La cineasta Marta Matute en la Academia de Cine de Madrid.

La cineasta Marta Matute en la Academia de Cine de Madrid. Rodrigo Mínguez

Cine

Marta Matute, cineasta: "Las personas con demencia son el último mono de la sociedad"

La directora estrena 'Yo no moriré de amor', Biznaga de Oro en Málaga, una película que hurga en su propia historia: la de una chica de 18 años que debe cuidar a su madre enferma.

Más información: Ángeles González-Sinde: "Quiero hacer un cine que haga pensar y reconforte. No estoy para dar lecciones"

Publicada

Al recoger la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga, Marta Matute (Madrid, 1988) pidió, por favor, responsabilidad y humanidad. Se dirigía a las instituciones encargadas de gestionar las residencias, públicas y privadas, lugares que la actriz y cineasta conoce demasiado bien.

A los 18 años, su madre fue diagnosticada con una demencia frontotemporal, algo que le cambió la vida: a ella, a sus hermanas y a su padre. Yo no moriré de amor, la premiada ópera prima de Matute, cuenta su historia, la de una familia que tiene que aprender a cuidarse mutuamente. Una película, asegura su directora a El Cultural un mes después de su paso por el certamen, que todavía “tiene en el cuerpo”.

“Cuando mi madre aún estaba viva, recuerdo ir un día a verla a la residencia y sentir mucho dolor y mucho amor a la vez, una emoción super-potente. Salí de ahí pensando: yo ya no voy a morir de amor, porque ¿qué voy a sentir más fuerte que esto?”.

Meterse la mano en las entrañas para contar algo prácticamente tabú para ella durante años no fue tan traumático como pensaba. “Emocionalmente, en el momento en el que me puse a escribir el guion empezó a ser una historia de más gente, no solo la mía”. No dejó, eso sí, que sus hermanas lo leyeran antes –“Me daba mucho miedo, mucho pudor”–, pero pudieron disfrutar de su triunfante paso por el festival. “Mi familia está muy orgullosa y ha sido muy bonito porque la película ha supuesto una unión”.

En el filme, que se estrena este 8 de mayo, Claudia (Júlia Mascort) es una chica que, en proceso de descubrir quién quiere ser, debe asumir precozmente el papel de cuidadora. “Es algo que va en contra del momento vital en el que estás viviendo. Tenía y tengo muy buenos amigos, pero cuando estaba atravesando esto me sentía muy sola porque nadie de mi edad estaba pasando exactamente lo mismo”, explica Matute.

La elección de Mascort para encarnar este trasunto suyo, cuenta la cineasta, fue pura intuición. “No me había imaginado así al personaje, pero pensé: esta chica es mucho más interesante que yo”. Influyó la presencia, la fisicidad y el carácter de la joven actriz, cuyo debut en la película le valió la Biznaga de Plata a la mejor interpretación femenina.

Matute sí que había pensado en Sonia Almarcha para asumir el reto de interpretar a la madre. “No quería dulcificar a este personaje, quería que tuviera carácter y ver cómo ese toro se va diluyendo por la enfermedad. Y Sonia tenía eso. No di con muchas mujeres que estuvieran interesadas en hacer este papel, no querían verse en esa vulnerabilidad y ese deterioro”.

En pantalla, y a través de elipsis, Almarcha va marchitándose, primero en casa y después en una residencia. Trabajar con ella, asegura Matute, le hizo recordar momentos con su madre.

Marta Matute en la Academia de Cine de Madrid.

Marta Matute en la Academia de Cine de Madrid. Rodrigo Mínguez

Nueve años de enfermedad de los que la cineasta, que buscó entonces disociarse de la realidad, recuerda muy pocas cosas, más bien hitos. “Para mí la película es una cápsula del tiempo, que tiene que ver con esa sensación de que estaba estancada. No pude estar en mi vida al 100% hasta que mi madre no murió”.

La protagonista del filme busca en el teatro, el trabajo y las relaciones amorosas una forma de escapar de la enfermedad que atormenta también a su hermana (Laura Weissmahr) y a su padre (Tomás del Estal, Biznaga de Plata al mejor actor de reparto).

“Los cuidados dentro de la familia en estas enfermedades neurodegenerativas, donde cuidas y nunca mejoran, son super-frustrantes. Al final lo que haces es echar la mierda a tu hermana, a tu padre, pero a la vez empatizas con ellos porque por primera vez os está atravesando lo mismo”.

El personaje del padre, retraído y apocado, es el que más se parece a la realidad. “Mi padre es el mayor enigma de este planeta”, señala la cineasta. “Hay una generación de hombres que tienen mucha torpeza emocional, porque se les ha castrado emocionalmente y no han tenido los recursos psicológicos y emocionales para desarrollarse ni poder hablar de las cosas. En la película, él es la persona con menos habilidades sociales o vías de escape, es quien está siempre en casa, la persona que se va a quedar ahí después de todo”.

Una carga femenina

Sin embargo, en este cambio de roles familiares en el filme son las hermanas quienes deben tomar las riendas de la situación, ser pragmáticas. “Tenemos que hablar de los cuidados para visibilizar que es la mujer la que se hace cargo. Por algo aprendido a lo largo de toda la historia somos nosotras las que mayoritariamente asumimos esos roles”.

Matute, al hacerse con el galardón en Málaga, agradeció con nombres y apellidos a las cuidadoras que ayudaron a su madre y a las que ahora se están haciendo cargo de su padre, también con demencia. Muchas de ellas migrantes, a las que la cineasta cree imprescindible reconocer su trabajo, frente a los discursos de odio y de desprestigio.

En su debut cinematográfico, Matute ha huido conscientemente del melodrama para contar desde la sutilidad uno de los problemas que, en una sociedad cada vez más envejecida, no debería recaer solo en las familias. “Las instituciones no se están responsabilizando de las personas con dependencia, es un error del sistema y una negligencia. A los mayores no se les está devolviendo lo que han aportado a la sociedad”, asegura.

Júlia Mascort y Sonia Almarcha en 'Yo no moriré de amor'. Foto: Concha de la rosa.

Júlia Mascort y Sonia Almarcha en 'Yo no moriré de amor'. Foto: Concha de la rosa.

Cuando su madre entró en una residencia, ella y sus hermanas pusieron el sitio “del revés”: denunciaron los ratios y las condiciones que no se cumplían, incluso recogieron firmas para la Comunidad de Madrid. “Las personas con demencia son el último mono de la sociedad. Se aprovechan muchas veces de que quienes cuidan de esas personas son también mayores que están muy cansados o no tienen los recursos para denunciar y ser combativos”.

Yo no moriré de amor, que ya huele a Goya, se inscribe en la nueva hornada de relatos intimistas dirigidos por mujeres cineastas que ha renovado el cine español en los últimos años. La verdadera batalla, opina, está en que empiecen a confiarles grandes presupuestos y la posibilidad de abordar todo tipo de géneros, del thriller a la acción.

"Las instituciones no se están responsabilizando de las personas con dependencia, es una negligencia"

Defiende, aun así, que hay historias que deben seguir contándose. “Si se tiene que hablar de la maternidad y de los cuidados 800 veces más que se hable, porque cada una contará su punto de vista”. Marta Matute ya está escribiendo una segunda película, aunque reconoce que esta aún la atraviesa. Siente que, al atreverse a contar la historia de su familia, la vida le ha recompensado de alguna manera. Y en ese camino, hay más amor que dolor.