Fotograma de Yuli, de Icíar Bollaín

La 66 edición del Festival de San Sebastián, que arranca este viernes, llega marcada por la fuerte presencia española. A los trabajos de Rodrigo Sorogoyen, Carlos Vermut, José Luis Cuerda y Enrique Urbizu, se añaden las "experimentales" propuestas de Isaki Lacuesta e Icíar Bollaín.

En los géneros cinematográficos, las fronteras que hasta hace no mucho eran infranqueables ahora desaparecen al mismo tiempo que asistimos al desmoronamiento de los viejos compartimentos. El Festival de San Sebastián proyecta este año dos películas españolas en su Sección Oficial, Entre dos aguas, de Isaki Lacuesta, y Yuli, de Icíar Bollaín, en las que el juego de dimensiones cobra un nuevo nivel de sofisticación y complejidad. En el filme de Lacuesta nos reencontramos con dos personas/personajes, los hermanos Gómez Romero, cuya peripecia existencial ya conocimos hace casi quince años en La leyenda del tiempo (2005). Entonces eran unos niños a punto de entrar en la adolescencia. Bollaín, por su parte, se mete en camisa de once varas al rodar un biopic sobre un personaje que no solo está vivo sino que además participa en la propia película interpretándose a sí mismo. Como dice la cineasta: "Yo misma me decía que más difícil era imposible". Son planteamientos distintos. Mientras el director catalán pone a sus personajes en una situación ficticia, Bollaín sí es fiel a la biografía de su protagonista aunque por supuesto se toma libertades para contar su historia.



Emoción y credibilidad

El debate sobre los límites y las fronteras de la ficción, y la propia esencia de la palabra novela, hace tiempo que se ha convertido en una de las claves del mundo literario. El auge de la literatura de lo real o la "ficción no-ficción" es un fenómeno de largo recorrido en las librerías. Algunos autores incluso se ven en la obligación de salir a defender las historias inventadas frente al prestigio de lo "real". En el mundo audiovisual, sin embargo, las cosas van más lentas y, de hecho, a pesar de su imparable avance, las películas de no ficción o los géneros híbridos están lejos de ser la opción mayoritaria del público. Como señala Icíar Bollaín, han sido las series de televisión las que han ido a la vanguardia: "Hace diez años cualquier productor hubiese dicho que Yuli es un proyecto experimental que no se iba a entender. Cuando comenzaron a tener éxitos esas series basadas en la vida real se demostró que el público está muy maduro. La gente tiene un grado de sofisticación tal que entiende perfectamente el juego".



Bollaín se refiere a series de Netflix como Making a Murderer (2015), en la que se narraba en clave de thriller el increíble caso de un hombre encarcelado por un asesinato que no cometió. En las últimas semanas, la crónica del ascenso y caída de la secta creada por un gurú indio que se hacía llamar Osho, Wild Wild Country, ha obtenido un gran éxito. Al modo de Truman Capote en A sangre fría, quizá el gran precursor, la idea es coger del reportaje/documental la realidad como fuente de inspiración pero utilizar las mismas herramientas y recursos, estilísticos y narrativos, de la ficción. La idea de fondo es que siempre tiene un plus de emoción y credibilidad una historia en la que sus personajes viven y respiran en el mismo mundo que los espectadores.



"Hace diez años se hubiese dicho que Yuli era una película experimental. Hoy la gente entiende perfectamente el juego". I. Bollaín

El lector está más que acostumbrado ya a autores como el noruego Karl Ove Knausgard, que ha convertido su propia experiencia en una saga de seis tomos, o, en un tono menos desgarrador, a los textos de Javier Cercas. Sin embargo, como explica Isaki Lacuesta, a pesar del cambio de mentalidad que detecta Bollaín, en el cine aún cuesta salir de los patrones establecidos: "Se produce la paradoja de que el espectador entiende muy bien este tipo de filmes pero muchos productores se siguen asustando ante propuestas de rodaje más abiertas. Sigues encontrando incomprensión ante una película como esta. La consideran de segunda clase. Todo lo que sea salirse del esquema ‘guión cerrado y actor famoso' no es fácil".



El cine y la literatura se parecen, pero son lenguajes distintos. Bollaín pone el acento en esas diferencias: "Cuando voy al teatro siempre siento una cierta envidia porque lo compras todo, estás dispuesto a creerte lo que te cuenten. En una novela basta con la autoridad del escritor pero el cine exige verismo y un cierto nivel de producción. El espectador se tiene que creer lo que estás contando, no basta con recurrir a su imaginación". En su filme, la directora de éxitos como Te doy mis ojos (2003) o El olivo (2016) cuestiona los principios de realismo absoluto, aunque solo sea porque una película tiene una duración limitada. "Partíamos con la ventaja de que Carlos es bailarín y coreógrafo y es consciente de que tenemos que sintetizar", añade.



