Teatro

X Premio Valle-Inclán

El galardón, dotado con 50.000 euros y patrocinado por la Fundación Coca-Cola, se falla el próximo lunes

8 abril, 2016 00:00

El Premio Valle-Inclán cumple este año una década impulsado por la efervescencia creativa del sector. Cervantes -en plena conmemoración del 400 aniversario de su muerte-, Dostoievski, García Lorca, Calderón de la Barca, Eurípides, Sófocles y Séneca son algunos de los clásicos que nos salen al paso en una edición que reúne también la dramaturgia más joven y actual. En este variado, sabroso y renovado menú de la escena madrileña nos encontramos a los 12 finalistas de este año (entre autores, actores y directores) que optan al premio concedido por El Cultural de El Mundo y patrocinado por la Fundación Coca-Cola. Un jurado presidido por el jurista y dramaturgo Antonio Garrigues Walker elegirá este lunes, mediante el método Goncourt, al ganador de los 50.000 euros y la estatua de Víctor Ochoa con que está dotado el galardón. Aquí están las claves de su excelencia. Suerte a todos.

Israel Elejalde. Actor. La clausura del amor

La verdad sobre el escenario

Foto: Josep Aznar

1. UN TERRITORIO INEXPLORADO. La clausura del amor es uno de los experimentos escénicos más atractivos de los últimos años. La obra de Pascal Rambert se convertió en un laboratorio sobre el que descansaba una diagonal de enfrentamiento formada por Israel Elejalde y Bárbara Lennie. Ambos se despellejaron dialécticamente en riguroso orden de intervención (de 60 minutos cada uno para exponer tormentos, traiciones y recuerdos). Un amor fracasado, una culpabilidad compartida y un territorio inexplorado en el que no faltaron elementos para la reflexión como el coro infantil o la transubstanciación final.

2. EXHIBICIÓN, CARÁCTER Y FIRMEZA. Elejalde mostró en este montaje su capacidad para adaptarse a todo tipo de registros. Sus recursos parecen inagotables (como ya demostró a las órdenes de Miguel del Arco en El misántropo o, más recientemente, en el Hamlet ). No resulta sencillo mantener el tipo en un escenario-tatami en el que solo caben palabras arropadas por muy pocos gestos, en una economía interpretativa basada en la contención, en la visceralidad y en el efectismo de un relato sólo comparable a los disparos de un rifle. Una exhibición de carácter.

3. LA CLAUSURA DE LA MEDIOCRIDAD. Después de contemplar la dosis de realidad escénica suministrada por Elejalde y Lennie (nada amable, nada sencilla, nada evasiva) el telón invisible de los Teatros del Canal cayó sobre nuestras conciencias y descubrimos el ADN de los sentimientos, el alien con el que construimos nuestras parejas y alimentamos las emociones afectivas. Elejalde mostró puro teatro, pura intuición prácticamente sin movimiento. Solo con cambios de tono. Calor y frío en un duelo en el que los dos personajes terminaron encumbrados por su propia verdad.


Alfredo Sanzol. Director. Edipo Rey

Los griegos, en manos de un maestro

Foto: Javier Naval

1. EL REY MIDAS. Hay un nombre en nuestro teatro reciente que todo cuanto toca, dirige o escribe se convierte en oro. La cartelera ya no se entiende sin las entregas de Alfredo Sanzol, que con su particular mirada, basada en un humor irónico, casi surrealista, y unas experiencias personales muchas veces traumáticas, ha construido una forma de implicar al espectador realmente original. Si opta este año también al Premio Valle-Inclán (con esta es la tercera) es por su labor como director en Edipo Rey, el texto de Sófocles con el que inició su periplo el Teatro de la Ciudad y que rescató de un antiguo montaje, Como los griegos.

2. EN LOS EXTREMOS FÍSICOS Y PSICOLÓGICOS. A través de la necesidad de saber la verdad, el imposible control absoluto del destino y la búsqueda de su propio origen, Sanzol armó la historia de un hombre que al investigar un crimen, descubre que él es el asesino de su padre y el amante de su madre, llevando hasta el extremo los límites físicos y psicológicos del personaje, que ve cómo se derrumban las columnas del entendimiento humano. Edipo descubrirá que su grandeza tenía pies de barro. Que su historia es la del hombre que lo era todo, y en realidad era menos que nada. La historia de un hombre que por salvar a la ciudad se hundió a sí mismo. La historia de un hombre que al descubrir la verdad decidió no volver a ver la luz.

