Image: Más fantasía, más acción: Hollywood le echa cuento

Image: Más fantasía, más acción: Hollywood le echa cuento

Cine

Más fantasía, más acción: Hollywood le echa cuento

Tras la moda de los superhéroes, se avecina una ola de adaptaciones de cuentos populares a la gran pantalla

Jesús Palacios
Publicada
Actualizada

Charlize Theron interpreta a la bruja en Blancanieves y la leyenda del cazador.

Los superhéroes están pasados, los 'best-sellers' son caros y los 'remakes' apestan. Hollywood lo tiene claro: los cuentos son bonitos, baratos y, encima, tienen final feliz. ¿O no? Han vuelto a la pantalla grande para quedarse. Hoy se estrena 'Blancanieves y la leyenda del cazador', de Rupert Sanders, con Charlize Theron en el reparto, pero llegarán muchos más. Se lo contamos.

Desde que Bruno Bettelheim pusiera a Blancanieves, Caperucita y demás personajes de cuento en su diván, nada volvió a ser lo mismo. Su Psicoanálisis de los cuentos de hadas (1976), vino a descubrir un mundo subterráneo de erotismo, violencia y pasiones escondidas -aunque no demasiado-, bajo la superficie aparentemente infantil de los cuentos de toda la vida. Su finalidad era mostrar su incalculable valor formativo para el niño y, ¿por qué no?, el adulto. No está claro que los cuentos de hadas sean historias para niños. Perrault o Madame de Beaumont los escribían para ser leídos en Versalles, al son del clavicordio, entre paños y sedas. Tolkien sostenía que eran un místico producto de la fantasía, dotados de su propia realidad "secundaria", y Chesterton celebraba la "ética del país de los elfos". Los dos, cristianos como C. S. Lewis, veían en ellos la mano de Dios (muchos padres ven la del Diablo). Para jungianos como Joseph Campbell o Pinkola Estés, están llenos de arquetipos universales, mientras que para el ufólogo Jacques Vallée son recuerdos del contacto con seres extradimensionales... Cuando se cumplen doscientos años de la publicación del primer volumen de los Cuentos de los Hermanos Grimm, Hollywood ha descubierto lo que importa de verdad: son gratis. Este año coinciden tres Blancanieves: Blancanieves, de Tarsem Singh, Blancanieves y la leyenda del cazador, de Rupert Sanders, y la próxima película de Pablo Berger, su Blancanieves cañí. Ya tuvimos una Caperucita "gótica", Caperucita Roja ¿A quién tienes miedo?, de Catherine Hardwicke; una versión adolescente de La Bella y la Bestia, Bestial, de Daniel Barnz, y la superproducción de Konchalovsky El Cascanueces. En televisión compiten Érase una vez y Grimm, series inspiradas en el universo de los cuentos. Desde que entramos en el nuevo milenio hubo avisos: El secreto de los Hermanos Grimm, de Terry Gilliam, o la serie El décimo reino. Se respiraban hadas en el aire, pero faltaba el toque mágico.

Rodaje de la batalla de 'Blancanieves y la leyenda del cazador'


De dominio público

Un toque llamado Alicia: "Lo que se nos avecina tiene motivos principalmente económicos -reconoce Tarsem Singh, director de una de las recientes Blancanieves-, después del éxito de Alicia en el País de las Maravillas se han dado cuenta de que estas historias icónicas son de dominio público. Por eso se están haciendo". La peor película de Tim Burton recordó a Hollywood el mundo de los cuentos, que tanto de sí había dado a Disney. "Estas cosas son cíclicas -explica Rupert Sanders, responsable de Blancanieves y la leyenda del cazador-. Vienen y van. Ha habido un montón de producciones de superhéroes, ahora es el turno de los cuentos de hadas. También es una cuestión económica. En cuanto una hace un montón de pasta, todo el mundo se sube al carro. El mismo productor de mi película, hizo antes Alicia". Bryan Singer, de quien veremos Jack the Giant Killer, inspirado en Jack y las habichuelas mágicas, admite que "estas películas sobre cuentos de hadas son sólo el resultado de Alicia... De saberlo antes, habría sido más precavido en cuanto a meterme en una película de cuento, con todos los proyectos que andan ahora por ahí. Quizá incluso la hubiera dejado de lado". Hace mucho que existen películas inspiradas en cuentos de hadas. No me refiero sólo a los ‘clásicos Disney', género en sí mismo, sino a obras que han intentado abordar de forma artísticamente relevante y creativa los cuentos. Todo el mundo sabe que La Bella y la Bestia, de Cocteau, Las zapatillas rojas, de Powell, o Piel de Asno, de Demy, no son precisamente películas infantiles. Esta tradición, un tanto surrealista, ha sido continuada por títulos como Krysar, de Jiri Barta, The Secret Adventures of Tom Thumb, de Borthwick, Otesanek de Svankmajer, A Wicked Tale, de Merwyn Tong, The Piano Tuner of Earthquakes, de los Quay, o El laberinto del fauno, de Del Toro. Más comercial resulta su conversión en filmes de horror. El cuento gótico y el de hadas tienen muchos rasgos comunes. ¿Qué son Hansel y Gretel, Caperucita o Blancanieves sino historias de terror con final feliz? De Hansel y Gretel derivan títulos como ¿Quién mató a tía Roo?, de Curtis Harrington, Los amantes criminales, de Ozone, o Hansel and Gretel, de Yim Pil-Sung.

