Grímur Hlynsson y Porgils Hlynsson, en 'El amor que permanece'
'El amor que permanece': Pálmason convierte la intimidad familiar en territorio mítico y surrealista
El cineasta islandés utiliza un humor muy personal para abordar un año en la vida de una familia.
Destaca el fenomenal gusto estético para capturar las estaciones.
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La cinematografía islandesa vive un gran momento gracias a un cine visualmente cautivador que encuentra en el paisaje la perfecta plasmación de las emociones de unos personajes casi siempre solitarios y taciturnos.
Algunos cineastas triunfan en el cine de género, como Baltasar Kormákur, que hace tiempo que se asentó en Hollywood con thrillers como La bestia (2022) o Depredador dominante (2026), y Valdimar Jóhannsson, que triunfó en Sitges con la perturbadora Lamb (2021). Otros han dejado su marca en el drama de autor, como Rúnar Rúnarsson, que se llevó la Concha de Oro con Gorriones (2015) y Grímur Hákonarson, que conquistó con Rams (El valle de los carneros) (2015) la Espiga de Oro de Seminci.
Hlynur Pálmason (Höfn,1984), a medio camino entre ambos estilos y con gran personalidad, consiguió en 2025, con su cuarta película, colarse en la competición por la Palma de Oro de Cannes. A ello contribuyó el impacto que generó en la sección Una cierta mirada su tercera película, Godland (2022), que narraba con la épica del wéstern y la profundidad de las tragedias existenciales escandinavas la historia de un atormentado sacerdote danés que a finales del XIX viajaba a regiones remotas de Islandia para predicar el Evangelio.
Godland contrasta con su último trabajo, El amor que permanece, el filme que estuvo en la sección oficial del festival francés y que supone un cambio de época, de tono y de género notable –del mismo modo que el thriller de venganza Un blanco, blanco día (2019) también se distanciaba de Godland–. El amor que permanece es un trabajo íntimo y de tintes autobiográficos, tanto que está protagonizado por su expareja, la actriz Saga Garðarsdóttir, y por los tres hijos de ambos.
Garðarsdóttir interpreta a Anna, una artista plástica que acaba de separarse de Magnús (Sverrir Gudnason), quien trabaja en un pesquero. Anna trata de ser reconocida por su trabajo, pero al mismo tiempo se esfuerza en cuidar a sus hijos en la preciosa y algo destartalada granja de la familia y en encontrar un equilibrio en su vida que le permita hacer las cosas que le gustan y pagar las facturas.
Por su parte, Magnús trata de lidiar con los sentimientos que le produce el haber sido excluido de la vida diaria de su familia, que se alternan entre la tristeza y una rabia contenida.
Pálmason encuentra un tono ligero, gracias a un humor muy personal, melancólico, para abordar a lo largo de un año distintos episodios que atraviesa el clan, sin subrayar ningún mensaje social o político ni caer en el melodrama.
La visita de un galerista, la creación de una escultura con apariencia caballeresca para acribillarla a flechazos o el sacrificio de un gallo violento son algunos de los principales acontecimientos en los que se detiene el director para profundizar en temas como la incomunicación, la fragilidad de los vínculos familiares o el paso del tiempo, algo que pesa en la película gracias a cómo filma los mismos paisajes a través de las estaciones, con un fenomenal gusto estético.
El director se muestra también juguetón, al dejar que lo onírico y lo surrealista contaminen la narrativa (el final del episodio del galerista no tiene precio).
Saga Garðarsdóttir (en el centro al fondo), junto a Grímur Hlynsson, Porgils Hlynsson y Ída Mekkín Hlynsdóttir,
En cualquier caso, es la fluidez lo mejor de un filme que, a pesar de ser menos ambicioso que otros trabajos de Pálmason, logra convertir lo cotidiano en algo casi mítico.
El amor que permanece
Dirección y guion: Hlynur Pálmason.
Intérpretes: Saga Garðarsdóttir, Sverrir Gudnason, Ída Mekkín Hlynsdóttir, Grímur Hlynsson y Þorgils Hlynsson.
Año: 2025.
Estreno: 7 de agosto