3. PREGUNTAS CON RESPUESTAS COMPLEJAS. El montaje de Sanzol nos dejó varias preguntas: ¿somos responsables de nuestros actos aún cuando no somos conscientes del daño que hacen? ¿Hasta dónde llega nuestra libertad? Sanzol vino a decirnos que si responsabilizamos a Edipo de su tragedia entonces lo veremos como un demonio, pero si la mirada es de compasión entonces puede cambiar radicalmente esa percepción. Así es el teatro de Sanzol, así la mitología interpretada por un maestro.


Aitana Sánchez-Gijón. Actriz. Medea

Una madre coraje que nos emocionó

Foto: Luis Castilla

1. DESGARRO, EXCELENCIA, DOLOR... Pocas medeas como la que llevó Aitana Sánchez-Gijón al escenario de La Abadía. Racial, valiente, digna, doliente y sincera, supo dotar al mito de una dimensión desconocida. El clásico visto por Séneca y dirigido por Andrés Lima elevó su mensaje gracias al trabajo de la actriz, que se desnudó en cuerpo y alma para gritar su desgarro y demostrar su excelencia interpretativa, cada vez más depurada.

2. UNA GRAN DAMA DE NUESTRA ESCENA. De este proyecto, nacido de los laboratorios del Teatro de la Ciudad, Sánchez-Gijón sale encumbrada como una de las grandes damas de la escena española. De un texto tan crudo, de un personaje tan complejo y de una tragedia tan sangrienta o se fracasa o se sale por la puerta grande. Nuestra actriz ha puesto el listón muy alto gracias también a la puesta en escena de Andrés Lima, que esta vez se tiró además al barro, literalmente, de la interpretación.

3. LA HIPNOSIS DEL ATREVIMIENTO. El mensaje que nos transmite la Medea de Aitana Sánchez Gijón se encuentra resumido en la frase "No hay mayor dolor que el amor". Y así nos lo mostró la actriz con sus movimientos desesperados, con sus contorsiones provocadas por el dolor de verse abandonada por un Creonte insensible e insaciable de poder. Medea es la encarnación del atrevimiento, dirige sus palabras directamente a nuestras heridas y nos enfrenta a nuestros terrores. También al dolor que surge de nuestra experiencia vital. Esta Medea nos dió miedo, pero no pudimos dejar de contemplar su belleza rota y su madurez mancillada. Puede que esta Medea cuestione la idea de virtud de Séneca pero su atracción hipnótica nos hizo adorarla. Sin darnos cuenta, descubrimos que no podíamos dejar de compartir su tragedia. Como tampoco pudimos ocultar nuestra emoción.


Irene Escolar. Actriz. El público

Hacia el mundo onírico de Lorca

Foto:

1. MATICES INFINITOS. Hondura y autencidad. Son dos virtudes difíciles de proyectar sobre las tablas. Más si el sentido del texto manejado no es perceptible por la vía racional. Como es el caso de El público de Lorca. Pero Irene Escolar se creció en ese desafío y sacó la amplia paleta de matices interpretativos que ya acumula, a pesar de su juventud. Estuvo impresionante en los diversos roles que afrontó: como Julieta, como Estudiante 3 y como madre de Gonzalo (interpretado por David Boceta).

2. RIESGO Y ENTREGA ABSOLUTA. Fue la cómplice idónea para la experimentación vanguardista de Rigola, que exige a sus actores traspasar los registros habituales. Asumió los riesgos y trascendió los pudores para encararse con la verdad onírica de Lorca, sin miramientos ni concesiones. La suya fue una lección de entrega y profesionalidad sobre las tablas. Otra más.

3. JUVENIL MADUREZ. No hay duda de que Irene Escolar es una de la actrices con mayor proyección de nuestra escena. Su trabajo en El público afianza y catapulta una inercia clara hacia la gloria. No parece que el éxito y los elogios extravíen su mente, volcada en el oficio de actuar, que ejerce como un sacerdocio. No puede ser de otra manera proviniendo de una de las sagas de cómicos más señeras del país. De su madurez juvenil hemos tenido pruebas sobradas: Agosto, La chunga, El cojo de Inishmaan...


