Alice Rohrwacher. Foto: Tiziana Poli / Amka Films

Alice Rohrwacher. Foto: Tiziana Poli / Amka Films

Cine

Alice Rohrwacher estrena 'La quimera': "El cine es la resurrección, empezando por los Lumière"

Uno de los nombres más importantes del cine actual aborda la profanación de lugares sagrados con un filme premiado en la Seminci de Valladolid.

17 abril, 2024 02:31

Alice Rohrwacher (Fiesole, Italia, 1982) creció en una ciudad toscana donde sus mayores acostumbraban a profanar tumbas.

La directora italiana recuerda vívidamente las conversaciones de muchos hombres en los bares, alardeando de haberse apropiado de ánforas, pequeñas estatuillas y sarcófagos en excavaciones realizadas al abrigo de la noche. Aquellos recuerdos infantiles han aflorado en la cuarta fábula de esta estudiante de griego clásico, Historia de las Religiones, Literatura y Filosofía.

La quimera es una película ambientada en los años ochenta. Está protagonizada por un grupo de ladrones de antiguos ajuares funerarios y restos arqueológicos etruscos liderados por un inglés atormentado por la mujer que perdió.

El drama, de exuberancia felliniana, está apoyado en la fotografía lírica y granulada de Hélène Louvart y se estrena este viernes, tras ser reconocido con la Espiga de Plata en la última edición de la Seminci.

Pregunta. Esta es la tercera parte de una trilogía, junto a El país de las maravillas (2014) y Lazzaro feliz (2018), sobre la manera en la que nos relacionamos con el pasado. ¿Ha tenido en mente tanto la dimensión personal como histórica de la memoria?

Respuesta. Nunca hablo del pasado a partir de la historia de un individuo. Siempre pienso en términos de colectividad porque retrato a alguien que vive en sociedad. La idea de que hay algo más grande que uno mismo es un pensamiento que me resulta tranquilizador, que me hace sentir menos responsable. Por eso no pongo el foco de atención en mi propia identidad, aunque, hoy en día, los relatos parecen concentrarse en el individuo. Siento que mi deber es contar las historias desde la comunidad. De hecho, cuando percibo que me estoy aproximando demasiado a las emociones de un personaje, necesito distanciarme e intento volver al grupo al que pertenece.

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P. La película vuelve a estar ambientada en la región italiana de donde usted procede, pero esta vez presta atención a su subsuelo. ¿Cuándo fue la primera vez que supo del expolio de tumbas?

R. He crecido en un lugar donde es imposible plantar un calabacín sin desenterrar piezas y fragmentos de artefactos que fueron enterrados. Esta relación con un mundo subterráneo siempre me ha interesado. Saber, por ejemplo, que las cuevas donde se guarda a los animales antes fueron tumbas. En esa tierra estratificada perviven las huellas de civilizaciones pasadas, de personas que han amado y odiado, que han sido felices y tristes. Eso hace que me sienta muy conectada al pasado. Se trata de una zona donde floreció el tráfico ilegal de reliquias etruscas en los años ochenta. Como habrá leído en muchos periódicos, en los últimos años ese asalto es algo común a muchas civilizaciones del Mediterráneo.

Lugares sagrados

P. ¿Sintió de inmediato que el saqueo era algo éticamente reprobable?

R. Lo que más me llamaba la atención de niña no era tanto el hecho de que fueran actos que iban en contra de la ley sino saber que estas personas violaban lugares sagrados. Su objetivo era llevarse objetos que se habían enterrado para acompañar a los cadáveres, pensados para permanecer ocultos y no ser vistos. Yo me preguntaba por qué lo hacían. Es una duda que siempre me ha acompañado. ¿Cuándo pasamos a ver el ayer como algo común? ¿Cuándo dejamos de darle importancia a las vidas pasadas de esos objetos y, por lo tanto, podemos tomarlos, venderlos, destruirlos...?

P. ¿Ha cambiado su percepción al respecto?

R. He llegado a pensar que quizá estos profanadores tenían sus motivos, porque no querían ser como sus padres. No querían acabar como esos hombres viejos machacados por el esfuerzo físico, de ahí que no le den importancia al origen de unos artefactos que durante 2.000 o 3.000 años nadie había tocado.

P. ¿Por qué, de entre todas las civilizaciones, eligió a la etrusca?

R. Si he elegido a los etruscos es porque ha sido un pueblo romantizado, ya que mitológicamente eran más dulces que los romanos, y, además, estaban debajo de mi casa.

P. Hablando de mitología, ¿en qué medida está inspirado el hilo rojo que conecta al protagonista con su amada en el hilo de Ariadna?

R. Quería que Arthur y Beniamina estuvieran visualmente conectados, que estuvieran ligados por una raíz. Esta idea me la inspiró el poema de Rilke Orfeo. Eurídice. Hermes. La verdad es que casi sentí vergüenza por servirme del hilo rojo, porque pensé que era una imagen muy trivial, pero para mí era verdadera. Tenía la fuerza de darle una delicadeza que terminó siendo superior al miedo a la referencia banal. Es un símbolo muy manido, pero para mí era honesto.

