Imagen de archivo incluida en el documental 'Miguel Ángel Blanco. Las 48 horas que lo cambiaron todo'.

Imagen de archivo incluida en el documental 'Miguel Ángel Blanco. Las 48 horas que lo cambiaron todo'. Netflix

Cine Entrevista

El "documental definitivo" de Miguel Ángel Blanco: cómo se vivió 'in situ' y nuevas revelaciones sobre el caso

La película recoge los testimonios de quienes más intensamente vivieron 'Las 48 horas que lo cambiaron todo'.

"El Gobierno no cedió, pero permitió que otros hablaran con ETA".

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Un secuestro exprés. Un chantaje al Gobierno con plazo de 24 horas. La primera vez que ETA elige a una víctima común: "Podríamos haber sido cualquiera de nosotros". Dos disparos en la nuca y un país en las calles gritando libertad con las manos pintadas de blanco... ¿Qué más se podría aportar a un caso como el de Miguel Ángel Blanco, objeto de multitud de publicaciones en prensa, libros, películas, series y, por supuesto, documentales?

Conscientes del aluvión, Jon Sistiaga y Juanjo López tenían claro que para "el documental definitivo" había que situarse en "un sitio diferente", que apelara a la memoria colectiva, a tenor de la repercusión social que tuvo el secuestro y asesinato del concejal del Partido Popular en Ermua (Vizcaya).

Es imposible olvidar dónde estábamos cuando tuvieron lugar acontecimientos de enorme calado. Pero una cosa es la victoria de España en el mundial de fútbol de 2010, que supuso una explosión de felicidad, y otra son las grandes tragedias, como la que propulsó a la sociedad civil a la calle en el verano de 1997, esta vez por una causa en las antípodas. Si para entonces tenías uso de razón, seguro que lo recuerdas: ese es el centro de gravedad de este documental.

La banda terrorista vasca tuvo en vilo a un país entero desde el jueves 10 de julio hasta la madrugada del domingo 13, cuando al fin se confirmó el fallecimiento de Miguel Ángel. ETA había cumplido su amenaza, sobrepasando todos los límites de la infamia, pero su muerte no iba a ser en vano.

Miguel Ángel Blanco. Las 48 horas que lo cambiaron todo, disponible en Netflix desde este viernes 10 de julio, es una reconstrucción pormenorizada a ritmo de thriller de aquel momento. ETA había dado dos días de plazo al gobierno para acercar a los presos de la organización a las cárceles vascas. Una operación logísticamente inviable y una extorsión a la que el gobierno no podía acceder. ETA lo sabía, de modo que el destino del concejal estaba escrito desde que fue retenido a la salida de la estación de tren de Éibar, cuando se dirigía a la consultoría en la que trabajaba.

Juanjo López y Jon Sistiaga, directores del documental

Juanjo López y Jon Sistiaga, directores del documental Sara Fernández

"Nuestra intención era que la gente que estuvo allí esas 48 horas hablase de lo que pasó y cómo lo vivió. Gente que compartió el aire que respiraba la familia, gente que estaba en la calle...", cuenta el realizador, productor y guionista Juanjo López, uno de los directores, a El Cultural. Lo hemos convocado en la redacción de EL ESPAÑOL junto al periodista Jon Sistiaga, codirector de la película, que entonces tenía 29 años: los mismos que Miguel Ángel, los mismos que han pasado desde entonces.

Estaba en la plantilla de Telecinco y fue uno de los que vivió el caso muy de cerca, implicado en la búsqueda del zulo donde habían retenido al concejal. Había sido reportero de guerra, pero también era experto en terrorismo etarra, así que fue requerido en su tierra. En lugar de ser enviado a cubrir ruedas de prensa o a hacer directos en las manifestaciones, "los jefes consideraron que valía más como conseguidor de información", recuerda. Formó equipo con el periodista Jimi Guerra, que poseía contactos en la Policía, la Guardia Civil y la Ertzaintza, mientras que él se ocupó de la calle.