Gerardo Vera. Director. Los hermanos Karamázov

Encarado con Dostoievski

Foto: SEN

1. SABIA BATUTA. Encabezó una de las empresas más desemesuradas del año pasado. Nada menos que darle forma escénica a las más de mil páginas de Los hermanos Karamázov, última novela escrita por Dostoievski, lo que le estampó un poso testamentario. El autor de Crimen y castigo destiló en esa narración sus obsesiones y sus maldiciones: el perdón y la culpa, la enfermedad, la paternidad, la existencia de Dios, el nihilismo destructivo... Material inflamable al que Gerardo Vera aplicó su sabia batuta para ‘coreografíar' un reparto de 12 actores y sustanciar (sin alterar) la trama hasta dejarla en un ‘metraje' digerible para el inquieto público contemporáneo. Clave fue también la adaptación de José Luis Collado.

2. NITIDEZ Y DESPOJAMIENTO. Vera se apartó del costumbrismo ruso, en el que no falta el consabido samovar. Su espacio escénico apostó por la nitidez y el despojamiento. Funcional y eficaz. Sobrio sin faltar a sus querencias estéticas. Y el tono y el mensaje trascendía la oscuridad y la crudeza de una historia jalonada de traiciones y capítulos de violencia enajenada. "En Los hermanos Karamázov hay soterrada una gran comprensión del ser humano. Quería abrir una rendija de esperanza para que tanta negrura no termine apabullando al espectador", explicaba a El Cultural.

3. AURAS ELÉCTRICAS. Llevaban años queriendo trabajar juntos pero no conseguían sincronizar sus agendas. Al final lo consiguieron y, juntos, Vera y Echanove, se veían en los días previos al estreno envueltos en un aura de creativa electricidad. Motivados al mil por mil. Esa energía pretende seguir fluyendo en otros proyectos conjuntos.


Àlex Rigola. Director. El público

Sobre el alambre surrealista

Foto:

1. SIMBOLISMO. Atrevimiento artístico. Eso era lo que hacía falta para embarcarse en el texto más críptico de Lorca, a cuya complejidad simbólica se suma su carácter inconcluso. Además, sobre Rigola también ‘pesaba' la versión de Lluis Pasqual, hito de nuestra escena. Él buscó su ruta personal, guiado por su intuición y su costumbre de retarse continuamente. Y firmó un artefacto mistérico y de tremenda potencia surreal cuya onda expansiva alcanzaba el universo de David Lynch.

2. EN LA PSIQUE LORQUIANA. Su pretensión era introducir al público directamente en la mente de Lorca en un momento de convulsiones estéticas y emocionales: el poeta y dramaturgo había triunfado con dramas costumbristas pero sabía que su teatro debía ir más lejos. También su identidad sexual le colocaba en una posición incómoda dentro de una sociedad conservadora. Rigola hacía emerger todo esos tormentos y obsesiones en su puesta en escena.

3. BELLEZA FRAGMENTARIA. El director barcelonés caminó con este montaje hacia el teatro que preconiza desde la Bienal de Venecia: las artes escénicas se hibridan, la narración se fragmenta hasta lo caleidoscópico y una investigación reposada fermenta el montaje.


Fernando Arrabal. Autor. Pingüinas

Un pingüino surreal y cervantino

Foto: LIS

1. TEXTO COÑÓN Y MACANUDO. La dramaturgia de Arrabal no termina de calar en la cartelera española. Un error de estrategia de nuestros programadores (públicos y privados). Su vanguardia pronto será la de un clásico. Si no lo es ya. Un sabio que destila su sapiencia a través de códigos surreales, oníricos, satíricos, cachondos, pánicos y, por encima de todo ello, arrabalianos. Pérez de la Fuente se ha empecinado en que España no pierda el paso de su dramaturgia. Es su máximo valedor. Por eso le puso su nombre a una de las Naves del Matadero y por eso le viene escenificando recurremente en las últimos años: El cementerio de automóviles, Carta de amor (Como un suplicio chino), Dalí versus Picasso y, finalmente, Pingüinas, que, como decía García May es un "texto coñón y macanudo, a medio camino entre la erudición autista y el despiporre".

