Bogna Burska y Daniel Kotowski: 'Liquid Tonges', 2026. Pabellón polaco en la Bienal de Venecia 2026.

Bogna Burska y Daniel Kotowski: 'Liquid Tonges', 2026. Pabellón polaco en la Bienal de Venecia 2026. Bogna Burska, Daniel Kotowski, Liquid Tongues, 2026, video, Zachęta Archive

Arte

Las piscinas no solo son para el verano: nos zambullimos en el arte más refrescante

Repasamos los chapuzones más famosos, desde David Hockney hasta la Bienal de Venecia de 2026.

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Anhelo de las clases medias, símbolo de estatus, descanso para la mirada. Un paraíso doméstico, un oasis de paz y de frescor. Eso significa tener una piscina hoy.

El "piscineo" es tan antiguo como la cultura occidental. Ya los romanos construían piscinas -recordemos que piscina procede del latín piscina, derivado de piscis, pez- dentro de las termas, concebidas como espacios de limpieza, encuentro y ocio colectivo.

Un capítulo aparte merecen las piscinas dedicadas al deporte y la natación de alta competición donde el cuerpo trabaja llegando a su extremo en obras arquitectónicas de gran calado.

Icónicas siguen siendo las imágenes de Olympia. Parte II: Festival de la belleza, donde Leni Riefenstahl filmó los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, organizados durante el Tercer Reich. La belleza de los saltadores olímpicos se convirtió en un referente audiovisual de la estética apolínea: cuerpos atléticos elevados a metáfora visual del propio fascismo.

Con las políticas higienistas del siglo XIX, la piscina regresó a nuestros paisajes con más fuerza que nunca. Se levantaron grandes piscinas monumentales como símbolo de la democratización del ocio.

Un fotograma de la 'Olympia. Parte II: Festival de la belleza' de Leni Rienfesthal.

Un fotograma de la 'Olympia. Parte II: Festival de la belleza' de Leni Rienfesthal. Museo Reina Sofía

Madrid tuvo las suyas, incluso a orillas del Manzanares. La artista ibicenca Irene de Andrés recuperó esa historia en el magnífico proyecto A orillas de Madrid, presentado en la galería Juan Silió.

La investigación gira en torno a La Isla, una piscina con forma de barco anclada en el río Manzanares, a la altura del Puente del Rey, diseñada por Luis Gutiérrez Soto y construida en 1930.

Levantada durante la Segunda República, fue bombardeada en la Guerra Civil, reconstruida posteriormente y permaneció en funcionamiento durante los primeros años del franquismo, hasta 1957. Bajo el auspicio del Sindicato Vertical, pasó a formar parte de las políticas de ocio destinadas a la clase trabajadora.

De Andrés atraviesa distintas capas de la historia utilizando la piscina como excusa narrativa. Su proyecto remite al programa franquista "Educación y Descanso", que organizaba viajes subvencionados siguiendo el modelo de Kraft durch Freude, la organización nazi encargada de gestionar el ocio de la población.

Irene de Andrés: 'Ángel y carpa', 2022

Irene de Andrés: 'Ángel y carpa', 2022 Irene de Andrés

Las piscinas se convirtieron también en uno de los grandes iconos de la pintura de David Hockney. Figura esencial del pop art, hizo de ellas un objeto de culto y fue refinando progresivamente su técnica para conseguir que el agua resultara cada vez más transparente, incorporando jabón a los pigmentos.

El propio artista contó que, al sobrevolar Los Ángeles, quedó fascinado por el intenso azul turquesa que teñía la ciudad y por la forma en que aquellas piscinas revelaban los cuerpos, la sexualidad y el deseo lejos de las represiones sociales, incluido el deseo homoerótico.

David Hockney: 'Portrait of an Artist (Pool with Two Figures)', 1972.

David Hockney: 'Portrait of an Artist (Pool with Two Figures)', 1972. © David Hockney / Art Gallery of New South Wales / Jenni Carter

Fue en California donde realizó algunas de sus obras más célebres, como A Bigger Splash (1967) o Portrait of an Artist (Pool with Two Figures), vendida por Christie's en 2018 por 90,3 millones de dólares, convirtiéndolo entonces en el artista vivo más cotizado del mundo.

Inspirándose en ese imaginario, Cabello/Carceller realizaron Sin título (Utopía) (1998), sus célebres piscinas vacías que hoy pueden verse en la nueva presentación de la colección del Museo Reina Sofía, en la sala 8.

