Oriol Pla en 'Gula'. Foto: Clàudia Serrahima

Oriol Pla en 'Gula'. Foto: Clàudia Serrahima

Teatro

'Gula': Oriol Pla se come el escenario tras triunfar en los Emmy

Tras el éxito de 'Travy' y el Premio Emmy Internacional al mejor actor por 'Yo, adicto', presenta en el CDN el espectáculo que ha creado junto a Pau Matas sobre la ambición y el vacío.

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Viéndolo desde fuera, parece que a Oriol Pla (Barcelona, 1993) nada le es suficiente. Tras sorprendernos con su brillante Travy, y después de hacer historia con el primer Emmy internacional para un español por Yo, Adicto, el actor catalán se da todo un atracón en Gula.

No hay tope, al menos, para su ambición escénica a la hora de desplegar historias y lenguajes artísticos posibles: danza, teatro y performance. Slapstick y clown. “No para, no para. Quiere saborearlo todo. Y salta, superficialmente, por encima de las cosas”, reza la sinopsis de esta obra.

Dicho y hecho, solo sobre el escenario, Pla lo engulle todo en 120 minutos. Para ello, como ya hiciera en Travy, donde homenajeaba la historia de su propio relato familiar, vuelve a aliarse con Pau Matas Nogué –artífice, además, de la música en directo–, en una pieza que los dos escriben y dirigen.

Se trata, en esta ocasión, de una crítica al consumo compulsivo y a la insatisfacción permanente que evidencian nuestra incapacidad de afrontar el vacío existencial.

“La idea de hablar de la gula nace de la necesidad de poner énfasis en aquello que nos corrompe”, señalan ambos. “Tenemos la sensación de que vivimos en una sociedad que no confía ni en el poder, ni en los bancos y gobiernos que lo gestionan. De puertas afuera todo el mundo dice que actúa de la mejor manera, nadie asume errores; pero el vicio y la avaricia están por todas partes”.

Antes de entrar en materia sobre el pecado de la gula, Pla hace un ejercicio de solicitud de indulgencias encadenadas, por sus posibles faltas: pide perdón a su padre Quimet Pla, uno de los fundadores de la compañía Comediants, a su madre Núria Solina, violinista y actriz, a los mimos, a los cantantes e, incluso, a las palabras.

Acto seguido, su personaje se pelea con una máquina expendedora en la que se ha quedado atascado el único producto que desea –ya se sabe, aquello que no se puede tener...–.

No hay tope para la voracidad escénica de Pla. Danza, teatro, 'slapstick' y 'clown'... El actor lo engulle todo en 120 minutos

La gula, insisten, nos corrompe. “Es sinónimo de saborear sin digerir. En un sentido más amplio quiere decir tomar del mundo solo los aspectos excitantes y sabrosos. Evitamos el contacto con la sensación de vacío llenándonos la boca de placeres y estímulos”.

Presentado en Temporada Alta en 2024, tras su exitoso paso por el Teatre Nacional de Catalunya, este montaje, que aterriza en el Valle-Inclán de Madrid hasta el 15 de febrero, nos habla, además, sobre salud mental y sobre las trampas evidentes de las redes sociales, que exhiben unas vidas a todas luces inalcanzables.

“Nos perturban, nos hacen testigos del goce (real o inventado) de los otros: éxitos alcanzados, viajes, trabajos apasionantes, casas preciosas. Se impulsa la carrera por ser lo que no somos”.

La voracidad insaciable de la gula nos acaba consumiendo. “Por eso hay que detenerse, superar el miedo, las trampas, el pánico, la necesidad constante de una respuesta. Y, por eso, es difícil, mientras no dejemos de engullir, encontrar las palabras adecuadas para comunicarnos. Es la tragedia del clown”, concluyen.