2. GIRÓVAGAS SENSUALES. Arrabal, en mitad de fastos alicaídos y efémerides rimbobantes, se sacó de la manga una reivindicación galáctica y mística de Cervantes, fuera del acartonamiento oficialista y el discurso ad hoc. El suyo emergía pleno de referencias cervantinas y hallazgos dalinianos, puesto en boca de Ana Torrent, María Hervás, Marta Poveda y Lara Grube, un coro de pingüinas moteras que, por momentos, mutaban en danzantes giróvagas.

3. ESENCIA QUIJOTESCA. Para Arrabal la esencia quijotesca está en la libertad: "Cervantes nos permite soñar con ayer para comprender el hoy. Mantuvo siempre la intratable voluntad de decir no. Las novelas de caballerías pasaron a la historia. Este desfase actualiza El Quijote".


Ana Belén. Actriz. Medea

Poderosa y mítica

Foto: David Ruano

1. SOFISTICADA, SINCERA... A estas alturas es difícil añadir algo a la brillante trayectoria de Ana Belén sobre las tablas. Sí cabría decir que crece y culmina cuando se asocia con el director José Carlos Plaza o cuando interpreta, como es el caso, una versión realizada por Vicente Molina Foix -con ecos de Eurípides, Séneca y Ovidio, entre otros-. Con motivo de su presentación en el Festival de Mérida, aunque viajó después al Español de Madrid, declaraba a El Cultural que su personaje tenía multitud de aristas. Todas ellas quedaron reflejadas en un trabajo sofisticado y de alta tensión dramática. Todas ellas nos ofrecieron una nueva cara del personaje.

2. SENTIMIENTO DE DOLOR. Ana Belén se nos presentó como una Medea que deja de ser madre para convertirse en mujer, habla consigo misma e intenta acabar con su versión tierna, delicada y maternal. Al final se rinde al sentimiento de dolor y ultraje que ha sufrido como mujer, como emigrante y como persona.

3. UN EQUILIBRIO DIFÍCIL. Su trabajo, su capacidad de meterse en esa difícil psicología, resultó indispensable para profundizar en su relación con Jasón. Al adentrarse en sus vericuetos, Eurípides rompió en la época el equilibrio entre el mundo masculino y el femenino. Medea se enamora de él, que no era un personaje importante entre los Argonautas, y lo convierte en alguien poderoso y mítico. Por eso su traición es tan desgarradora y por eso se va desquiciando a medida que avanza la obra. Imprescindible.


Carmelo Gómez. Actor. El alcalde de Zalamea

Carne y voz frente a la injusticia

Foto: Bernardo Díaz

1.‘CAREOS' VIRILES Y TRONANTES. Helena Pimenta necesitaba un naipe ganador para reabrir el Teatro de la Comedia, trece años eternos después de su cierre por motivos de seguridad. ¿Y qué mejor que levantar El alcalde de Zalamea, el clásico de nuestro Siglo de Oro con más gancho para movilizar, masivamente, al público contemporáneo? Su montaje cuajó, con llenazos sucesivos, en los que tuvieron mucho que ver los ‘careos' viriles y tronantes de Joaquín Notario (Don Lope de Figueroa) y Carmelo Gómez, el dignísimo edil calderoniano.

2. ENCARNAR LA HONRA. El actor llevaba años alejado de las tablas pero decidió volver a ellas de la mano de Pimenta, que le puso una sexta marcha a la trama y colocó a los personajes en mitad de un espacio telúrico (acababa rajado, manchado, cual cuadro de Tàpies). En la piel de Crespo, enarboló su revancha contra la soldadesca real: con tesón, casta y rabia (también golpes de humor). Gómez hizo bandera de la honra y la justicia, más solemnes si cabe gracias a la gravedad de su timbre.

3. ESCUDOS VACÍOS. "Crespo es un personaje que se adelanta a su tiempo, un hombre que quiere ser villano y no otra cosa, en una época en que los nobles se empeñan en defender el escudo del portalón de sus casas, en cuyo interior no hay nada", explicaba antes del estreno. La composición del alcalde extremeño fue probablemente su trabajo teatral más redondo y pleno.


Santiago Sánchez. Director. La Crazy Class

Teatro en vena

Foto: L'Om Imprebís

1. UN HOMENAJE A LAS TABLAS. No es la primera vez que Santiago Sánchez opta al Valle-Inclán. Por algo será. Es uno de los directores más regulares y de mayor nivel que tenemos en nuestras tablas. Acudió a la terna del premio más prestigioso de nuestro teatro por Transición y Decamerón negro. Ahora lo hace con La Crazy Class, obra que subió a los Teatros del Canal como un auténtico homenaje a las tablas.

