Las comparecencias de este viernes de la directora general de la Guardia Civil ante el juez Pedraz, y del Director Adjunto Operativo (DAO) en la comisión de investigación del Senado, han agravado la crisis institucional que atraviesa el cuerpo.

La imagen de sus dos máximos responsables ha salido aún más deteriorada tras una jornada parlamentaria y judicial en la que sus explicaciones resultaron del todo insuficientes.

Ambos mandos se encuentran imputados por presuntos delitos de prevaricación y obstrucción a la justicia. El magistrado de la Audiencia Nacional apreció indicios criminales en la apertura reiterada e injustificada de informaciones reservadas dirigidas contra agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) que investigaban tramas de corrupción vinculadas al PSOE.

La instrucción también reveló que Mercedes González mantuvo reuniones en la dirección general con Leire Díez, y que Manuel Llamas ordenó a la unidad no actuar de forma "proactiva" y ponerse "de perfil" ante causas sensibles para el Ejecutivo.

El discurso con el que el teniente general Llamas ha intentado justificar en el Senado su directriz sobre la proactividad no ha podido sonar más estrambótico. El DAO ha argumentado que una excesiva iniciativa policial "roba" las competencias a los jueces instructores, y ha llegado a acusar de "vanidad" y "exceso de protagonismo" a los propios investigadores del cuerpo.

Y no menos insostenible resulta la posición de Mercedes González, que viene ofreciendo múltiples versiones contradictorias sobre su relación con Leire Díez. Este viernes volvió a defender ante el juez que en las citas con la fontanera no se abordaron asuntos vinculados a la trama ni a las denominadas cloacas del PSOE.

Pero la investigación ha acreditado como hecho probado que la directora continuó en contacto con Díez varias semanas después de ser informada por escrito de que la exmilitante socialista formaba parte de un grupo que maniobraba contra la UCO.

Tanto González como el DAO mantuvieron oculta esa nota de despacho a los investigadores durante seis días, una dilación que han intentado justificar de forma poco convincente con el calendario de festivos madrileños.

El elemento más incriminatorio para ambos que ha aflorado en la declaración de González es su admisión de que Leire Díez le envió un mensaje en el que le revelaba de forma anticipada la filtración a la prensa de unos chats privados entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos. González ha reconocido además haber borrado después estas conversaciones.

Este reconocimiento es determinante, porque el contenido del mensaje de Díez coincide con el móvil de la investigación interna contra los agentes de la UCO que Manuel Llamas ordenó abrir al día siguiente, para indagar sobre la supuesta autoría de la filtración.

La declaración de González corrobora así la cronología sospechosa que vincula de manera directa las maniobras de la trama para desestabilizar a la UCO con las actuaciones predisciplinarias incoadas contra los investigadores desde la cúpula del cuerpo.

Tanto Mercedes González como el teniente general Llamas se han ratificado en su negativa a dimitir. Si la sola imputación por dos delitos graves ya constituía un motivo suficiente para que abandonasen el cargo, las declaraciones de este viernes han minado irreparablemente su credibilidad para continuar al frente de la institución.

Ante este enrocamiento, corresponde al Gobierno actuar con responsabilidad y atajar el escándalo. La salvaguarda de la reputación de una institución del Estado que no puede ser instrumentalizada como una trinchera política exige cesarlos de inmediato.

La estrategia de ratificar la confianza en los investigados adoptada por Sánchez y Fernando Grande-Marlaska resulta insostenible. Mantenerlos en sus puestos acentúa el descrédito de la Guardia Civil y el malestar en el seno del instituto armado.

Puesto que, según informó EL ESPAÑOL, ha cundido el enojo dentro de la Guardia Civil con sus superiores investigados (que han evitado acudir a sus despachos oficiales desde que se conoció su imputación hace dos semanas), cabe preguntarse cómo va a poder mejorar el ambiente en el cuerpo después de esta jornada bochornosa. Y con qué autoridad se presentarán el lunes los mandos ante sus subordinados.