La piscina aparece aquí como metáfora del final de la fiesta y de un escenario desolado que alude, además, al silencio público que durante décadas ha rodeado al sida, convertido todavía en un estigma. Es un claro ejemplo de la piscina como metáfora política.

Cabello/Carceller: 'Sin Título Utopía n. 29', 1999-2024.

Cabello/Carceller: 'Sin Título Utopía n. 29', 1999-2024. Museo Reina Sofía

La piscina funciona también como espejo, como superficie reflectante y misteriosa, incluso como puerta simbólica hacia otro mundo.

Muchos videoartistas la han utilizado para desarrollar complejos juegos visuales. Basta recordar The Reflecting Pool (1977-1979), la obra fundacional de Bill Viola, recientemente fallecido.

En ella, ficción y realidad se mezclan a través del reflejo del propio artista: su imagen permanece suspendida en el aire mientras el resto de la escena continúa desarrollándose con absoluta normalidad. El cuerpo nunca llega a caer al agua y el sonido permanece prácticamente ausente. Rodar esta pieza supuso una gran complejidad técnica para la época.

En Pools, Barbara Hammer y Barbara Klutinis convierten las piscinas diseñadas por la arquitecta pionera Julia Morgan para el castillo del magnate William Randolph Hearst -inspiración del protagonista de Ciudadano Kane- en un espacio de juego, exploración corporal y apropiación queer; una invitación a zambullirse en un escenario históricamente reservado al privilegio.

La artista vasca Maider López ha trabajado el "piscineo" con especial inteligencia en varias piezas surgidas de convocatorias públicas y materializadas en vídeo. En su página web explica el modus operandi para crear su pieza Piscine Saint Georges, de 2014: "El sábado 14 de junio de 2014, 86 nadadores responden a la convocatoria pública en la piscina Saint-Georges de Rennes. La piscina está llena de gente nadando en línea continua. Tratan de nadar con normalidad, pero la cantidad de gente y la imposibilidad de adelantar -deben adaptarse al ritmo del más lento- imposibilitan la acción".

La piscina deja entonces de ser un lugar de evasión para convertirse en un laboratorio social donde afloran las dinámicas de convivencia, los límites del individuo y la negociación constante con los demás.

La Bienal de Venecia 2026

Quizá porque se celebra en pleno verano, varios pabellones nacionales de la Bienal de Venecia han recurrido este año al imaginario del agua y de la piscina.

Uno de los más celebrados ha sido el Pabellón de Polonia, que presenta una videoinstalación multicanal concebida para ser observada desde una posición invertida, como si el espectador estuviera sumergido bajo el agua.

Liquid tongues, de Bogna Burska y Daniel Kotowski, reúne al coro comunitario Choir in Motion, integrado por personas oyentes y sordas, para interpretar los cantos y sistemas de comunicación de las ballenas mediante la lengua oral y la lengua de signos.

Los artistas exploran formas alternativas de comunicación inspiradas en las vidas más allá de lo humano y se preguntan por la posibilidad de construir nuevas relaciones y nuevas sensibilidades entre mundos aparentemente inconexos.

El resultado posee una notable calidad visual. Rodada en gran parte bajo el agua, la instalación combina música, coreografía, una marcada presencia del color rojo y un montaje invertido que refuerza la sensación de inmersión.

También el pabellón de Austria sitúa el agua en el centro de su propuesta. En SEAWORLD VENICE, Florentina Holzinger transforma el edificio mediante una serie de espacios performativos en los que el agua adquiere un papel protagonista, articulados en torno a tres grandes piscinas o áreas acuáticas.

En ellas su performers distópicas parecen haber sobrevivido a una catástrofe nuclear mientras se suben a un mástil de más de cinco metros que gira sobre sí mismo.

Una de las piezas de SEAWORLD VENICE de Katarina Holzinger.

Una de las piezas de SEAWORLD VENICE de Katarina Holzinger. Marlanna Wytyczak

Quizá por eso las piscinas siguen fascinándonos. Son mucho más que un lugar para combatir el calor.

Son escenarios donde se representan las aspiraciones de una época, donde se proyectan el deseo, el cuerpo, la disciplina, el privilegio o la memoria.

Basta vaciarlas para que aparezca la arquitectura; basta llenarlas para que emerjan nuestras ficciones. En el fondo, toda piscina promete una inmersión. No siempre en el agua: a veces, en la historia; otras, en la política; casi siempre, en nosotros mismos.