2. SENSACIONES REALES. El director sitúa la historia en un centro cultural donde se desarrollan unas clases de teatro. En una de ellas surgen reflexiones como dónde termina el personaje y empieza el actor, o cómo el teatro, siendo una ficción, provoca sensaciones reales. Escenas de Cyrano de Bergerac, La vida es sueño, Tres hermanas, Casa de Muñecas, Romeo y Julieta, Hamlet y El mercader de Venecia sirven de hilo conductor de una trama en la que se cruza la vida personal de los alumnos...

3. LUCES, TELONES, MÚSICA, BAILE... Sánchez mostró, con L'Om Imprebís, un espectáculo en el que se ve desde dentro lo que el público nunca puede presenciar: el juego del teatro, las luces, los telones, los cambios de personajes, la música, el baile…, todo a un ritmo trepidante. Michel López, Santiago Sánchez, Carles Castillo y Carles Montoliu, tras recorrer el mundo improvisando, se decidieron a escribir una obra única y sorprendente. El resultado, una peculiar y divertida exhibición de docencia donde surgieron personajes para la historia.


Alberto Conejero. Autor. La piedra oscura

Lorca iluminador

Foto: AC

1. CONMOCIÓN MASIVA. La piedra oscura ha disparado en el mercado escénico la cotización de Alberto Conejero, hoy uno de los autores más demandados y programados. El éxito de esta obra sobre los días finales de Rafael Rodríguez Rapún obligó al CDN a reponerla en el María Guerrero. Las entradas volaron cual concierto de Springsteen. Al final de la obra había que ver a los espectadores conmovidos, algunos hasta las lágrimas. El montaje armado por Pablo Messiez tensó todas las fibras sensibles.

2. EL AMANTE LORQUIANO. El texto destila su investigación sobre Rapún, al que siguió los pasos durante años. Se centra en su reclusión en un penal de Santander, malherido tras ser alcanzado por las bombas de la aviación fascista. En la conversación con su imberbe vigilante aflora un personaje que no responde al cliché: "Hay que ir más allá de la manida estampa de un Lorca lloroso por los desplantes de Rapún. Reducir una relación tan intensa y compleja a ese retrato es faltar a la verdad. Porque también fueron el uno para el otro y compañeros de caminos teatrales y literarios".

3. LUZ POÉTICA. La piedra oscura de Conejero ilumina porque se apropia de la luz de Lorca, quien, a su vez, se la entregó a Rapún durante sus amoríos a contratiempo. A lo largo de esa noche eterna, desángrandose en un sucio camastro, es la que le redime y le abre una vía de esperanza: la que le marcan los manuscritos escondidos del poeta.


María Hervás. Actriz. Amnesia

Talento con paso firme

Foto: Teatro Solo

1. ACTRIZ DE RAZA. Descubrimos que había nacido para arrebatar desde las tablas en Confesiones a Alá, el monólogo en el que la escritora de origen argelino Saphia Azzaddine mira de tú a tú al dios musulmán. Intensidad plena, descaro voluptuoso y hondura desgarrada. Fueron las virtudes interpretativas que exhibió entonces y que la condujeron a su primera nominación para los Premio Valle-Inclán.

2. TEATRO SOLO. Ahora ha sido seleccionada por otro trabajo individual en sentido estricto, con un planteamiento y una ejecución más introspectiva o psicologicista. Amnesia era el título de la pieza que representaba para un único espectador. Era el modelo de función ideado por el autor argentino Matías Umpierrez, contiguo a la performance artística. La de Hervás era una de las cinco que se presentaron en distintos enclaves de Madrid: Museo Reina Sofía, la plaza de Lavapiés, el ayuntamiento y el metro.

3. PASO FIRME. Hervás jugó sus cartas en diversos espacios del Teatro María-Guerrero: camerinos, palcos, escenario, vestíbulo... El papel encomendado, una joven e insegura actriz en el trance de afrontar uno de sus primeros casting, tuvo que ser una regresión a alguna de sus vivencias primerizas en la profesión. Ahora camina con paso firme. Sobre las tablas también la vimos recientemente en la piel de una de las pingüinas arrabalianas, papel complejo que defendió con raza y talento. También va abriéndose hueco en la teleficción española.