Paco Rabal como Azarías en 'Los santos inocentes' (Mario Camus, 1984)

Paco Rabal como Azarías en 'Los santos inocentes' (Mario Camus, 1984)

Cine

Paco Rabal cumple cien años: el actor más acá y más allá de Buñuel

Con el cineasta aragonés trabajó en 'Nazarín', 'Viridiana' y 'Belle de jour', pero fue su Azarías de 'Los santos inocentes' lo que le catapultó a la gloria. En el centenario de su nacimiento, recordamos la trayectoria de un actor irrepetible.

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AZARÍAS. “Milana bonita”. Hay que empezar por aquí, con la cariñosa expresión del simple y desdentado Azarías hacia el ave rapaz que cuida en Los santos inocentes (1984). La película de Mario Camus, sobre la novela de Miguel Delibes, cautivó a la crítica en el Festival de Cannes y le valió a Francisco Rabal (1926-2001) el premio al mejor actor, compartido con Alfredo Landa. Para Rabal fue mucho más que un fogonazo de gloria.

Las cosas no le habían ido bien en los años 60 y 70 pese a haber hecho filmes muy importantes. Fueron años con largos tramos oscuros, con problemas de trabajo y dinero, con películas infames también, con crisis que le llevaron a la depresión y a los psiquiatras, con excesos en la bebida, los amoríos y las juergas que le rompieron por dentro más de una vez. Con un accidente automovilístico, en 1964, de regreso con una actriz de una correría nocturna en una venta flamenca cercana a Madrid, en el que salvó la vida de milagro y que le dejó cicatrices en la cara y un brazo maltrecho.

Además, y tras haber sido una estrella del cine de inspiración franquista –aunque no solo– durante los años 50, y quizá por eso mismo, llevaba encima el dolor de que los jóvenes cineastas del Nuevo Cine Español, como también le sucedió a Fernando Fernán Gómez, le daban la espalda.

Los santos inocentes le proporcionó el éxito y el prestigio transgeneracional que estabilizaron su vida y su carrera. Había antecedentes inmediatos que presagiaban ese momento cumbre.

Mario Camus –que le había sostenido con un secundario, pero sustantivo personaje, en la serie Fortunata y Jacinta (1980)– le llamó en 1982 para hacer el fracasado y dicharachero escritor que perora y trampea en el café La Delicia de La colmena (1982), papel corto que Rabal convirtió con su arrolladora facundia en ocasión de gran lucimiento.

Paco Rabal con Silvia Pinal en 'Viridiana' (Luis Buñuel, 1961)

Paco Rabal con Silvia Pinal en 'Viridiana' (Luis Buñuel, 1961)

Los otros dos hitos preparatorios de la eclosión con Los santos inocentes de Pacorrabá –como le llamaban sus paisanos de Murcia– fueron importantes: bordó al pícaro y castizo preso Ginés en la para él proverbial Truhanes (1983), de Miguel Hermoso, y recuperó, manteniendo la taquilla, a un público más intelectual gracias al escritor Rocabruno en Epílogo (1983), de Gonzalo Suárez. En 1984 le llegó el Premio Nacional de Cinematografía.

Paco Rabal es el único actor español –y no me consta que haya otro en el mundo– con películas que han ganado el máximo premio en los tres festivales internacionales más importantes: Cannes (Viridiana), Venecia (Belle de jour) y Berlín (La colmena).

Es el único actor con películas que han ganado el máximo premio en Cannes ('Viridiana'), Venecia ('Belle de jour') y Berlín ('La colmena')

VIRIDIANA. Luis Buñuel le dio a Rabal en México el problemático cura galdosiano de Nazarín (1958). La decisión buñueliana comenzó a gestarse tras verle en Prisionero del mar (1957), primera película del italiano Gillo Pontecorvo. Buñuel todavía dudó hasta que le vio como el locutor de Historias de la radio (1955), la estupenda comedia del falangista José Luis Sáenz de Heredia, a quien, por cierto, el cineasta aragonés salvó la vida durante la Guerra Civil.

Sáenz de Heredia, sobrino de José Antonio Primo de Rivera, mimado por el franquismo y cineasta con varias buenas películas en su irregular filmografía, dio a Rabal, haciendo la vista gorda a su conocido ideario comunista, el protagonista de la notable y exitosa comedia Todo es posible en Granada (1954) y también el de la menos lograda Diez fusiles esperan (1958), un oficial carlista.

En Nazarín, Buñuel y Rabal forjaron como “tío” y “sobrino” –según denominación del director– una familiar amistad de por vida, trufada de encuentros y correspondencia. Al regresar puntualmente a España para rodar Viridiana (1961), Buñuel reclamó a su “sobrino” para hacer de Jorge, el muy suelto primo de la monja (Silvia Pinal), que, gracias a la torpeza censora, termina jugando al tute con la religiosa y la criada Ramona (Margarita Lozano), en una clara alusión a un triángulo sexual. Palma de Oro en Cannes, conmoción vaticana y prohibición total de la película en España hasta 1977.

