Javier Gutiérrez y Daniel Sánchez Arévalo durante el rodaje de 'Rondallas'

Javier Gutiérrez y Daniel Sánchez Arévalo durante el rodaje de 'Rondallas'

Cine

Daniel Sánchez Arévalo estrena 'Rondallas': "Lo tradicional tiene algo vital, moderno en su espíritu"

12 años después de 'La gran familia española', el director regresa a las salas de cine con una película sobre el derecho a ser feliz después de una tragedia.

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Aunque la búsqueda de la modernidad muchas veces nos haga olvidarlo, hay belleza y emoción en la tradición. Un buen ejemplo son las rondallas gallegas, agrupaciones musicales populares formadas a veces por más de cien personas que combinan instrumentos tradicionales con arreglos contemporáneos.

Daniel Sánchez Arévalo (Madrid, 1970) confiesa que no había oído hablar de ellas hasta que se las enseñó su productor, Ramón Campos, y ha acabado dedicándoles una película.

Rondallas se ubica en un pequeño pueblo del Atlántico, una comunidad marcada por un naufragio ocurrido dos años atrás, en el que murieron siete tripulantes de un barco pesquero. Lidera el reparto Javier Gutiérrez en la piel del superviviente Luis, que ha empezado una relación amorosa con Carmen (María Vázquez), la viuda de su mejor amigo, uno de los fallecidos en el accidente, ante el reproche de la hija de ella (Judith Fernández).

El filme también presenta una mirada caleidoscópica a la gente del pueblo, como el guardia tierno y algo tontorrón (Tamar Novas), un viejo bohemio (Carlos Blanco) y un chaval depresivo enamorado (Fernando Fraga).

Rondallas supone un regreso de Sánchez Arévalo al “drama cómico” con personajes humanos, imperfectos y cercanos de Azulsocurocasinegro (2006), Primos (2011) y la película de Netflix Diecisiete (2019). Su último estreno en cines fue ya hace 12 años con La gran familia española, pero tiene otras dos películas en camino.

Pregunta. ¿Diría que el gran tema de la película es el duelo?

Respuesta. No sé si es el gran tema, pero es lo que pone en marcha la historia. Rondallas arranca con una madre y una hija que viven un duelo enorme. Y ese dolor no es solo individual, el pueblo está sacudido por la tragedia del naufragio. A partir de ahí, casi todos los personajes están atravesados por una pérdida.

»Los personajes de Javier Gutiérrez y Carlos Blanco también están de duelo, y para ellos se ha perdido algo más: la rondalla del pueblo, que dirigía uno de los fallecidos.

P. ¿Cuándo es el momento adecuado para mirar adelante sin esa sensación de traicionar a los muertos?

R. No lo sé, pero llega un momento en el que los personajes se plantean si es legítimo volver a sentir alegría. ¿Cuándo es decoroso volver a vivir? ¿Hasta cuándo tenemos que seguir sufriendo?

»Andrea, la hija de Carmen interpretada por Judith Fernández, siente que es pronto y no es capaz de participar en nada que genere felicidad. Aparece una culpa muy fuerte. La idea de que la tristeza es una forma de lealtad tiene mucho que ver con la educación judeocristiana.

Una imagen de 'Rondallas', con María Vázquez y Javier Gutiérrez en el centro

Una imagen de 'Rondallas', con María Vázquez y Javier Gutiérrez en el centro

P. También está el tema de rehacer la vida sentimental.

R. Sí, por ejemplo, en el personaje de Carmen, que ha perdido a su marido. ¿Puede rehacer su vida? ¿Puede hacerlo sin esconderse, sin miedo al qué dirán? En este caso, además, aparecen los celos de los hijos.

»Me inspiré mucho en un documental sobre dos alpinistas que eran muy buenos amigos. Uno muere en una avalancha y el otro, al apoyar a la familia, acaba intimando con la viuda. Me impactó muchísimo. Es un error pensar que hay que estar triste para siempre. ¿Qué gana el muerto con eso?

P. En Rondallas no se clarifica uno de sus principales dilemas. ¿El personaje de Javier Gutiérrez se sacrifica por su novia y la memoria de su amigo o realmente es culpable?

R. Es algo que trabajamos mucho Javier y yo. Lo interesante era que las dos versiones estuvieran siempre abiertas. Dependiendo del momento de la película, yo podía pedirle que interpretara al personaje desde un lugar u otro: desde la culpa o desde el sacrificio. Además, teníamos visiones ligeramente distintas del personaje, ambas igual de válidas, y eso enriquece el resultado.

P. ¿Qué papel tenían que jugar las rondallas?

R. Eran uno de los grandes atractivos del proyecto. Yo no tenía ni idea de lo que era una rondalla hasta que el productor, Ramón Campos, me enseñó un vídeo de la rondalla de Santa Eulalia de Mos: trajes tradicionales, gaitas, percusión… y de repente versionan Thunderstruck de AC/DC. Se me puso la piel de gallina.

»Empecé a investigar y descubrí que las rondallas eran muy desconocidas, incluso en Galicia. Me fascinó ese universo, revelan un sentido de comunidad muy fuerte y hay una gran rivalidad entre los municipios implicados. En la rondalla que nos inspiró no había músicos profesionales, sino niños, gente muy mayor, personas unidas por el amor a la música y por sentirse parte de algo.

P. ¿Perdemos riqueza cultural al despreciar lo tradicional?

R. Totalmente. Está esa idea de que lo rural o lo popular es rancio, pasado de moda. Pero, cuando te acercas de verdad, ves justo lo contrario: algo vital, espectacular, moderno en su espíritu. Los americanos saben vender sus tradiciones rurales. Aquí, en cambio, miramos lo nuestro con complejo. Y hay cosas populares españolas que son visual y emocionalmente potentísimas.

La rondalla de la película

La rondalla de la película

P. El filme es muy coral. ¿Le preocupaba perder el foco?

R. No demasiado. Yo quería reflejar que las rondallas son intergeneracionales, y eso pedía coralidad. Me interesaba transmitir ese sentido de comunidad y hacer una película adulta. Hay mucho cine familiar infantil, que está muy bien, pero hay un hueco para películas que pueda ver toda la familia y que no sean solo para niños.

»También me da pena que el cine haya dejado de ser una costumbre, una rutina. Quería hacer una película que invitara a ir al cine como quien va a ver tocar a la rondalla.

P. Hay una parte casi de fábula, pero también refleja con realismo social la vida del pueblo. ¿Buscaba autenticidad?

R. Sí. Formamos una rondalla de más de cien personas con rondalleros reales. Las percebeiras son auténticas percebeiras. La subasta de la lonja es auténtica. Queríamos que todo respirara verdad.

P. ¿Parte del drama para llegar a la comedia?

R. Para mí, sin drama no hay comedia. La comedia que no nace de un conflicto dramático no me interesa. El ejemplo más básico es alguien que resbala con una cáscara de plátano: al que se cae no le hace gracia, pero desde fuera es cómico.

»Incluso Primos, que es mi película más abiertamente cómica, arranca con un tipo abandonado en el altar. Yo siempre parto del drama porque la vida es así, profundamente dramática, y dentro de eso aparece la risa.