"En una clase de treinta en el País Vasco, cinco se habían muerto de sobredosis, tres entraron en ETA y otros tres eran víctimas de ETA". Jon Sistiaga

En el País Vasco no era difícil acceder a determinadas personas si habías crecido allí. La estructura social se articulaba en base a un patrón muy básico: "En una clase de treinta, cinco se habían muerto de sobredosis, tres entraron en ETA y otros tres eran víctimas de ETA", desliza el periodista. Su trabajo consistió en "activar contactos con el mundo abertzale" –para identificar al menos "sensaciones" acerca del secuestro o la posible resolución– y cruzar a Francia para hablar con refugiados.

Concluyó, junto a su colega y los investigadores al frente del caso, que tenía que ser el comando Donosti el que tenía a Miguel Ángel. "No era un comando para secuestrar, sino para ejecutar, era un comando de killers", precisa López. Además, "tuvo la mala suerte de caer en manos de un demente", como recuerda en el documental Francisco Vázquez, teniente coronel que entonces dirigía la operación. Se refiere a Txapote, su verdugo, cuyo propósito de dispararle en la nuca hasta en dos ocasiones, como finalmente hizo, era innegociable.

Venganza y chantaje

Cabe recordar que el crimen de Miguel Ángel es la venganza de ETA tras la liberación de Ortega Lara, funcionario de prisiones que había permanecido secuestrado 532 días en un zulo diminuto. Fue un golpe duro para la banda y había que responder. "Después de la borrachera policial viene la resaca", advirtió un portavoz de Herri Batasuna (HB).

Incluso en el gobierno y en la policía se esperaba una acción, pero nadie imaginaba esa vileza. Una tétrica cuenta atrás de dos días en los que el país se echó a la calle pidiendo clemencia para "un 'don nadie' a quien alguien secuestró para pedir un chantaje por su vida", como explica Sistiaga, que reconoce que la movilización popular le hizo albergar la esperanza de que no lo mataran: "Pensaba que lo iban a devolver con un tiro en la pierna, como hacían antes los poli-milis". Ni siquiera el clamor popular les hizo apiadarse.

Pero esto es lo que ya se conocía. "Este va a ser 'EL' documental sobre Miguel Ángel Blanco –enfatiza el periodista–, porque te cuenta cosas que no sabías y hablan personas que nunca habían contado lo que hicieron". Por un lado está el enfoque humano, elemento diferencial de esta película. "El éxito es que hemos conseguido que todos se abran y hablen desde la piel, no desde el discurso oficial", celebra López.

Ciertamente, Sistiaga logra extraer, en cada una de las entrevistas, la autenticidad de los testimonios: el del cura que dio la extremaunción a Miguel Ángel; el del médico que lo acompañó en su último aliento de vida, que cuenta cómo ofreció a su madre que se despidiera de él; y hasta el de una chica que se casaba ese sábado y, en lugar de celebrar su boda, acabó en una manifestación suplicando que no lo mataran.

A propósito, es imposible no conmoverse con el relato de Imanol Rodríguez, el ertzaina que evoca esa tarde en la que protegía junto a sus compañeros la sede de HB en la calle Urbieta de San Sebastián. Una masa de gente enfurecida reclamaba que los miembros del brazo político de ETA dieran la cara. En medio de la tensión, los ertzainas decidieron despojarse del verduguillo, el pasamontañas destinado a proteger su identidad ante los terroristas, dejando al descubierto sus rostros.

Juanjo López y Jon Sistiaga, directores del documental 'Miguel Ángel Blanco. Las 48 horas que lo cambiaron todo'

Juanjo López y Jon Sistiaga, directores del documental 'Miguel Ángel Blanco. Las 48 horas que lo cambiaron todo' Sara Fernández

Era la forma de decir a sus paisanos: somos de los vuestros; cumplimos con nuestro deber, pero estamos juntos en esta lucha. Los manifestantes abrazaron espontáneamente a los agentes del orden. Aquella imagen, una de las más emocionantes de nuestra democracia, cristalizaba el dolor compartido de un pueblo. Lo que no se conocía es la segunda parte de este episodio, que no destriparemos, aunque revelarlo no mitigaría su capacidad conmovedora.

De lo que sí cabe hablar es de algunos datos relativos a las labores de mediación de determinadas personas en las horas previas para intentar detener el asesinato, dado que Sistiaga, en esta entrevista, agrega una conjetura al episodio del encuentro de la abogada abertzale María José Gurruchaga con dos miembros de ETA en una prisión de París.