»Cuando creamos el vestido de Beniamina, que fue cosido a mano, pensé que sería de color rojo y resultó ser una prueba de valentía. Pensamos en contar esta trama como una historia mitológica. Las leyendas del Mediterráneo son en gran medida compartidas. Por tanto, van más allá de la Antigua Grecia o de pertenecer a un país específico. En definitiva, se trataba de hallar una imagen delicada de esa conexión tangible entre los dos personajes.

Una identidad mixta

P. ¿Es el cine la manera de creer en la vida después de la muerte?

R. El cine es la resurrección, empezando por los Lumière y su grabación de los obreros saliendo de la fábrica.

P. Como viene siendo habitual, ha conformado un elenco de actores profesionales y no profesionales. ¿Cómo consigue construir escenas tan elocuentes en la pantalla con debutantes?

R. Tengo la fortuna de trabajar con actores profesionales de mucha calidad. Siempre que hago el casting de una película, les pido que me ayuden a hacer el filme, porque necesito que guíen a los debutantes. Afortunadamente, mi hermana Alba, Josh O’Connor, Isabella Rossellini y Carol Duarte son personas de una generosidad increíble.

»Trabajar con actores no profesionales nos ayuda a no acomodarnos, a revivir la experiencia del cine por primera vez. Hay cosas que solo los profesionales pueden aportar, como también hay otras que solo pueden hacerlo los que empiezan. Los no profesionales no son conscientes de lo que aportan, mientras que los profesionales sí lo son. Es una cuestión de combinar ambos mundos. Le diré que la mayoría de los actores son mis vecinos.

P. En la película se escucha hablar en francés, en inglés, en italiano y en portugués. ¿Qué buscaba con esa diversidad de lenguas y orígenes?

R. En estos momentos, era importante subrayar una identidad italiana muy mixta, y lo digo como hija de un hombre extranjero. Por otra parte, quería que Arthur no perteneciera a un lugar concreto. Elegí el inglés porque es un idioma muy extendido, la lengua más internacional, así que no sabes de dónde viene, si de Inglaterra o de otra parte. También pensamos que sería muy bello escucharle dialogar con Isabella Rossellini, porque es bilingüe.

»Y en cuanto a la incorporación al elenco de la actriz brasileña Carol Duarte, le diré que no había decidido que fuera portuguesa, tan solo que sería una chica que hubiera huido de su hogar, desarraigada. Tuvimos una conversación por Skype y me quedé prendada, así que le pedí que viniera a Italia en dos días. Es una actriz extraordinaria, parece una equilibrista que fuera a precipitarse al vacío desde la cuerda floja, pero que nunca se cae.

Desde el norte de europa

P. ¿Por qué le dio el nombre de Italia?

R. Quería un personaje extranjero que se llamara Italia con todas mis fuerzas, porque en este momento hay mucho racismo en mi país.

Josh O’Connor y Alice Rohrwacher en el rodaje de 'La quimera'

Josh O’Connor y Alice Rohrwacher en el rodaje de 'La quimera'

P. ¿Qué piensa del contraste entre la soledad de Arthur y el espíritu de los ladrones con los que se junta?

R. Representa la búsqueda histórica del origen que es común entre los británicos y los alemanes. Arthur es un personaje que viene del norte de Europa y al que acompaña la nostalgia. Es un inglés marcado por un vacío que, cuando coincide con toda esa comunidad rural en una fiesta, mira este mundo posible y se siente fascinado por el fuerte sentimiento de comunidad.

P. No es la primera vez que retrata a comunidades que viven de una manera alternativa. ¿De dónde procede su interés por la gente que vive en los márgenes?

R. Me interesan los confines. Puedes pensar en los márgenes como algo dejado de lado, pero también es la puerta a otro espacio, la posibilidad de una alternativa. Todo lo que está ahí tiene el potencial de evolucionar, de cambiar y convertirse en algo distinto, mientras que lo del centro está solidificado, se vuelve estático, inamovible.

El deseo de los O’Connor

Seb O'Connor es un economista medioambiental inglés que, a pesar de su vínculo fraternal con un actor de éxito, solo pisa el cine para ver sagas de superhéroes.

Hace seis años hizo una excepción y se cruzó con una película que le impactó de tal manera que llamó a su hermano para instarle a que se pusiese al servicio de su directora. La película era Lazzaro feliz y la realizadora Alice Rohrwacher. En esa llamada está el germen de que Josh O'Connor sea hoy el protagonista de La quimera.

"Es la cineasta que ha tenido un impacto más profundo en mí. Necesitaba trabajar con ella, así que le escribí una carta mostrando mi deseo”, ha reconocido a El Cultural.