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Ciencia

Vacunas… ¡y dos huevos duros!

¿En qué se diferencian los trabajos de Pfizer, Oxford y Moderna? José Antonio López Guerrero, director del grupo de NeuroVirología de la UAM, responde desde un contenido optimismo

19 noviembre, 2020 11:31

Todavía recuerdo cuando era niño -tengo que profundizar mucho en mi memoria para ello-, haber visto la película Una noche en la ópera de los hermanos Marx. Lógicamente, no la vi de estreno, en 1935, ni tampoco la visualizo nítidamente, a excepción de la ya mítica escena del camarote. En ella, destacar un momento, el momento de Chico “…¡y también dos huevos duros!”. ¿Por qué empezar con esta referencia cinematográfica? No sabría decirlo, pero cuando hace algo más de una semana le escuché proclamar a un directivo del grupo farmacéutico Pfizer/BioNTech que su vacuna de ARNm, además de suponer el mayor hito del último siglo -ganando, de paso, casi cinco millones de dólares en bolsa con el anuncio- era eficaz al 90 %, dos días más tarde, oyendo a otro directivo, en este caso del instituto ruso Gamelaya, asegurando que su Sputnik V, doble vacuna de adenovirus recombinante, ofrecía hasta un 92% de efectividad y, finalmente, hace escasamente un par de días, desde la compañía Moderna/NIAID, asegurándonos que su fármaco preventivo, también ARNm, subía la apuesta de seguridad hasta cerca del 95%, inconscientemente grité "¡y dos huevos duros!"

Todo lo descrito hasta ahora hace referencia a los últimos tres días –que, según parece, ya es pluscuamperfecto-, puesto que ahora, la propia Pfizer eleva, tras un análisis más completo, la eficacia de su producto unas décimas por encima de la de Moderna y, ¡cómo no!, felizmente reaparece la ya casi olvidada farmacéutica AstraZeneca, de la mano de la universidad inglesa de Oxford, para ofrecernos un producto, su propuesta vacunal ChAdOx1 nCoV-19 basada en un adenovirus de chimpancé como vector –diferencia importante con respecto a la vacuna rusa-, afirmando que es, incluso, muy segura en adultos de hasta más de 70 años –ensayos realizados, de momento, en personas sanas-. Esto sí que son “dos huevos duros”.

Todos estos anuncios se hacen de cara a la galería: galería social, galería bursátil, galería política, pero, no a la galería científica

En este último caso, los "huevos" han venido envueltos en una de las mejores revistas médicas del mundo, The Lancet. A excepción de lo que se acaba de mencionar de la Universidad de Oxford, prueba clínica publicada internacionalmente y realizada con medio millar de voluntarios, todos estos anuncios se hacen de cara a la galería: galería social, galería bursátil, galería política, pero, de momento, no a la galería científica, en forma de artículo en revista indexada de las evaluadas por pares científicos. Soy el primero en querer ser optimista. Necesito ser optimista, necesitamos aportar nuestro granito de esperanza en esta singularidad histórica donde se está viviendo minuto a minuto, como si de un reñido partido de tenis se tratara, la evolución de cada una de las fases clínicas -solapadas hasta acortar una década a poco más de un año- de todos los proyectos de vacunas, más de una decena, que ya empiezan a ensayarse en humanos. Estamos siguiendo con interés y como nunca antes cualquier contratiempo que las diligentes agencias de supervisión epidemiológicas notifiquen sobre este o aquel ensayo. Pero, ¿hay motivos para el optimismo? ¡Desde luego! También para la prudencia. Vayamos por partes…

Tanto la vacuna de Pfizer como la de Moderna son innovadoras, basadas en el material genético del virus, el ARN. Previamente, otras vacunas contra otros patógenos se habían desarrollado con ADN, el material genético de cualquier ser vivo -los virus NO lo son-, con fragmentos del virus o incluso con simples proteínas víricas. Nunca con ARN mensajero. De hecho, ambas compañías han apostado por un fragmento del genoma viral que codifica la famosa proteína S -spike-, la proteína de la espícula que da la forma de corona al SARS-CoV-2 y que ha sido identificada como la llave que utiliza el coronavirus para entrar en su célula diana; en su huésped. El problema estriba en que el ARN, al contrario del ADN, es un material muy lábil, inestable y tiene una vida media corta. Pfizer utiliza nucleótidos -las unidades de las moléculas del ácido nucleico como el ARN- modificados para intentar dotarlos de mayor estabilidad.

El problema estriba en que el ARN, al contrario del ADN, es un material inestable y tiene una vida media corta

Ambas vacunas, Pfizer y Moderna, han “embotellado” su molécula vacunal en nanocápsulas para facilitar su administración y estabilidad mientras alcanza el humano citoplasma celular donde “secuestrará” la maquinaria ribosomal que sintetizará la proteína -parte de ella- de la espícula viral. Primer problema: la inestabilidad de estas moléculas obligan a trabajar a bajas temperaturas; muy bajas. Pfizer habla de cerca de -80ºC, mientras que Moderna saca pecho con su vacuna supuestamente viable a “solo” -20ºC. Ambas temperaturas se me antojan un serio impedimento para la distribución mundial del medicamento. Por otra parte, Moderna tiene un hándicap con respecto a su competidora: su vacuna encapsula 100 microgramos de ARNm, algo que, dicen los expertos, le podría permitir trabajar a una temperatura mayor que Pfizer puesto que “se podría permitir el lujo de perder parte del producto antes de que llegue al usuario”. Pfizer encapsulará 30 microgramos de ARNm por dosis.

Hasta aquí, las diferencias. Ahora, las incertidumbres. A falta de que se publiquen los resultados para una revisión por pares científicos, seguimos sin saber si la vacuna neutraliza al virus, evita su diseminación o protege únicamente -que no es poco- de la clínica y síntomas más graves. Tampoco sabemos, lógicamente, si será apta o no para todos los sectores poblacionales ni cuánto podrá durar la inmunidad. Al parecer, se han contabilizado en los ensayos clínicos aquellos voluntarios que presentaron síntomas y dieron positivo por PCR. No está, por lo tanto, claro cuántos asintomáticos pudieron haberse infectado sin computar entre las decenas de miles de voluntarios. Lo dicho, optimismo, esperanza, pero también prudencia, quemar etapas con análisis serios, menos triunfalismos para la galería sin, claro está, ¡…dos  huevos duros!