El actual presidente ejecutivo y director de EL ESPAÑOL, Pedro J. Ramírez, entonces al frente de El Mundo, se puso en contacto con el Ministerio del Interior para que facilitara el acceso de la abogada, a quien conocía desde hace años, a la cárcel en la que se encontraba Txelis, un histórico ideólogo de la banda terrorista. "Hasta ahora se sabía del intento que había hecho esa abogada, pero ella nunca lo había contado y el Gobierno de entonces nunca lo había confirmado", asegura Sistiaga.

"Es verdad que en ningún momento fue una cosa oficial del Gobierno", aclara López, respaldando el testimonio de Jaime Mayor Oreja, entonces ministro del Interior, que reconoce haber hecho esas gestiones, si bien dejó muy claro "que nunca se hablara en nombre del Gobierno". José María Aznar, presidente del Ejecutivo en aquel momento, se muestra mucho más ambiguo. "Es la primera vez que lo oigo", dice, "pero pudo pasar".

¿Alguien pudo salvar a Miguel Ángel?

Gurruchaga revela, además, en el documental unos supuestos comentarios vertidos desde la organización sobre los que cada espectador interpretará su relevancia. Según esta versión, si desde ETA hubieran visto disposición del Gobierno para acercar al menos a unos pocos presos, Miguel Ángel se podría haber salvado.

"Nosotros hemos comprobado que aquello se dijo. Hay etarras que no han querido hablar a cámara, pero hemos estado con ellos y han confirmado la reunión. Decía uno: 'Llegó esa señora tan alta y tan guapa y yo le dije que, acercando a seis o siete, puede que se salvase ese chaval'. O sea, tenemos la confirmación", asevera Sistiaga en esta entrevista.

"Nadie del entorno de ETA decía que Miguel Ángel se mereciera dos tiros, nadie quería eso". Jon Sistiaga

El caso es que, si así fuera, ¿el abyecto crimen perdería un ápice de crueldad? Además de que "no había certeza de que acercando a siete se parara esto", como señala López, "¿qué significaba eso? ¿Hubiera servido para algo? ¿Y si hubieran secuestrado a otro para pedir la liberación de otros siete?", se pregunta Sistiaga. Y concluye al respecto: "Que cada español decida si el Gobierno hizo lo que debía o fue cruel".

Nadie duda hoy de que el Gobierno se mantuvo firme en la postura de no negociar con la banda, pero es interesante la conjetura de Sistiaga que anunciábamos líneas arriba. En la entrevista de la cárcel de París con la abogada hubo un etarra más aparte de Txelis. Se trataba de Kepa Pikabea, un terrorista con 24 asesinatos a sus espaldas. "Ella no había pedido hablar con él", recuerda Sistiaga, "pero, obviamente, alguien desde Madrid dijo que apareciera también".

"Esto es una elucubración nuestra", puntualiza el periodista a El Cultural, aunque resulta difícil pensar que fuera de otra forma. En definitiva, "el Gobierno podía haber hecho lo que pedían los terroristas, acercar a siete, sí. Pero lo que muestra el documental es que, si bien el Gobierno no cedió, hubo gente que sí lo intentó y el Gobierno permitió esa vía".

El chivato

De más está decir que la reunión no dio sus frutos, así que será mejor desplazar el foco hacia los verdaderos villanos de esta historia. Más allá de la indignación con la que se escuchan algunos testimonios, el documental hace parada en un personaje absolutamente revelador, en tanto que explica el drama del pueblo vasco durante los años de terrorismo desde la trastienda. La psicosis de una sociedad encarnada en la figura del chivato.

"En un bar de Euskadi bajabas la voz porque no sabías si el camarero era de los otros", cuenta Sistiaga. El chivato no tenía agallas para empuñar una pistola, pero estaba dispuesto a servir en bandeja una presa para los terroristas.

