Matt Damon como Ulises en 'La Odisea'

Matt Damon como Ulises en 'La Odisea' Universal Studios. All Rights Reserved

Cine

Christopher Nolan, el arquitecto del tiempo que desafía a los dioses y a la épica en 'La Odisea'

El director estrena el 17 de julio su versión de la obra de Homero, con un reparto estelar encabezado por Matt Damon.

La película ha costado 250 millones de euros y 100 horas de metraje.

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A principios de los 2000, Christopher Nolan (Londres, 1970) estuvo a punto de encargarse de la dirección de Troya, la superproducción basada en la Ilíada que protagonizó Brad Pitt en el papel de Aquiles. El proyecto lo había desarrollado Wolfgang Petersen para Warner Bros., pero el director alemán había decidido abandonarlo a última hora para reunir por primera vez en pantalla a Superman y Batman.

Fue en ese momento cuando Nolan –que por entonces solo había rodado thrillers como Memento (2000) e Insomnio (2002)– pasó a encargarse de la película, aunque de manera efímera: el filme de superhéroes de Petersen fue cancelado y el autor de El submarino (Das Boot) (1981) regresó a la Antigua Grecia. El británico recibió entonces luz verde para iniciar su propia saga del hombre murciélago como “premio de consolación”, en palabras del guionista David S. Goyer.

¿Qué hubiera pasado si no se hubiera producido ese intercambio final entre Petersen y Nolan? Es razonable pensar que con Troya este último hubiese saciado su interés por la épica homérica y que quizá nunca hubiera abordado esta La Odisea que llega el 17 de julio a las salas y que tanta expectación está generando.

Lo que es seguro es que su carrera hubiese sido distinta, no sabemos si más o menos exitosa. En cualquier caso, el viaje del héroe siempre está plagado de obstáculos, desvíos, sacrificios y obsesiones, tanto en la trayectoria de Nolan como en la de Ulises.

El Kubrick moderno

Si Ulises tuvo que vencer al cíclope Polifemo o descender al Hades para regresar a casa tras su participación en la Guerra de Troya, Nolan se ha autoimpuesto retos de enorme envergadura en cada nuevo proyecto, en un intento incesante por convertirse en el Kubrick moderno, director que reina en su Olimpo de referencias.

El cineasta definía así al protagonista de La Odisea en la revista Empire en un reportaje publicado en noviembre de 2025: “La genialidad del personaje, su astucia, su capacidad de invención… todo eso fue una parte enorme de lo que me atrajo. No es solo un soldado, es un estratega extraordinario, alguien extremadamente sagaz”. ¿Estaría Nolan, en realidad, hablando de sí mismo?

Lo cierto es que su filmografía, plagada de complicadas arquitecturas narrativas y de alambicadas puestas en escenas, es propia de un creador ambicioso y seguro de sí mismo, con un punto de arrogancia y de egolatría que se antoja necesario.

Con su trilogía sobre Batman, consiguió dotar al cine de superhéroes de un tono adulto y realista sin menoscabo del entretenimiento. Con su palíndromo fílmico Tenet (2020) llevó hasta el paroxismo sus juegos temporales creando espectaculares set-pieces que funcionan tanto hacia adelante como hacia atrás, autoproclamándose además adalid de la resistencia de las salas durante el colapso pandémico.

Con Oppenheimer (2023) convirtió un thriller dramático sobre el Proyecto Manhattan en el blockbuster veraniego del año (junto a Barbie), arrasando posteriormente en los Oscar. Y ahora en La Odisea se propone otro reto no apto para mortales.

“Contiene todas las historias”, explicaba Nolan en Empire. “Como cineasta, buscas lagunas en la cultura cinematográfica, cosas que no se hayan hecho antes. Y me di cuenta que todos esas producciones mitológicas con las que crecí –como las películas de Ray Harryhausen– nunca la había visto con el tamaño y credibilidad que una superproducción de Hollywood podría darle”. Era su momento para afrontar tamaña empresa, pues la industria estaba a sus pies tras el éxito de Oppenheimer.

Christopher Nolan, en el rodaje de 'La Odisea'

Christopher Nolan, en el rodaje de 'La Odisea' Universal Studios. All Rights Reserved

Como es habitual en el director de Interstellar (2014), las dimensiones del proyecto de La Odisea son elefantiásicas.

Para empezar, es el primer filme de la historia rodado íntegramente en formato IMAX, con unas nuevas cámaras de 70 mm, más ligeras y silenciosas que las ya existentes y con un consumo de celuloide por minuto casi el triple del habitual. En total se rodaron 600 kilómetros de película, unas 100 horas de metraje en bruto. La cifra asusta, aunque no alcanza las 400 horas que grabó George Miller para Mad Max: Furia en la carretera (2015).

