Una imagen de 'The Lost Dream Team'

Una imagen de 'The Lost Dream Team'

Cine

Play Granada: por qué hacer un festival de deporte, cine y literatura tiene sentido

Quizá The Lost Dream Team, el documental sobre la desaparición de la antigua Yugoslavia contado a través de la experiencia de aquel equipo de baloncesto que fascinó al mundo a principios de los 90, sirva como metáfora del propio festival.

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El binomio cultura y deporte siempre generó discrepancias. No son pocos los que defienden la separación de las dos áreas, basta ver las modificaciones que ha sufrido la nomenclatura del ministerio del ramo, siempre basculando entre educación y cultura. En Play Granada, un certamen que acaba de cumplir su segunda edición, piensan lo contrario.

Al fin y al cabo, si Albert Camus dijo que todo lo que aprendió “sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al deporte” o Tony Richardson nos demostró que los problemas de la clase obrera podían contarse a través del atletismo en La soledad del corredor de fondo (1962), ¿por qué un festival no ha de insistir en reforzar los vínculos entre el deporte, en cualquiera de sus múltiples disciplinas, el cine y la literatura?

Esa ruta invisible que nos puede llevar de un partido del ‘Seis Naciones’ a un libro de David Storey y de ahí a El ingenuo salvaje (Lindsay Anderson, 1963) es la que ha decidido recorrer Play Granada. Quizá The Lost Dream Team (Jure Pavlović, 2025), el documental sobre la desaparición de la antigua Yugoslavia contado a través de la experiencia de aquel equipo de baloncesto que fascinó al mundo a principios de los 90, sirva como metáfora del propio festival.

Como si fuese una versión deportiva de Siete días de mayo (John Frankenheimer, 1964) –podría titularse ‘Seis días de junio’-, la atomización de la antigua república balcánica serpentea por las interioridades del vestuario de una selección que, instalada en Roma, trata de abstraerse de cuanto sucede en su país hasta que la realidad les deja sin base: Eslovenia declara su independencia y llama al orden a Jure Zdovc, que será acusado de traidor a la patria si no abandona el equipo. Sin embargo, el compromiso de los compañeros no ya con el propio Zdovc (“ganaremos por ti”), sino con el baloncesto y con la competición, trasciende sus orígenes.

De hecho, entrevistar, 35 años después, a todos los miembros de aquel equipo mítico cuyo máximo objetivo era enfrentarse al Dream Team en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 implica no solo asistir a una revisión íntima de cómo afrontaron aquella fatídica semana –es un documental que rezuma pesadumbre-, sino también reconocer su propia ingenuidad al creer que con su victoria podrían ayudar a evitar el desastre o, al menos, rebajar los niveles de tensión y lograr que Yugoslavia se quebrase de forma pacífica.

Una imagen de 'The Lost Dream Team'

Una imagen de 'The Lost Dream Team'

Kukoc, Divac, Radja y compañía no lograron que el deporte suturara las heridas de un país agrietado por los nacionalismos, pero esa fe en que el baloncesto podía si no cambiar las cosas ejercer como paliativo es la misma que subyace al espíritu Play Granada.

Y para eso es necesario mantener un equilibrio interdisciplinar, algo que ya pudo observarse en la gala de inauguración, un acto a contracorriente que no dudó en aprovechar la presencia de los dos homenajeados de este año, la marchadora María Pérez, cuádruple campeona del mundo y doble medallista olímpica, y el triatleta Javier Gómez Noya, cinco veces campeón mundial y medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, para que relatasen su experiencias como deportistas de élite, cautivando a un público que, por una vez, no tuvo la sensación de que un evento de este tipo fuera como correr una maratón siendo asmático.

Ese acto inicial, que se cerró con la oportuna proyección de Corredora (Laura García Alonso, 2026), quedó apuntalado por un compromiso de orden social, transversal e indisociable de lo deportivo y lo cultural, tal y como refrenda la creación del premio SuperDani, que recayó en el equipo Mixed Ability del Club Rugby Escoriones de Granada y en el equipo de balonmano Down Trops-Málaga Fundación Victoria, creado para visibilizar iniciativas ejemplares en el ámbito del deporte inclusivo y para apoyar la causa de Dani, un niño granadino con síndrome de Mitchell, un trastorno ultrarraro e incurable que padecen 30 personas en el mundo.

El compromiso del festival es, también, artístico. En primer lugar, porque la selección de diez cortometrajes que conformó la competición internacional alcanzó un nivel notable; también porque para un certamen de dimensiones minúsculas contar con varios estrenos nacionales –también lo fue The Lost Dream Team- no es tarea sencilla.

Una de las presentaciones de 'Play Granada'

Una de las presentaciones de 'Play Granada'

Por primera vez en España se vio Rixa (Fernanda Magalhães, Gustavo Guives, 2024), galardonado con la máxima distinción, un documental en primera persona, crudo y directo, sobre las consecuencias de la violencia vinculada al futbol. Pero no fue lo único destacable de la sección competitiva.

Ahí estuvieron, por ejemplo, Papillon (Florence Miailhe, 2024) una delicada pieza de animación que fue nominada al Oscar, en la que el agua actúa como canalizador de los recuerdos de un nadador que estuvo preso en un campo de concentración. O Air Horse One (Lasse Linder, 2025), candidata a un programa doble con The Challenge (Yuri Ancarani, 2016), inspirado documental que desmenuza la cotidianidad de una yegua campeona de salto ecuestre y que nos invita a repensar en las disciplinas deportivas con animales. O Les petites pictoires (Rafaël Beauchamp, 2025), un retrato paterno-filial sobre un campeón de karting enfermo y el legado que quiere transmitirle a su hija, desnudo de diálogos, fiel a la dinámica automovilística y enternecedor.

El premio del público se lo llevó Baisanos (Andrés Khamis Giacoman, Francisca Khamis Giacoman, 2025), un cortometraje inequívocamente político sobre el Club Deportivo Palestino de Santiago de Chile, que convierte el fútbol en un acto de resistencia en defensa de un pueblo amenazado. De hecho, tanto Baisanos como The Lost Dream Team pueden verse como dos aproximaciones a la geopolítica deportiva en tanto en cuanto los conflictos impactan sobre la práctica del baloncesto o hacen del deporte una herramienta que visibiliza las injusticias.

Sobre esas cuestiones habla, también, La historia oculta de los Juegos Olímpicos, escrito por el curtido periodista Ernest Riveras –ha trabajado como enviado especial en seis Juegos Olímpicos- , quien lo presentó acompañado por Fermín Cacho, campeón olímpico en Barcelona 92 y medalla de plata en Atlanta 96, en otro de los grandes momentos de la recién clausurada edición. En su ensayo, Riveras aúna erudición olímpica, rigor analítico y anecdotario personal para mostrar los entresijos del movimiento olímpico sin dejar de asumir una posición clara y comprometida para con la convulsa realidad que nos rodea. Por si alguien lo dudaba, el deporte es política. El cine y la literatura, también. Y en Play Granada lo saben.