Un fotograma de 'Prometido el cielo'.

Un fotograma de 'Prometido el cielo'. ManekiFilms

Cine

Erige Sehiri, directora tunecina: "Es extraño que Túnez pueda ser tan racista con personas africanas"

En 'Prometido el cielo', la cineasta retrata las difíciles condiciones de vida de los migrantes subsaharianos en su país.

Vuelve después del éxito de su anterior película, 'Entre las higueras'.

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"Me prometieron el cielo; mientras tanto, estoy en la tierra", cantan en Prometido el cielo, película que retrata el duro día a día de un grupo de mujeres de Costa de Marfil emigradas a Túnez.

Tras la cámara se encuentra Erige Sehiri (Lyon, Francia, 1982), que presenta su nuevo largometraje después del éxito de Entre las higueras (2022), en el que abordaba los dilemas de unas jóvenes del mundo rural tunecino, dentro de una sociedad todavía marcada por un fuerte machismo.

En Prometido el cielo, las mujeres vuelven a ocupar el centro del relato, aunque en un contexto muy distinto. Las protagonistas comparten un piso que se cae a pedazos sin que su canallesco arrendador haga nada por remediarlo. El grupo está liderado por Marie (Aïssa Maïga), pastora de la Iglesia de la Perseverancia, situada bajo la lupa del Gobierno tunecino por ayudar a migrantes sin papeles.

A su alrededor se encuentran la impetuosa Naney (Debora Lobe Naney), que intenta ganarse la vida como puede, bordeando la legalidad, mientras sueña con regresar a su país con dinero para cuidar a su hija, y Jolie (Laetitia Ky), una estudiante de ingeniería que vive entre la ilusión y el miedo ante el caldeado ambiente contra los extranjeros. Sus vidas quedan marcadas por la aparición de una niña huérfana, superviviente de un naufragio de migrantes, a la que deciden cuidar a pesar del riesgo que supone.

El trumpismo no es únicamente cosa de Occidente. En la película vemos cómo el Gobierno de Túnez y muchos ciudadanos del país se muestran implacables con unos migrantes que llegan sin apenas recursos.

"Lo que ha sucedido es que los inmigrantes han sido utilizados, como ocurre en tantos países, como argumento del discurso político: para justificar la crisis económica, un aumento de la seguridad, políticas diferentes o nuevas leyes", afirma la directora.

Y añade: "Esto no sucede únicamente en Túnez, sino también en Europa. Pero para nosotros resulta muy novedoso que ocurra dentro de África, que un país africano actúe de esta manera contra ciudadanos procedentes de otro país africano. Es una situación muy específica".

Túnez, el país más pequeño del Magreb, con unos 12,5 millones de habitantes, ha sido tradicionalmente más liberal que otros países de mayoría musulmana y mantiene una fuerte influencia francesa. En 2010 fue el punto de partida de la llamada Primavera Árabe: la inmolación del vendedor ambulante Mohamed Bouazizi desencadenó una oleada de protestas que acabó provocando la huida del presidente Zine el Abidine Ben Ali. Sin embargo, durante los últimos años el país ha regresado a un sistema autoritario liderado por el jurista Kaïs Saied.

Mujeres vulnerables

En un entorno dominado por la vulnerabilidad, la brutalidad policial y un sistema implacable, Sehiri señala que "es una película sobre personas que viven entre dos lugares. No se encuentran realmente en su país de origen, pero tampoco han llegado al lugar al que quieren ir. Están en el norte de África, a medio camino entre el lugar del que proceden y aquel en el que desearían estar".

"También se encuentran entre la tierra y el cielo. Por eso la iluminación de la película está construida a partir de los azules y los rosas, que son los colores del atardecer", añade.

Esa vulnerabilidad revictimiza en muchas ocasiones a estas mujeres y las convierte en presas fáciles para los abusadores: "No soy ingenua respecto a esos lugares. Cuando existen pobreza y vulnerabilidad, también aparecen personas dispuestas a aprovecharse de ellas. Por eso quería que Naney se enfrentara a la comunidad y cuestionara el discurso religioso tanto como el discurso político. En ese momento final desafía simultáneamente a ambos".

Por este motivo, explica Sehiri, "no quería mostrar únicamente la sororidad que el espectador podría esperar, sino una sororidad puesta a prueba por los problemas económicos y políticos. No existe una sororidad perfecta".

Marcado por la precariedad y, en muchas ocasiones, por la pobreza, el día a día de estas mujeres se convierte en una odisea: "Que las personas continúen viviendo su vida con aparente normalidad no significa que detrás no exista una enorme violencia, incluida la violencia del Estado, ni que la situación deje de ser muy complicada. Quería comenzar la película mostrando una cierta normalidad, aunque la tensión estuviera presente desde el principio, incluso cuando todavía no podemos verla".

Una "normalidad" en la que la supervivencia constituye la regla principal: "Cuando tienes problemas económicos, el dinero lo invade todo. También es difícil encontrar tiempo para el amor. Para mí, hablar de dinero era una forma de mostrar cómo circula dentro de la comunidad. Se acusa a estas personas de dedicarse al tráfico de seres humanos o de realizar actividades ilegales, pero tienen que sobrevivir y ganarse la vida. Por eso deben encontrar sus propios medios para hacerlo".

Los personajes, desde las protagonistas que comparten piso hasta los fieles de la iglesia —auténticos devotos evangélicos—, proceden de Costa de Marfil. No es una casualidad.

"Elegí que procedieran de Costa de Marfil porque no quería retratar genéricamente a 'las mujeres africanas'. Quería hablar concretamente de las mujeres marfileñas y de una cultura específica. Cuando mostramos la película en Costa de Marfil, el público reconoció su cultura, su manera de hablar y su comportamiento", explica Sehiri.

Y concluye: "Costa de Marfil es un país que está evolucionando mucho y que recibe una gran cantidad de migración procedente de otros lugares de África. Muchas personas de los países subsaharianos emigran allí. En ese sentido, los marfileños tienen una mentalidad muy abierta. Además, les encanta salir de fiesta y bailar. Por eso vemos tanto baile en la película: forma parte realmente de su cultura".