De izquierda a derecha, los tres inventores del teléfono: Elisha Gray, Antonio Meucci y Alexander Graham Bell. Diseño: Rubén Vique

De izquierda a derecha, los tres inventores del teléfono: Elisha Gray, Antonio Meucci y Alexander Graham Bell. Diseño: Rubén Vique

Entre dos aguas

El teléfono cumple 150 años: de la batalla entre Bell y Gray por la patente a las profecías sobre la videollamada

El invento que transformó para siempre la comunicación humana nació rodeado de pleitos, pioneros olvidados y profecías tecnológicas que hoy son rutina.

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El 7 de marzo de 1876 —hoy se cumplen 150 años— la Oficina de Patentes de Estados Unidos otorgó al escocés Alexander Graham Bell (1847-1922) la patente del teléfono, un invento que ha afectado decisivamente a las formas en que las personas y las sociedades se comunican entre sí, y, por consiguiente, a la propia historia de la humanidad.

No infrecuentemente, los orígenes familiares de una persona influyen poderosamente en el devenir de su vida. Así sucedió con Bell: como su abuelo y uno de sus tíos, su padre se dedicaba a la enseñanza del habla a sordos, profesión que también siguió Alexander (su madre y su esposa eran sordas).

Cuando a la edad de 15 años dejó la escuela en Edimburgo, se trasladó a Londres, donde vivía su abuelo, con quien pasó un año aprendiendo las técnicas de la logopedia. Uno de los trabajos que realizó entonces fue estudiar la transmisión del sonido cuando se hacían vibrar diapasones.

En 1865, se mudó definitivamente a Londres con su familia. Allí sus dos hermanos murieron de tuberculosis. Sus padres, al advertir que Alexander también contraía la enfermedad, temerosos de que siguiese el mismo destino, vendieron todas sus posesiones y se marcharon a Canadá, a donde llegaron en 1870, y en donde Alexander se dedicó a estudiar la transmisión del sonido mediante la electricidad.

En 1872, siguiendo a su padre, que había conseguido un puesto en la Escuela de Boston para Sordomudos, Alexander se trasladó a la ciudad, abriendo una escuela con el nombre de "Fisiología y Mecánica Vocales del Habla". Esto le dio la seguridad económica suficiente para continuar con sus investigaciones sobre las formas de transmitir sonidos articulados a distancia y, finalmente, los propios sonidos del habla mediante cables y señales eléctricas.

El primer teléfono de Bell estaba formado por una membrana de pergamino que vibraba cuando le llegaban ondas sonoras. Un muelle sujetaba una lengüeta de hierro de forma que esta tocaba suavemente la membrana, y cerca de la pieza de hierro se situaba el polo de un electroimán formado por una bobina y el núcleo de un imán; cuando el pergamino y la lengüeta vibraban, variaba el campo magnético del imán induciéndose una corriente eléctrica en la bobina.

Si se conectaban dos aparatos iguales, la corriente producida en uno alimentaba el electroimán del otro, haciendo vibrar su pieza de hierro y, en consecuencia, la membrana unida a él, reproduciéndose de esta forma las ondas sonoras producidas por la voz.

En realidad, la invención del teléfono estaba "en el ambiente". De hecho, si nos atenemos a fechas, el honor de su invención debe recaer en un peculiar personaje: Antonio Meucci (1808-1889).

Meucci nació en Florencia, pero murió en Nueva York. En Italia estudió Ingeniería química e Ingeniería industrial, aunque el único trabajo que encontró fue como encargado de instalar y dirigir el funcionamiento de la tramoya, cuidar de los decorados, de la utilería y de los efectos escénicos en el famoso Teatro della Pergola de Florencia.

Mas esta actividad no ocupaba todo su tiempo: fue un ferviente patriota que participó en el movimiento de liberación italiano. Esto le condujo a pasar un tiempo, entre 1833 y 1834, en la cárcel, lo que contribuyó a que en octubre de 1835 abandonase Italia, instalándose en La Habana.

La invención del teléfono estaba "en el ambiente" y, aunque Bell y Gray se disputaron la patente, el honor es del peculiar Antonio Meucci

Allí, influido por las ideas del médico alemán Franz Anton Mesmer (1734-1815), que sostenía que era posible tratar enfermedades aplicando electricidad y magnetismo, se embarcó en una serie de "prácticas médicas" —destinadas, sobre todo, a combatir el reumatismo que sufría su esposa—, "prácticas" de las que se derivó la invención del teléfono.

El mecanismo que utilizó era muy tosco, pero era la idea del teléfono. De Cuba se trasladó en 1850 a Nueva York, donde hacia 1854 construyó un aparato mucho más refinado para conectar la oficina donde trabajaba con un dormitorio ubicado en otra planta para poder comunicarse directamente con su esposa. Consciente de las posibilidades de su invento quiso patentar su "telégrafo parlante", pero como no disponía del dinero suficiente lo presentó a una empresa, Western Union, que ni le prestó atención ni le devolvió sus materiales.

Pero regresemos a Bell, quien tres días después de habérsele concedido la patente logró transmitir a su ayudante, que se encontraba en otra habitación, unas palabras que se hicieron famosas: "Mr. Watson, come here, I want to see you".

Ese mismo año presentó su invento en la Exposición Universal, que tuvo lugar en Filadelfia, conmemorando el centenario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. También allí se presentó otro aparato diseñado por Elisha Gray (1835-1901), que había ideado un teléfono de manera prácticamente simultánea a Bell: presentó una solicitud de patente el mismo día que Bell, pero dos horas después de que el inventor escocés hubiese hecho lo propio.

La coincidencia de la solicitud de patentes por Bell y Gray, en un negocio que se aventuraba como muy lucrativo, dio origen a un largo pleito sobre la prioridad del invento, pleito en el que Bell se impuso finalmente (1879).

Formalmente la batalla legal fue entre la Western Union, compañía centrada entonces en la telegrafía y a la que Gray pronto vendió los derechos de su patente, y la Bell Telephone Company, que había sido creada en julio de 1877 por el suegro de Bell, Gardiner Greene Hubbard. El resultado condujo a que Western Union se retirase del mercado de la telefonía, y que Western Electric se uniese con la Bell formándose, en 1879, la National Bell Telephone Company.

Comentando la promesa que se hacía en uno de los pabellones de la Exposición Internacional de Electricidad de París de 1881 sobre comunicación visual, se decía en la revista The Electrician: "Más pronto o más tarde, seremos capaces de ver por telégrafo, y contemplar a nuestros amigos distantes a través de los oscuros cables, a pesar de la curvatura de la Tierra y de la impenetrabilidad de la materia. Con un teléfono en una mano y un telefotógrafo en la otra, el ausente enamorado será capaz de susurrar dulces frases al oído de su amada y ver al mismo tiempo la arrobada expresión de su rostro, no importa cuántas tierras y mares separen a estos enamorados". Hoy esas palabras tan proféticas suenan completamente familiares.