoy, una cuestión central. Defiende que debe buscar “la anagnórisis (el reconocimiento de la culpa en los personajes) y la catarsis en el espectador”. Su referencia sigue siendo Antonio Buero Vallejo, de quien fue discípulo, y cuya influencia resume en una idea: "El teatro debe conservar su capacidad de interpelar a la sociedad".
Con El Borbón rojo, Amestoy vuelve a uno de sus grandes temas, la historia como escenario de conflictos humanos y políticos. Una historia, en este caso, donde quien es legítimo heredero de la corona verá su deseo de ceñirla truncado.