Fotograma de Entre dos aguas, de Isaki Lacuesta

¿Pero... qué es el realismo? Se pregunta Isaki Lacuesta: "Las películas que en los años 40 se consideraban realistas hoy las vemos como muy sofisticadas. Y el realismo de Winterbottom de los 90 nos parece muy de la época. El realismo es una convención y este tono que hoy vemos como naturalista dentro de 40 años probablemente será visto de forma distinta". En su filme, el juego de espejos se refleja en unos personajes que se interpretan a sí mismos pero que les suceden cosas que no les han pasado en la vida real: "Es cierto que Cheíto ha estado en el Ejército pero no lo es que Israel haya ido a la cárcel. Una cosa importante que quiero que el público tenga claro es que todo está interpretado, los diálogos muchas veces son suyos pero hay un guión previo que construye las escenas. Es un proceso muy dinámico en el que primero tienes muchas conversaciones con ellos, después escribes una trama y unas situaciones para que finalmente, durante el rodaje, te dejes sorprender y se vaya reescribiendo".



"¿Qué es el realismo? Es una convención. Lo que hoy vemos naturalista en unos años se verá distinto". I. Lacuesta


Son dos filmes muy distintos aunque parten de una mirada no tan lejana. Bollaín retrata en Yuli la historia de alguien "que ha llegado". Basada en la autobiografía de Carlos Acosta, bailarín cubano que fue primera figura del Royal Ballet de Londres después de una infancia de pobreza en las calles de La Habana, la directora vuelve a contar con un guión de Paul Laverty, el hombre que suele escribir los filmes de Ken Loach. El reto, como en todo biopic que cuenta una historia de superación, en el que encima el protagonista sigue vivo, es ser al mismo tiempo fiel a los hechos sin que se convierte en una hagiografía. "Hay tres personas interpretando a Carlos Acosta, de niño, de joven y después está él mismo en la actualidad. Puede parecer extraño pero de repente funciona y le da más niveles de profundidad a la película porque vemos a una persona que reflexiona sobre sí misma. Muchas partes de su vida las contamos con coreografías y aunque todo esto pueda parecer muy abstracto es una de mis películas más accesibles", explica Bollaín a El Cultural.



En los últimos meses uno de los grandes éxitos del cine español ha sido Verano 1993, la película de Carla Simón en la que cuenta un doloroso episodio de su infancia. La discutida autoficción se abre cada vez más paso en las salas y pantallas... y en los festivales. El último León de Oro en Venecia lo ha ganado Alfonso Cuarón con Roma, en el que recrea en blanco y negro su infancia en un barrio de México D.F. En el mismo certamen ha arrancado aplausos Nuestro tiempo, del también mexicano Carlos Reygadas, en la que interpreta a un ranchero, su mujer a su esposa y sus propios hijos a los hijos de este. Además, no hace mucho, un maestro como Clint Eastwood volvía a rizar el rizo haciendo que 15:17 Tren a París (2017) la protagonizaran dos jóvenes militares del ejército de Estados Unidos para interpretar su hazaña "real" ante un terrorista.



La hibridación y creación de nuevos géneros que desafían las viejas etiquetas parece imparable. En San Sebastián, en la Sección Oficial, estará Beautiful Boy, de Felix Van Groeningen (Alabama Monroe), que está basada en la experiencia real de una familia estadounidense víctima de la adicción a las drogas. En Nuevos Directores, Elías León Siminiani (Mapa, 2012), continúa explorando la zona oscura de la ficción y la realidad en Apuntes para una película de atracos. En la misma sección, Viaje al cuarto de una madre, de la debutante Celia Rico Clavelino, narra la relación entre una hija adolescente y su madre soltera en un pueblo de Sevilla en una película en la que las protagonistas, Anna Castillo y Lola Dueñas, convivieron con la familia de la directora para empaparse de "realidad". Parece claro que la verdad del arte y la notarial nunca han sido la misma verdad. Y seguirán sin serlo.



@juansarda

Una dura competencia

Icíar Bollaín e Isaki Lacuesta no son los únicos realizadores españoles que competirán en la 66 edición del Festival de San Sebastián por la Concha de Oro. Rodrigo Sorogoyen comparece con El reino, filme sobre la corrupción, y Carlos Vermut intentará reeditar la victoria de Magical Girl (2014) con Quién te cantará, indagación en el lado oscuro de la fama con Nawja Nimri como protagonista.



También en la Sección Oficial, aunque fuera de concurso, aparecen los nombres de Enrique Urbizu, con la serie de Movistar+ Gigantes, y José Luis Cuerda, que vuelve al humor absurdo de Amanece que no es poco en Tiempo después. Además, no faltará la cita habitual con el cine vasco gracias a Dantza, de Telmo Esnal. Sin embargo, nuestro cine no lo tendrá fácil para conquistar al jurado presidido por Alexander Payne, ya que la competencia, procedente de todos los rincones del planeta, será dura. Entre las grandes firmas de este año destacan la francesa Claire Denis, que se lanza a la ciencia ficción en High Life; la japonesa Naomi Kawase, que repite con Juliette Binoche en Vision; el belga Felix Van Groeningen, con su primera película en inglés, Beautiful Boy; el británico Peter Strickland, con la historia de un vestido diabólico en In Fabric, y el también galo Louis Garrell, con el drama romántico L'homme fidèle. Completan la Sección Oficial, entre otros, Brillante Mendoza (Alpha), Kim Jee-Woom (Illang), Valeria Sarmiento (Le Cahier Noir), y Juan Vera (El amor menos pensado). Además, por el Kursall desfilarán Judi Dench, Danny DeVito e Hirokazu Kore-eda, Premios Donostia de la presente edición del festival.