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Jazz

Muere Pedro Iturralde, gigante del jazz español

El saxofonista y clarinetista, pionero del género en nuestro país, artífice de su unión con el folclore español y en activo hasta el final, ha fallecido a los 91 años

1 noviembre, 2020 12:29

El músico Pedro Iturralde (Falces, Navarra, 1929), gran decano del jazz en España, ha muerto este domingo a los 91 años de edad, según ha informado la SGAE a través de Twitter. Saxofonista y clarinetista, tuvo una larguísima carrera y siguió en activo hasta el final. De hecho, tenía programado un concierto para el próximo lunes 23 de noviembre en el festival JazzMadrid.

Iturralde fue junto con el pianista Tete Montoliu el pionero del jazz en nuestro país, y además suyo fue el mérito de fusionar este género con el flamenco, aunque no le gustaba hablar de "fusión" ni se reconocía en la etiqueta "jazz flamenco". Es cierto que en 1967 publicó un disco titulado precisamente así, Jazz flamenco, grabado con un jovencísimo Paco de Lucía y que dio nombre —a su pesar— a la fusión de ambos géneros. Aquella fórmula novedosa, exhibida por primera vez en el Festival de Jazz de Berlín, le valió a Iturralde el reconocimiento internacional, pero aseguraba el compositor que no se entendió bien en España. "Esto es algo que tengo que explicar bien. Lo que yo hice no era fusión de jazz y flamenco, porque si se unen, uno de los dos muere. De hecho yo quería llamarlo Andalucismos o algo así. Lo que hice fue darle estructura y armonía de jazz a las canciones populares andaluzas que recopiló García Lorca, como Anda Jaleo o El Café de Chinitas", declaró a El Cultural hace cinco años en una entrevista con motivo de los tres conciertos consecutivos que, a sus 86 años, iba a ofrecer en la sala Bogui Jazz de Madrid, que, como ha hecho hoy el maestro, se apagó y forma ya parte de la historia del jazz en nuestro país.

Ajeno al devenir comercial de la etiqueta jazz flamenco, Iturralde siguió adaptando al jazz obras populares de la música española, no solo de Andalucía, sino también de Cataluña, Galicia o Asturias, en discos como Etnografías. Y también lo ha hecho con la música de otros países. Una de sus primeras composiciones importantes fue Pequeña Czarda, de inspiración húngara, y tras vivir un año en Atenas compuso la Suite Hellenique. En 1999, el Ensemble Strumentale Scaligero, del Teatro de La Scala de Milán, la incluyó en el programa de uno de sus conciertos, junto a la Rhapsody in Blue de George Gershwin y Oblivion, de Astor Piazzolla. "Me invitaron al concierto y al acabar me subieron al escenario, me presentaron al público y me pidieron que tocara algo. Toqué mi Pequeña Czarda y rematé con Les feuilles mortesFue impresionante escuchar los aplausos del público, en La Scala suenan como un bombardeo. Aún conservo en casa el póster de aquel concierto", recordaba Iturralde en la mencionada entrevista.

El músico navarro hizo avanzar el panorama musical español también en el ámbito académico. Fue él quien, en 1973, dignificó la enseñanza reglada de saxofón solicitando al Ministerio de Educación la creación de una cátedra específica para dicho instrumento en los conservatorios superiores, pues hasta la fecha eran clarinetistas quienes daban las clases. Le hicieron caso, se presentó a la oposición y ganó la plaza. "Antes los clarinetistas odiaban el saxofón", decía Iturralde. Cuando decidió estudiar saxofón —se examinó por libre de toda la carrera en tan solo un año— le solían decir que era "un instrumento de negros y de payasos de circo".

Iturralde quiso dedicarse a la música desde muy pequeño. Su padre, molinero de profesión, era músico aficionado, pero creía que uno no podía comer de la profesión. Le enseñó a tocar el clarinete y el saxofón y con nueve años entró en la banda del pueblo. De ahí pasó a una orquestina de baile, y lo que se bailaba entonces era jazz. Porque no sólo se tocaban pasodobles en las verbenas de la época, como solemos pensar los que no la vivimos.

Así fue como conoció el jazz y ya nunca se separó de él, aunque reivindicaba una y otra vez que también era músico clásico. "Hay gente que, de hecho, me conoce por esa otra faceta. He tocado más de 40 obras con la Orquesta Nacional, ya que no hay saxofones fijos en las orquestas y cuando tienen que interpretar una obra con este instrumento tienen que contratar a alguien", explicaba el músico.

Pero es historia viva del jazz lo que llenaba los pulmones de Iturralde. Fueron los discos de Coleman Hawkins los que le hicieron amar esta música. "Fue el primer saxo tenor que consiguió improvisar bien, con mucho peso y un sonido magnífico", aseguraba. A los 15 años firmó su primer contrato musical. A los 18 hizo su primera gira europea enrolado en una banda. Luego conoció Argel, Túnez, Orán, Casablanca... "Allí me habría quedado si no hubiera sido porque tenía que hacer la mili y a mi padre le daba miedo que me declarasen prófugo". Estudió con una beca en la Berklee de Boston, una de las escuelas de música más importantes del mundo, y participó en la big band que formó la institución para conmemorar el bicentenario de la independencia estadounidense. Ha compartido cartel con Miles Davis, Thelonious Monk y Sarah Vaughan, escenario con Gerry Mulligan, Donna Hightower, Donald Byrd o el mencionado Tete Montoliu, junto a él, el jazzista español más importante de todos los tiempos.

Tiene algo de poético que la despedida de Iturralde sea en otoño. Solía acabar sus conciertos con Les feuilles mortes (Las hojas muertas), esa bella chanson de melodía nostálgica convertida en standard de jazz. Una banda sonora perfecta para este domingo, como homenaje a un maestro irrepetible.