Caperucita dio origen a En compañía de lobos, de Neil Jordan según Angela Carter, En lo profundo del bosque, de Delplanque, Hard Candy, de David Slade, o la Caperucita de Hardwicke. Una curiosa versión televisiva de Blancanieves -Blancanieves, la verdadera historia, de Michael Cohn-, hacía hincapié en sus elementos oscuros, con una espléndida Sigourney Weaver como bruja. Qué decir de las versiones eróticas. No hace falta ser Bettelheim para oler el sexo de las hadas. Sin embargo, tienen más gracia las películas underground de Matthew Bright: Freeway y Trickbaby, versiones sexys y sangrientas de Caperucita y Hansel y Gretel.

El cine, desde Méliès, ha sido un gran cuento de hadas, pero la moda actual se diferencia en algo esencial: no pretende "pervertir" los cuentos originales. No quiere dirigirse a un público adulto, conocedor de sus claves. Tampoco a aquellos niños a quienes destinaba Disney la matinal del sábado. Utiliza los cuentos para llegar a ese espectador medio ideal, que traga igual superhéroes, thrillers, comedias románticas, aventuras épicas y películas de acción, con tal de que haya estrellas, estén "bien hechas" y sean espectaculares. Quiere que, sin ser serias, lo parezcan, utilizando tópicos dramáticos pero conservando su simpleza. Y, sobre todo, explotar la veta abierta por El Señor de los Anillos, Harry Potter o Crepúsculo... Sin pagar un duro por las historias. Vivir del cuento, vamos.

Podría creerse que todo comenzó en los 80, a partir de Lucas y Spielberg, con su recuperación de modelos narrativos clásicos para todos los públicos, y títulos como Los héroes del tiempo, de Gilliam, Legend, de Ridley Scott, Dentro del laberinto, de Henson, Lady Halcón, de Donner o La princesa prometida, de Reiner, y series como La Bella y la Bestia. Pero estas películas no eran "simples" transposiciones lineales, corregidas y aumentadas, de los cuentos de hadas, sino reflexiones posmodernas, cargadas de ironía, complicidad y múltiples lecturas. Los niños podían disfrutarlas, pero los adultos veían en ellas cosas muy distintas... Disfrutando más aún. Son obras sofisticadas, en las que participaron "cuentacuentos" como William Hjorstberg, Maurice Sendak, William Goldman o George R. R. Martin. Un puente entre el cine de autor y el comercial, entre Cocteau y Hollywood. Una manera olvidada de entender el cine.

Los nuevos cuentos made in Hollywood no son posmodernos, sino hipermodernos. Más fantasía, más acción, más romance, más estrellas... ¡hasta más enanos en Blancanieves! Sus antecedentes, aparte de algún título como Por siempre jamás, de Tennant, son las películas fantásticas de los últimos años, los superhéroes y la moda gótica adolescente. Aportan poco a sus modelos, carecen de ironía y se dirigen a un público "familiar", tan hipotético como las hadas.

El lujo de la ironía

Su gancho son actores salidos de Crepúsculo y divas que encuentran recompensa a su veteranía encarnando la bruja de turno -Julia Roberts, Charlize Theron, Angelina Jolie-. Naturalmente, funcionan mejor series televisivas como Érase una vez o Grimm, que se permiten el lujo de la ironía. Pero es tiempo de cuentos: pronto llegarán Hansel y Gretel: Witch Hunters, de Tommy Wirkola, Jack the Giant Killer, Maleficent, de Robert Stromberg, y El Cascanueces, de Adam Shankman, además del remake televisivo de la serie La Bella y la Bestia, en el que no participa George R. R. Martin. El cuento hipermoderno parece una maniobra más en la infantilización definitiva del espectador. Por primera vez, los cuentos de hadas serán de verdad para niños de ocho a ochenta años... Porque no habrá nadie con un cerebro adulto para ver en ellos más de lo que ven los directivos de Hollywood: la gallina de los huevos de oro.

Pablo berger: "Soy un cuentista"

Falta poco para que se estrene la Blancanieves de Pablo Berger, versión muy distinta a las de Hollywood de uno de los cuentos más famosos de la historia. Y con Maribel Verdú en una de las brujas más malvadas.

-¿Qué aspectos serán diferentes en su versión del clásico?
-En mi adpatación trasladamos los personajes a Sevilla en los años 20. Es un melodrama gótico, con grandes dosis de fantástico, aventura, terror y con una gruesa capa de humor negro.

-¿Por qué ha elegido precisamente Blancanieves?
-Durante años guardé en mi memoria la foto de un grupo de toreros enanos que me inspiraban mil historias y, especialmente, una: la versión gótica e ibérica del cuento de Blancanieves.

-¿Qué nos puede decir del personaje de la bruja de Maribel Verdú?
-La de Disney es maravillosa, estoy seguro de que se inspiró en vamps del cine mudo como Theda Bara. Ahora tenemos otras maravillosas: Julia Roberts, Charlize Theron y Maribel Verdú, que es la mía y mi favorita, claro. Estoy seguro de que Joan Crawford y Bette Davis estarían orgullosas del trabajo que ha realizado aquí.

-Recurre a un cuento y también a las claves del cine "primitivo"...
-Bueno, soy un "cuentista". El cuento es el corazón de toda película. En el cine las buenas historias se escriben con imágenes. Tenemos que mirar a los orígenes del cine, al cine silente y aprender de los grandes maestros como Gance, Dreyer o Murnau.

-¿Le asusta la competencia que ha desatado Hollywood?
-Nuestra película será la última en estrenarse en las salas españolas. Así que el espectador tendrá que decidir. Tengo la sensación de que somos David contra Goliat: la pequeña película europea enfrentada a los grandes y poderosos blockbusters americanos.