Un momento del ensayo general de 'Algarabía’. Foto: Raúl Villegas

Un momento del ensayo general de 'Algarabía’. Foto: Raúl Villegas

Escenarios

'Algarabía’: el flamenco y el mundo árabe se (re)encuentran en los jardines de la Alhambra

El Museo Universidad de Navarra acoge el estreno absoluto de este espectáculo que mezcla danza, música y poesía y conecta nuestra cultura con la de Oriente Próximo.

Más información: Malena Alterio y Carmen Ruiz, juntas en el Día del Teatro: "El escenario te da algo importante: la humildad"

A. Mora
Publicada

Del árabe hispano al'arabíyya, y este del clásico 'arabiyyah, proviene "algarabía", una palabra que en castellano antiguo se utilizaba para referirse a la lengua de los árabes, luego a cualquier idioma oscuro o incomprensible, y más tarde, al bullicio confuso de muchas voces a la vez. Con el tiempo, se le sumaron dos acepciones de tintes más optimistas: por un lado, la alegría ruidosa, la celebración compartida, por otro, el nombre de una planta silvestre cuyos ramos crecen en pareja.

Esa evolución semántica resume en sí misma la esencia de Algarabía, el nuevo espectáculo escénico y musical que el Museo Universidad de Navarra (MUN) acoge en su estreno absoluto los días 27 y 28 de marzo en Pamplona.

La obra, una coproducción del MUN junto a la Khawla Art & Culture Foundation y la Abu Dhabi Music & Art Foundation, quiere ser un ejercicio de entendimiento entre Oriente y Occidente, entre la tradición andalusí y la sensibilidad contemporánea. Es, además de un intercambio artístico, un proyecto de diálogo cultural que celebra la sabiduría de las artes como una forma de conocimiento y de encuentro. Algarabía busca, en palabras de sus promotores, "dar voz a nuestra humanidad compartida" y recordar que la belleza —como la flor que da nombre al espectáculo— puede brotar de dos ramas distintas.

La dirección escénica y la dramaturgia corren a cargo de Ignacio García y Jihad Mikhael, dos creadores habituados a conciliar lenguajes escénicos y tradiciones sonoras. El punto de partida musical es la obra de Manuel de Falla, figura central de la modernidad española y símbolo del encuentro entre la raíz popular y las vanguardias europeas. En 2026 se conmemora el 150 aniversario de su nacimiento, y Algarabía lo celebra recuperando fragmentos de algunos de sus títulos emblemáticos (La vida breve, Noches en los jardines de España, El amor brujo o El sombrero de tres picos), reinterpretados con nuevos arreglos.

Junto a Falla, la música del compositor emiratí Ihab Darwish añade un contrapunto de raíz oriental. Su trabajo orquestal se funde con la creación de Josema García Hormigo, responsable de una partitura que entrelaza gestos del flamenco y de la música árabe con estructura sinfónica. El resultado es un tapiz sonoro en el que se reconocen resonancias de dos tradiciones que comparten más de lo que se podría sospechar: el cante jondo y la maqām, el lamento andaluz y la escala árabe.

Ensayo general de 'Algarabía'

El apartado instrumental corre a cuenta de los 80 intérpretes del Coro y la Orquesta Sinfónica Universidad de Navarra bajo las órdenes de la batuta de Borja Quintas. A su alrededor orbitan los músicos invitados que completan la huella flamenca y oriental de la obra: Manuel Masaedo en la percusión, Antonio González Reyes a la guitarra, Belén Vega como voz principal, y Aya El Dika como encargada de la instrumentación árabe tradicional.

En el aspecto de la danza destaca la presencia del bailarín y coreógrafo Jesús Carmona, ganador del Premio Benois de la Danse 2021 y Premio Nacional de la Danza 2020, quien interpreta su propia coreografía junto a Lucía Campillo. Ambos encabezan un elenco que une a jóvenes del cuerpo de baile flamenco con cuatro intérpretes árabes procedentes de la Sharjah Performing Arts Academy. La imagen que propone el espectáculo —una coreografía a dos orillas— encarna la metáfora del puente, de la correspondencia que habita en movimientos distintos pero impulso común.

Una escena de 'Algarabía' en su ensayo general. Foto: Raúl Villegas

Una escena de 'Algarabía' en su ensayo general. Foto: Raúl Villegas

La dirección artística de Liuba Cid traduce visualmente ese espíritu de encuentro antes referido. A través de un diseño que involucra a estudiantes de la Universidad de Navarra, el escenario se transforma en un jardín andalusí.

La iluminación de Juanjo Llorens, el vestuario de Yaiza Pinillos y el diseño audiovisual de Alejandro Contreras, que incorpora fotografías procedentes de la colección del MUN, componen una atmósfera de claroscuros y reflejos. Las flores proyectadas, los ropajes con gamas terrosas y doradas, los ecos visuales de la geometría islámica construyen una escenografía que invita al recogimiento.

Todo sucedió en un jardín

Algarabía nos narra la historia de Farah, cuyo nombre, en árabe, significa "alegría". Es una botánica que viaja desde Oriente a la Alhambra de Granada para investigar la herencia de la flora árabe en los jardines de España.

La acompaña su amiga española Candela, científica y escritora, con quien entabla un diálogo en los alrededores del monumento granadino en el que intercambian impresiones de todo el conocimiento que han acumulado. Las mujeres conversan amparadas por un sabio anciano, espíritu protector de ese jardín, que recita versos en árabe y español.

La poesía de Nizar Qabbani, Miguel Hernández, Ibn Zamrak y San Juan de la Cruz actúan como un tejido lírico que atraviesa la trama. Esta armonía da un giro inesperado cuando aparecen Florencio y Caló, dos jóvenes vendedores de flores que irrumpen en el jardín.

Una escena de la obra 'Algarabía' en su ensayo general. Foto: Raúl Villegas

Una escena de la obra 'Algarabía' en su ensayo general. Foto: Raúl Villegas

Florencio y Farah quedan en un primer instante fascinados cuando se encuentran. Sin embargo, cuando los floristas empiezan a arrancar las plantas, el encanto se rompe. La joven botánica intenta detenerlos sin éxito y contempla el jardín arrasado, convertido en desierto.

En ese desengaño, el anciano sabio pronuncia una enseñanza que sintetiza el sentido profundo de la obra: cada flor, incluso las más humildes —como la algarabía—, encierra en sí la totalidad de la belleza del mundo. El joven enamorado pronto se arrepiente. La reconciliación entre los personajes culmina con una gran fiesta de música y danza, un canto de comunión entre culturas en el que comienza, ahora sí, la verdadera algarabía.