Montgomery Clift, Marilyn Monroe y Clark Gable en 'Vidas rebeldes' (John Huston, 1961)

Montgomery Clift, Marilyn Monroe y Clark Gable en 'Vidas rebeldes' (John Huston, 1961)

Cine

'Vidas rebeldes', la última película de Marilyn Monroe que también enterró el Hollywood clásico

Monroe y su marido Arthur Miller impulsaron un proyecto que debía iniciar un nuevo camino en la trayectoria de la actriz, pero fue su último trabajo en el cine, como también el de Clark Gable.

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En un momento de Vidas rebeldes (1961), Gay, el crepuscular cowboy al que interpreta un no menos crepuscular Clark Gable, le dice a Roslyn, el personaje al que da vida Marilyn Monroe, que cree que es “la persona más triste del mundo”. Ella responde que es el primer hombre que le dice eso, que en general todos opinan que parece feliz. Y él apunta que si todos los hombres le dicen que parece feliz es porque su presencia les hace sentirse así a ellos.

Este magnífico diálogo funciona en realidad como una precisa descripción del mito de Marilyn Monroe, una estrella rutilante capaz de irradiar la luz más potente en la pantalla y en sus apariciones públicas mientras la vulnerabilidad y la melancolía que atenazaba sus entrañas quedaban casi siempre fuera de campo.

Quien concibió ese mágico momento sabía perfectamente de lo que hablaba. Fue el dramaturgo Arthur Miller, que en aquel momento era el marido de la actriz. Para ella había creado el personaje de Roslyn, introduciéndolo en la trama de su relato The Misfits, publicado en Esquire en 1957. Su objetivo era saciar sus aspiraciones de encarnar roles más exigentes, alejados de la chica rubia coqueta y despreocupada por la que se había hecho célebre en la gran pantalla.

Para optar a estos papeles, la actriz tuvo que desafiar a una industria que quería mantenerla encasillada. Se valió de una ambigua cláusula para romper su contrato con Fox, creó su propia productora, Marilyn Monroe Productions, y se pasó un año en Nueva York, en 1955, formándose en el Actors Studio de Lee Strasberg. La estrategia dio resultado: consiguió un nuevo contrato con la major por siete años, con el derecho a elegir sus proyectos, directores y directores de fotografía.

Una nueva autonomía

Esta autonomía adquirida también le permitió trabajar fuera del sistema de estudios, como en el caso de Vidas rebeldes, una producción independiente que sería distribuida por United Artists. Que el proyecto contara como impulsores con Monroe y Miller era un gran reclamo y enseguida se subieron al carro Gable, Eli Wallach y Montgomery Clift, además de un director de prestigio como John Huston, que había triunfado con películas como La jungla de asfalto (1950) y La reina de África (1951)

El rodaje en el desierto de Nevada, a temperaturas que rebasaban los 40 ºC, no fue fácil para el equipo, pero fue especialmente duro para Monroe. Su matrimonio se estaba descomponiendo velozmente –de hecho, Miller conoció allí a su siguiente esposa, la fotógrafa Inge Morath–, algo que no contribuía a mantener a raya sus adicciones y su tendencia a la autodestrucción. Empezó a llegar tarde cada jornada, para desesperación de Gable, y acabó ausentándose durante dos semanas del rodaje por una crisis nerviosa. En cualquier caso, volvió al desierto y acabó sus escenas.

Marilyn, en 'Vidas rebeldes'

Marilyn, en 'Vidas rebeldes'

La película fue un fracaso en taquilla y fue recibida en su momento con críticas polarizadas. Sin embargo, poco a poco, fue cimentando su leyenda (no negra, pero casi). Clark Gable murió de un infarto tan solo unos días después de que finalizara el rodaje, a los 59 años. Más inesperado fue que Vidas rebeldes acabara siendo la última película de Marilyn Monroe, que falleció el 4 de agosto de 1962 a los 36 años. Por su parte, Montgomery Clift, quien tuvo también una tortuosa vida por sus adicciones y por su conflictiva relación con la sexualidad, viviría hasta el 66 y tan solo trabajaría en un par más de títulos.

Hoy Vidas rebeldes es un absoluto clásico crepuscular, y no solo porque la película fuera el punto y final para sus estrellas, algunas de las más grandes de la historia, sino porque a través de su relato de cowboys caducados, atrapados entre un pasado que ya no existe y un presente incierto, parece hablarnos del fin del Hollywood clásico y de unos intérpretes que se enfrentaban a un nuevo orden marcado por la televisión, el cine de autor y el cambio en los gustos del público.

¿Se podría haber adaptado Marilyn a esa nueva realidad? Nunca lo sabremos, pero en Vidas rebeldes, en donde interpreta a una mujer ingenua, soñadora, algo volátil y con una capacidad inmensa de empatía, mostraba el atisbo de una actriz que podría haber sobrevivido al cambio. En cualquier caso, su medida siempre fue la eternidad.