Baneen Ahmad Nayyef en 'La tarta del presidente'

Baneen Ahmad Nayyef en 'La tarta del presidente'

Cine

'La tarta del presidente': un drama social con personajes sin escala de grises y demasiadas casualidades

La propuesta remite al neorrealismo italiano, sin que aporte nada demasiado novedoso, y la impresión que genera es la de ser una bienintencionada mirada occidental sobre la realidad iraquí pasada.

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Estamos en 1990 en Irak. Con el país sometido a duras sanciones internacionales que han provocado que los alimentos y las medicinas escaseen y que los precios se hayan disparado, y con los cazas norteamericanos cruzando continuamente el cielo, el presidente Saddam Hussein se empeña en que sus compatriotas celebren por todo lo alto su cumpleaños. Para la pequeña Lamia (Baneen Ahmad Nayyef), que vive con su abuela (Waheed Thabet Khreibat) en el entorno de unas marismas, en una choza sin luz, el deseo del tirano va a provocar que su vida dé un vuelco importante

En una escuela sometida al ultranacionalismo y al culto extremo al líder, tras un sorteo con inquietantes reminiscencias a filmes de supervivencia extrema como Los juegos del hambre, a Lamia le toca el encargo de preparar la tarta del presidente, bajo amenaza de castigos severos si no cumple con su cometido. De manera que, sin apenas recursos, nieta y abuela se desplazan a la ciudad para conseguir los ingredientes necesarios: azúcar, levadura, huevos y harina.

Al menos eso piensa Lamia, porque lo que pretende su abuela es dejarla al cargo de la dueña de un restaurante, ya que ella está muy enferma. Sin embargo, la niña, que piensa que es por las complicaciones derivadas de la tarta por lo que se quieren deshacer de ella, se escapará y tratará de reunir por su cuenta los ingredientes, iniciando un peligroso viaje de iniciación.

Galardonada con la Cámara de Oro del Festival de Cannes, que premia a la mejor ópera prima de todas las secciones, La tarta del presidente es la primera película del director Hasan Hadi, quien vivió su infancia en Irak durante los años que retrata la película, aunque hoy esté afincado en Nueva York. Sin embargo, el cineasta ha querido rodar en su país de origen con técnicos locales y ha conseguido colarse en la shortlist de los Oscar a película internacional, algo que la cinematografía iraquí nunca había logrado.

Durante la mayor parte del filme seguimos a Lamia que, en compañía de su amigo Saeed (Sajad Mohamad Qasem), al que le han encargado llevar la fruta para conmemorar los fastos de Saddam Hussein –cuyo rostro es una presencia constante a través de retratos y apariciones televisivas– y de su gallo hindi –inesperado robaescenas–, tratará de conseguir sus ingredientes, para lo que tendrá encuentros de todo tipo, desde personas de buen corazón a auténticos villanos.

La propuesta remite al drama social en la tradición del neorrealismo italiano, sin que aporte nada demasiado novedoso, y por mucho que la puesta en escena trate de ser realista, la impresión que genera el filme es la de ser una bienintencionada mirada occidental sobre la realidad iraquí pasada.

La peripecia de Lamia también está plagada de personajes sin escala de grises y de casualidades demasiado oportunas, todo en pos de tocar la fibra al espectador. En esa empresa, en la que se muestra eficaz –pese a todas las trampas– a tenor de su éxito en festivales y críticas, destaca más el buen hacer de los actores naturales, tanto los adultos como los infantiles, lo mejor del filme de Hasan Hadi.

La tarta del presidente

Dirección y guion: Hasan Hadi.

Intérpretes: Baneen Ahmad Nayyef, Sajad Mohamad Qasem, Waheed Thabet Khreibat, Rahim AlHaj

Año: 2025.

Estreno: 6 de febrero