Justin Bieber durante su actuación en Coachella. Foto: YouTube / Coachella Live.

Justin Bieber durante su actuación en Coachella. Foto: YouTube / Coachella Live.

Música

Justin Bieber, la caída y resurrección de un ídolo adolescente: de meme de Internet a rey del Coachella

El cantante, que se convirtió en un fenómeno pop subiendo vídeos a YouTube, parece haberse reconciliado con su figura pública tras años encadenando polémicas.

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Justin Bieber (Canadá, 1994) conoce bien los peligros de la fama precoz, también de sus idas y venidas. El cantante canadiense tenía solo 12 años cuando su voz empezó a pulular por los entonces amables recovecos de Internet. Su madre empezó a compartir sus vídeos allá por 2007 y el contrato discográfico y el hit ('Baby') llegaron pronto.

Llevaba años renegando de la etiqueta de ídolo adolescente, encadenando adicciones, enfermedades y polémicas. ¿Cuándo se dio cuenta de que volver a YouTube le iba a salvar su carrera? El público lo descubrió durante su concierto en el festival Coachella, donde actuó por primera vez como cabeza de cartel.

Han pasado cuatro años desde que no daba un concierto de esas dimensiones, pero el éxito de sus dos últimos discos (SWAG y SWAG II, 2025) y conseguir de nuevo que una canción suya arrase en todas las listas de éxitos ('Daisies') le ha devuelto el trono que él mismo llegó a despreciar.

Sentado en una silla y poniendo sus antiguas canciones en el ordenador, así se pasó media hora del concierto en el festival californiano, donde volverá a tocar este sábado 18 de abril. Para algunos, la prueba de que un artista masculino puede llegar a cobrar 10 millones de euros haciendo el mínimo esfuerzo encima del escenario; para otros, la reconciliación definitiva de Bieber con su propia figura.

Si se compara su espectáculo con el de las otras dos cabezas de cartel, Sabrina Carpenter y Karol G, Bieber sale claramente perdiendo. Su show nada tiene que ver con la producción hollywoodiense de la cantante estadounidense, ni con el colorido y el exotismo con el que se celebró la cumbia y el reggaetón de la primera latina en encabezar el festival. Lo de Bieber, se quejaron algunos, fue más un karaoke, pero uno bien emocionante.

Hacía más de una década que no cantaba sus primeras canciones 'Favorite Girl', 'That Should Be Me', 'Beauty and a Beat' ni por supuesto 'Baby', uno de los vídeos más vistos de YouTube en su momento y símbolo del fenómeno Bieber. "¿Os acordáis de esta canción?", preguntó el cantante a sus fans, antes de poner él mismo desde su ordenador el videoclip en las pantallas del escenario principal. Sonriente, cariñoso, cercano; Bieber estuvo prácticamente media hora poniendo algunos de sus grandes éxitos desde YouTube.

Según el Daily Mail, Bieber habría recurrido a YouTube porque, al vender en 2022 su catálogo de más de 290 canciones anteriores a ese año a Hipgnosis Songs Capital por unos 200 millones de dólares, otros dueños ahora controlan buena parte de los derechos sobre sus primeros éxitos. Sin embargo, expertos en propiedad intelectual, con declaraciones recogidas en la revista The Verge, han asegurado que la venta no le prohíbe interpretar esas canciones en directo, sino que cambia quién se lleva los royalties y buena parte de los beneficios asociados a su explotación. Es decir, Justin puede hacer lo que quiere en el escenario, y este gesto autorreferencial hacia los beliebers y a su carrera parece venir por otra cosa.

El cantautor de 31 años se convirtió en uno de los primeros fenómenos musicales de Internet, la prueba viviente de que podías empezar a labrarte una carrera por ti mismo, con la simple ayuda de un ordenador. Cuántos artistas le han sucedido desde entonces subiendo versiones o sus propias composiciones a la red: Shawn Mendes, Dua Lipa o, en nuestro caso, Pablo Alborán o Guitarricadelafuente.

Todos ellos fueron descubiertos gracias a estos vídeos amateur a los que los fans volvían una y otra vez. Eran otros tiempos y Spotify todavía no había conquistado la soberanía de la música en streaming. Ahora, en cambio, parece que subir solo una canción a YouTube, o incluso dejarla fuera de las plataformas digitales, es de lo más disruptivo que un artista puede aspirar a hacer en la industria.

Bieber, como hijo pródigo de esa explosión de Internet, hizo de este regreso a los escenarios un viaje a través de su carrera, desde sus primeros éxitos hasta culminar con 'Daisies', acompañado del prodigioso guitarrista Mk.gee, que complació a unos beliebers a los que hace tiempo había decepcionado. "Es una noche sobre la que había soñado años", aseguró al terminar la actuación.

La historia del cantante canadiense no difiere tanto de la de otros muchos artistas que han crecido bajo el escrutinio mediático y han probado bien pronto los sinsabores de la fama. "Poco a poco se está convirtiendo en la Britney Spears de nuestra generación", lamentaban algunos fans, cuando hace solo un año el cantante empezó a publicar preocupantes fotos y vídeos en sus redes sociales, donde llevaba años siendo carne de meme.

Esta reciente etapa de enajenación pública, muy comparada a la protagonizada por Kanye West, no hizo sino reforzar las teorías sobre la caída en desagracia de Bieber, que ya tras el éxito de sus primeros discos My World (2009) y My World 2.0 (2010) se rebeló contra la imagen en la que la industria le había encorsetado.

Como le ocurrió en su momento a Miley Cyrus, quiso deshacerse del perfil infantil y dócil, que también usó la industria para sexualizarle ante el público femenino, y enseguida se convirtió en una estrella pop problemática: peleas con los paparazis, vandalismo y adicciones. En 2017, su carrera se detuvo cuando anunció el retraso de la gira Purpose por problemas de salud mental. El cantante reveló que sufría ataques de pánico, ansiedad y depresión, además de abuso de sustancias como el alcohol y las drogas.

Solo unos años después, en 2022, volvió a cancelar parte de otra gira (Justice World Tour), al anunciar que padecía el síndrome de Ramsay Hunt, una complicación del virus del herpes zóster que le produjo parálisis facial.

La cancelación de aquella gira, entre otras cosas, marcó el fin de la relación profesional entre Bieber y Scooter Braun, el mánager que lo descubrió y con el que había trabajado durante 15 años. Cabe recordar que Braun, ya retirado, fue el protagonista del sonado litigio con Taylor Swift por la compra de sus primeros discos.

Durante el concierto del Coachella, el cantante también puso uno de sus polémicos y virales vídeos donde se enfrenta a un paparazi: "Soy padre, soy marido. No lo estás pillando, no te estás enterando". Otra forma más de enfrentarse a un pasado con el que parece haberse reconciliado.