Xoel López. Foto: Ernesto Artillo
'Oniria popular', lo nuevo de Xoel López: de los campos de Machado a las batallas cotidianas
El músico gallego, uno de los grandes referentes del pop independiente, vuelve a exhibir sensibilidad y elegancia en su decimoséptimo álbum.
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Viajar en coche o tren atravesando vastas planicies dispara el pensamiento. Los campos de Castilla, que hace un siglo inspiraron el célebre poemario de Antonio Machado, han propiciado el nuevo disco de Xoel López (A Coruña, 1977), el decimoséptimo de su carrera.
Oniria popular nació, explica su autor, “sin perseguirlo, como el buen amor”, en sus frecuentes trayectos entre Galicia y Madrid. No en vano, el disco comienza y termina con dos versiones de una canción titulada 'Campos de Castilla para siempre'.
El músico, figura fundamental del pop independiente que hasta 2008 firmó sus trabajos como Deluxe, exhibe una vez más sensibilidad, talento y elegancia en este nuevo proyecto, producido por él mismo junto a Adrián Seijas. Es un disco con una mezcla natural de las influencias absorbidas durante más de veinte años de carrera, y con un exquisito detallismo en los arreglos.
Lenguaje bélico
A sus 48 años, López aborda en las letras temas propios de esa etapa vital en la que el paso del tiempo empieza a resultar evidente y se hace balance del camino recorrido.
'La batalla', el mejor corte del disco, es una épica banda sonora para esos momentos en los que la vida se pone cuesta arriba, “cuando el peso es mortal, cuando todo te aplasta, pero has de seguir en la batalla”.
El lenguaje bélico asoma de nuevo en 'Sombras chinas': “Y todas mis batallas fueron una gran batalla, una única y gran batalla, que perdí para poder ganar”. En esta canción, escrita hace años tras una depresión, López rompe simbólicamente con sus referentes –Bob Dylan, Violeta Parra, Serrat, Janis Joplin, Bowie…– para encontrarse a sí mismo.
'Mundo flotante', que refuerza rítmicamente la sensación de viaje, es una crítica a un mundo contemporáneo donde prima lo impostado y lo superficial.
López se rebela también, en sintonía con los tiempos, contra el amor romántico en 'Cupido'. “No es que uno renuncie al amor, al contrario: es querer vivirlo sin idealizarlo”, aclara. Tronco y raíz, en cambio, es la celebración de una amistad duradera.
'Crujidos y fantasmas', escrita tras mudarse a una nueva casa y antes de acostumbrarse a sus ruidos extraños, es un buen ejemplo de esa fusión de influencias que apuntábamos. El propio autor reconoce ecos de El Último de la Fila, pero también se dejan sentir, quizá inconscientemente, los de The Cure o The Smiths.
'Monstruo final', la canción más luminosa y bailable del disco, nos anima a enfrentarnos con optimismo a los retos, a pasarnos la última pantalla del videojuego, a dar el salto definitivo hacia aquello que estamos a punto de conseguir.
La delicada 'Oniria', construida sobre arpegios de piano, arropada con cuerdas y con un tenue pulso rítmico, es una canción de amor que se va desperezando hasta construir un mundo ideal para “dos almas blancas” que discurren “por un mismo río”, antes de desvanecerse lentamente.
Desde ya y durante todo el verano, habrá ocasión de oír estas nuevas canciones en directo en numerosos festivales.