Viridiana fue producida por Uninci, sociedad integrada por artistas e intelectuales comunistas y liberales para hacer un cine distinto y de la que era miembro Rabal. Sus dos únicas películas con Juan Antonio Bardem –amén de la narración en off de La venganza (1958)–, también fueron producidas por Uninci: Sonatas (1959), en la que fue el Marqués de Bradomín, y, un torero más en su filmografía, A las cinco de la tarde (1960).

Escena de 'Hay un camino a la derecha' (Francisco Rovira Beleta, 1953)

Escena de 'Hay un camino a la derecha' (Francisco Rovira Beleta, 1953)

La tercera y última colaboración entre Buñuel y Rabal fue Belle de jour (1966), en la que el actor hizo el brevísimo personaje de Hipólito, un murciano que visita el burdel donde se prostituye la hermosa y casada burguesa Séverine (Catherine Deneuve).

Si Buñuel puso los tres grandes diamantes de su corona como actor, el cineasta que más veces le dirigió fue Rafael Gil, otro hombre vinculado al franquismo, un artesano muy competente y de carácter cordial con el que hizo, desde su fugaz intervención –no incluida en el montaje final– en La pródiga (1946) cuando era electricista en los Estudios Chamartín, nada menos que once películas hasta 1972. La guerra de Dios (1953), El beso de Judas (1954), Murió hace quince años (1954) o Currito de la Cruz (1965), entre ellas.

De aquellos años 50 y de aquel contexto, quedaron dos películas muy interesantes: La honradez de la cerradura (1950), su primer protagonista, de Luis Escobar –el impulsor, con José Tamayo, de su corta, pero jugosa carrera teatral–, y Hay un camino a la derecha (1953), de Francisco Rovira Beleta, con la que ganó el premio al mejor actor en San Sebastián.

INTERNACIONAL. Nacido en un pobre caserío de la Cuesta de Gos, junto a Águilas (Murcia), hijo de minero y de madre analfabeta, con un hermano mayor (Damián) y una hermana menor (Lola), luego esenciales en su vida, Rabal creció en un ambiente de mucha necesidad. Su padre, su hermano y un tío hubieron de trabajar en la construcción del Valle de los Caídos. Fue vendedor ambulante y mensajero.

Paco Rabal en 'Goya en Burdeos' (Carlos Saura, 1999)

Paco Rabal en 'Goya en Burdeos' (Carlos Saura, 1999)

Un gran tesón, una enorme dedicación a aprender y a leer y la ayuda de algunas personas como el poeta Dámaso Alonso –su vecino “rico” en el barrio de Chamartín– le impulsaron a su sueño de ser un gran actor, además de buen flamenco y recitador, componedor de poemas y ripios y director de cortometrajes.

Apuesto y viril, de rostro inequívocamente rural, con voz fuerte y bronca, le llevó años ir moldeando, con la contribución de su sonrisa y su simpatía, una expresividad más dúctil y versátil, también en pelea con su calvicie pronta y el disimulo de su peluquín y de sus gorras.

Redondeó una carrera internacional impresionante. Se hace aquí obligado añadir un listado muy incompleto de directores y títulos cuya relevancia el lector informado apreciará: José María Forqué (Amanecer en Puerta Oscura, 1957), Leopoldo Torre Nilsson (La mano en la trampa, 1960), Michelangelo Antonioni (El eclipse, 1961), Jorge Grau (Noche de verano, 1962), Carlos Saura (Llanto por un bandido, 1963), Jacques Rivette (La religiosa, 1966), Luchino Visconti (Las brujas, 1966), Glauber Rocha (Cabezas cortadas, 1970), Pedro Olea (Tormento, 1974), Valerio Zurlini (El desierto de los tártaros, 1976), William Friedkin (Carga maldita, 1977), Bigas Luna (Renacer, 1980), Fernando Trueba (Sal gorda, 1983), Francisco Regueiro (Padre nuestro, 1985), Jaime de Armiñán (las series Juncal –1989– y Una gloria nacional –1993–), Vicente Aranda (Tiempo de silencio, 1986), José Luis García Sánchez (Divinas palabras, 1987), Pedro Almodóvar (Átame, 1989), Alain Tanner (El hombre que perdió su sombra, 1991), José Luis Cuerda (Así en el cielo como en la tierra, 1995), Arturo Ripstein (El evangelio de las maravillas, 1998)…

Casado desde 1951 con la actriz Asunción Balaguer (1925-2019), el inconmovible pilar de su vida, la madre de sus hijos Teresa y Benito, Rabal, en agosto de 2001, volaba con ella desde Montreal y Londres con destino a Madrid. El actor, afectado por un avanzado enfisema, sufrió una crisis respiratoria que no pudo superar pese al aterrizaje de urgencia del avión en Burdeos y su hospitalización en la ciudad francesa.

En 1999, había ganado el Goya por Goya en Burdeos, de Carlos Saura, y su conmovedora interpretación de la vejez y la agónica muerte del pintor.