Ibón Muñoa era un concejal de HB que regentaba en Éibar una tienda de recambios de automóviles, ubicada frente a la consultoría en la que trabajaba Miguel Ángel. Fue el encargado de informar al comando Donosti del itinerario que seguía habitualmente el concejal del PP. Incluso alojó a los pistoleros en su casa. Tras la desaparición de Miguel Ángel, acudió a los plenos extraordinarios celebrados en Éibar durante esos días. En el documental lo vemos cabizbajo entre los concejales desolados, aunque cuesta pensar que albergara remordimientos.

"Nos pareció buena idea 'construir' ese personaje, porque Ibón trasciende su miseria. Es un ejemplo de la miseria moral en la que se instaló parte de la sociedad vasca. Euskadi está lleno de Ibones Muñoas: los chivatos, el que señalaba a su jefe para que le pidieran el impuesto revolucionario o el que tenía una tienda de recambios frente a la gestoría donde trabajaba el concejal menos protegido de Euskadi", explica Sistiaga. Por cierto, era la empresa que gestionaba los papeles del establecimiento de Muñoa, así que no es extraño que Miguel Ángel le hubiera hecho alguna factura.

"El caso de Miguel Ángel Blanco provoca que el País Vasco pierda el miedo". Juanjo López

Tras confesar su implicación en el asesinato e informar a la policía del paradero de los miembros del comando Donosti, testimonio crucial para las posteriores detenciones, Muñoa salió de la cárcel en 2020. Era inevitable preguntar a los directores si habían intentado recoger su testimonio en la película. Reconocen que fueron a su casa, pero no estaba. "Tampoco nos hubiera aportado mucho, y no queríamos que se justificara. Este documental no va de perseguir a un tío que se pasa el día borracho por los bares de Éibar, que es para lo que han quedado todos".

En el lado de los héroes podríamos situar al alcalde de Ermua, Carlos Totorika, que mantuvo una templanza extraordinaria en aquellas horas. En un caso como este, donde lo menos importante era el color político, no haría falta resaltar que fue un edil socialista, pero, a tenor de la polarización actual, es un buen ejemplo para reflejar el consenso social, absolutamente unánime, que suscitó el secuestro de Miguel Ángel en 1997.

El principio del fin

"El caso de Miguel Ángel provoca que el País Vasco pierda el miedo", afirma Juanjo López. ETA se quedó más sola que nunca desde entonces. Además del rechazo que provocó la mezquindad con la que se perpetró el crimen, "nadie del entorno decía que se mereciera dos tiros; nadie quería eso", asegura Sistiaga. Fue "la gran cagada estratégica de ETA. Si algo cambió en esas 48 horas fue, además de la pérdida del miedo, la desafección de cierta parte de la izquierda abertzale, que dijo: 'Hostia, nos hemos pasado'".

¿Cómo puede ser entonces que, 29 años después, la mitad de los jóvenes vascos no sepan quién es Miguel Ángel Blanco? Este corolario es, en realidad, el detonante del documental, la motivación primera. La reivindicación de su memoria es, además, la causa que ha convencido a Felipe VI para comparecer en la película. Tenía también la misma edad que Miguel Ángel y "le tocó el primer marrón de su historia", cuenta Sistiaga.

El rey Felipe VI presta su testimonio en el documental 'Miguel Ángel Blanco. Las 48 horas que lo cambiaron todo'

El rey Felipe VI presta su testimonio en el documental 'Miguel Ángel Blanco. Las 48 horas que lo cambiaron todo' Netflix

Al convenir que el desplazamiento a Ermua del rey Juan Carlos era demasiado arriesgado, la Casa Real envía al funeral al entonces príncipe, que "sintió la necesidad de acercarse a la familia y que la Corona estuviera cerca de la sociedad".

"En el País Vasco todo el mundo vive en una dulce amnesia colectiva", lamenta el periodista. Y es que, según recuerda, "al día siguiente de que ETA dejara de matar, todo cambió. El problema es que todo esto no se lo han contado a sus hijos". López, por su parte, desprende optimismo: "Lo ideal es que este documental se vea en los institutos", desliza.

Desde luego, sería una buena oportunidad para ver cómo el dolor puede, si no desaparecer, al menos sí encararse desde una sensación liberadora. Maribel Blanco, la hermana de Miguel Ángel, asegura que su madre llegó a decir: "Si la muerte de mi hijo ha servido para acabar con ETA, bienvenida sea".