Josep Maria Pou en 'Gigante'. Foto: Teatro Bellas Artes

Josep Maria Pou en 'Gigante'. Foto: Teatro Bellas Artes

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'Gigante': bronca política hecha espectáculo con Josep Maria Pou en el papel del escritor Roald Dahl

Josep Maria Mestres lleva a escena el debut como dramaturgo de Mark Rosenblatt. Una obra muy del gusto de Broadway sobre el antisemitismo en nuestro presente.

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Hace unos días se representó en los Teatros del Canal Golem, producción gala dirigida por Amos Gitai sobre los pogromos contra los judíos que desde la Edad Media han dirigido o tolerado todos los Estados europeos y sin distinción. También el drama Gigante, en el Teatro Bellas Artes, aborda el antisemitismo pero ya en nuestro presente, cuando se acusa al islamismo de promoverlo y a una izquierda de alentarlo en su apoyo a los palestinos frente los israelíes.

Es poco probable, por tanto, que este espectáculo deje indiferente, más aún en el momento actual que vivimos donde el conflicto con Irán polariza las conversaciones públicas y privadas. Pero es admirable el desafío de su autor, Mark Rosenblatt, de construir una obra teatral sobre un tema tan complejo con la honestidad de que confluyan argumentos políticos antitéticos y de posiciones tan encaradas.

Quien vaya al Teatro Bellas Artes se encontrará con un pulcro ejercicio dialéctico de ideas hecho espectáculo, basado en una historia real vivida por el célebre escritor inglés Roald Dahl y sostenido por personajes de carne y hueso en un ambiente familiar. Teatro de ideas que cuenta con el aliciente de estar interpretado por un admirable Josep Maria Pou, en los escenarios a sus 82 años.

Este es el debut como autor teatral de Rosenblatt —con una dilatada carrera como director de escena y guionista de cine—. Nada de experimentalismo, al contrario: es una obra con una arquitectura dramática clásica muy al gusto del West End, ya he dicho que muy bien trabada en sus réplicas y contrarréplicas, y de personajes bien perfilados.

Se estrenó en Londres en 2024, protagonizada por Elliot Levey, y se ha llevado tres premios Olivier, entre ellos al mejor texto teatral y al mejor actor; ahora se representa en Nueva York. Respecto a la producción española, dirigida por Josep Maria Mestres, llega a Madrid tras su paso por Barcelona.

Pou da vida a Roald Dahl, un anciano recalcitrante que se conserva todavía muy activo y lúcido, irónico pero también con una mala leche de aúpa que lo aleja del humor satírico que revelan sus relatos y esas simpáticas fotos suyas de apacible viejecito con sus perritos en brazos. Claro que la obra, mezcla de realidad y ficción, selecciona un polémico y desagradable suceso que Dahl vivió en 1983, cuando a punto de salir su libro Las brujas publicó una reseña sobre otro libro por la que lo acusaron de antisemita.

La escenografía nos traslada a un espacio único, el amplio salón de su casa que está en obras —el escritor lo está reformando—, donde la pareja del escritor (Victòria Pagès) y su editor inglés (Pep Planas) le aguardan para tratar con él este asunto que está entorpeciendo el lanzamiento de su próximo libro. Temen que muchos libreros se nieguen a venderlo y esperan a que llegue la editora de Nueva York, Jessie Stone (Claudia Benito), para diseñar un plan de crisis con el autor.

Una escena de 'Gigante'. Foto: Teatro Bellas Artes

Una escena de 'Gigante'. Foto: Teatro Bellas Artes

Gigante reúne más temas de los que presumimos y salta de uno a otro en juegos y giros dramatúrgicos inesperados. Sin ánimo de hacer spoiler, en el primer acto creemos que es la libertad de expresión lo que está en liza, cuando los editores del autor le sugieren que pida perdón públicamente por la reseña publicada, a lo que un vehemente y orgulloso Dahl se niega (me pregunto qué les haría a sus herederos si volviera de su tumba y comprobara que podaron sus cuentos infantiles de todo lo que sonara políticamente incorrecto).

Alcanzamos el final del acto con una controversia durísima entre la editora americana —de origen judío— y el escritor, que permite a Dahl/Pou sacar un torcido y demoledor colmillo con el que derribar la vigorosa réplica de Jessie Stone/Cláudia Benito en torno a lo que distancia a palestinos de israelíes. La soberbia bronca de estos dos es un calentamiento para el debate del entreacto (la obra supera las dos horas).

En el segundo acto se palpa el tenso ambiente que el debate ha instalado entre los tertulianos, las espadas siguen en alto y se continúa con la resolución de si Dahl se rendirá a sus editores; sin embargo, se cruzan toques sobre el carácter de los personajes y otros temas y cuestiones ideológicas aderezan la trama. Por ejemplo, el de la relación de la obra artística con la ideología de su artífice. ¿Deberíamos dejar de leer los maravillosos y divertidos relatos de Dahl al descubrir su antisemitismo y también su mal temperamento?

Las dos horas largas se siguen con interés, hasta llegar a un desenlace con sorpresa a medias. Mestres es un director que se pone al servicio de sus actores: a la profesionalidad de Pou y Benito se añaden los muy convincentes Pep Planas y Victòria Pagès.

Desde el punto de vista ideológico, es una obra muy del gusto de Broadway, busca la aceptación y comprensión de los gentiles ofreciendo la versión de aquellos judíos que se distancian del sionismo y de las actuales políticas del gobierno de Israel. Rosenblatt —británico de origen judío— nos ofrece la visión de la diáspora asimilada en su país, pero fundamentalmente en Estados Unidos, esa que ha apoyado públicamente al musulmán Zohra Mandani como alcalde de Nueva York.

En Estados Unidos reside la mitad de la población de origen judío del mundo, en torno a 8 millones, mientras Israel congrega un número similar, fundamentalmente descendientes de la diáspora de askenazíes europeos. En Francia, Reino Unido y Canadá hay otras comunidades importantes, pero menos numerosas.

Gigante

Teatro Bellas Artes, desde el 20 de febrero

Autor: Mark Rosenblatt

Traducción: Josep Maria Pou

Dirección: Josep Maria Mestres

Reparto: José María Pou (Roald Dahl), Victòria Pagès (Felicity "Liccy" Crosland), Pep Planas (Tom Maschler), Clàudia Benito (Jessie Stone), Aida Llop (Hallie), Jep Barceló (Wally Saunders)
Escenografía: Sebastià Brosa

Vestuario: Nidia Tusal

Iluminación: Ignasi Camprodon

Espacio sonoro: Jordi Bonet

Caracterización: Toni Santos

Producción: Focus