La Odisea, con más de 250 millones de dólares de presupuesto, se grabó durante 91 días en escenarios naturales de Marruecos, Grecia, Italia, Islandia y Escocia, y en el depósito de agua de Falls Lake de los estudios Universal de Los Ángeles.

Para Matt Damon, que interpreta a Ulises, la experiencia fue desconcertante, según relataba en la revista GQ: “Por la dirección que está tomando la industria del cine, para mí, personalmente, fue una película muy extraña, en el sentido de que tuve una sensación casi nostálgica durante todo el tiempo que estuve rodando, porque me recordaba a cómo eran las películas cuando yo empecé a trabajar. Y sé que eso está desapareciendo. Sabía que esta era la última oportunidad que iba a tener de hacer algo así”.

La mayor parte del equipo califica en el reportaje de GQ el trabajo como “durísimo”, por el empeño de Nolan en grabar en las localizaciones más inaccesibles y remotas, así como por las condiciones meteorológicas que se encontraron, por ejemplo, en Islandia. Buena parte del proyecto transcurrió además en alta mar, en barcos reales, expuestos a las olas, al viento, al sol y a la lluvia, para capturar con todo lujo de detalles la experiencia extremadamente física que experimentaron los actores a bordo.

Polémica en el Sahara

Pese a todo, parece que el único contratiempo de la producción fue de índole política: una escena se rodó durante cuatro días en el Sahara Occidental, algo que fue duramente criticado por el Frente Polisario, por considerar que la producción encubría “el colonialismo marroquí” y violaba “el derecho internacional y las normas éticas que rigen el trabajo cultural y artístico”.

A un comunicado del Festival Internacional de Cine del Sahara instando a reconocer su error a Nolan y Universal Pictures, se sumaron personalidades del cine español como Carlos y Javier Bardem, Luis Tosar, Iciar Bollain, Carolina Yuste, Rodrigo Sorogoyen y Juan Diego Botto. Pero la cosa no pasó a mayores.

Matt Damon y Zendaya, en 'La Odisea'

Matt Damon y Zendaya, en 'La Odisea' Universal Studios. All Rights Reserved

Otro foco de conflicto ha tenido que ver con el reparto, aunque acotado a ese ámbito de las redes sociales que algunos confunden con el mundo real. La película cuenta con un carrusel de estrellas sin parangón en el cine reciente: Matt Damon interpreta a Ulises; Tom Holland, a Telémaco; Anne Hathaway, a Penélope; Robert Pattinson, a Antínoo; Charlize Theron, a Calipso…

Pero que Nolan eligiera a Lupita Nyong’o, como Helena de Troya; a Zendaya, como Atenea, y un actor trans como Elliot Page para un papel que –al cierre de esta edición– todavía no ha sido desvelado, ha sido considerado como un sacrilegio para las siempre encendidas hordas antiwokes por un supuesto exceso de diversidad. No parece que su pataleo pueda mellar ni un poquito el éxito de una película destinada a arrasar. Más bien todo lo contrario.

Si el espectáculo parece que está asegurado, a tenor de lo visto en los diversos avances del filme, queda la duda de cómo se amoldará el estilo de Nolan a la obra de Homero (y viceversa).

Para un director que se ha empeñado en dotar de realismo a personajes que llevan calzoncillos sobre los pantalones como Batman, o que ha intentado encontrar reglas cartesianas en el indomable mundo onírico en Origen (2010), es una incógnita cómo pretende retratar el componente mitológico de dioses, semidioses, sirenas, lotofágos, brujas y demás seres con los que se encuentra Ulises durante su periplo.

Por otro lado, el cineasta británico tiene el material perfecto para su pasatiempo favorito: construir complejos dispositivos temporales como la estructura narrativa inversa y fragmentada de Memento, que abordaba la historia de un hombre sin memoria, o el montaje paralelo de tres líneas temporales de distinta duración que colisionan al final del drama bélico Dunkerque (2017).

La Odisea, por la construcción original del poema, podría dar pie a un largo flashback en su segundo acto, algo que se antoja demasiado convencional para el cineasta del tiempo. Veremos si Nolan se guarda algún as bajo la manga en este sentido.

La Odisea, en cualquier caso, se presenta ante nosotros como el peplum de autor definitivo, el viaje más épico de un cineasta megalómano en el cénit de su éxito que amenaza con batir todos los récords de taquilla.