Una escena de ‘Yo siempre a veces’. Foto: Sophie Koehler

Una escena de ‘Yo siempre a veces’. Foto: Sophie Koehler

En plan serie

‘Yo siempre a veces’: las desventuras de una madre imperfecta (o sexo, drogas y biberones)

Incluida en la programación del festival D'A de Barcelona, la serie narra la historia de una joven que se debate entre sus impulsos hedonistas y las responsabilidades que conllevan la maternidad.

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Programar series de televisión en un festival, ya sea de cine o específico de teleficción, no es tarea fácil. Y no lo es porque, al contrario de lo que sucede con las normativas más o menos estandarizadas que rigen las selecciones en los certámenes cinematográficos, en lo referente a las teleseries el trabajo de curaduría es una excepción.

Salvo en casos aislados —SeriesMania en Lille, Serielizados en nuestro país—, la programación de series, ya sea en citas consagradas a tal objeto (Crossover, Labdeseries) o en festivales centrados mayoritariamente en el cine (Málaga), el estreno de los títulos a los que el público accede en primicia obedecen a una estrategia exclusivamente promocional.

Es decir, las plataformas y las cadenas no solo proponen sino que disponen. Aquí los comités de selección de los festivales pintan más bien poco. Todo empieza con una llamada a la plataforma en cuestión, que, de acuerdo con su calendario de estrenos y su estrategia de promoción y relaciones públicas, y atendiendo a las fechas del festival, ofrecerá el proyecto que tenga disponible para ese momento siempre y cuando entiendan que el certamen encaja en el perfil de serie que manejan.

Y aquí, dentro de esa limitadísima oferta, que nada tiene que ver con la abundancia de películas a las que se enfrenta el comité de selección de un festival de cine, es donde los certámenes han de marcar la diferencia para su propio beneficio. Es decir, uno puede abrir la mano tanto como su presupuesto y su parrilla de programación le permitan e incluir un batiburrillo de estrenos de casi cualquier operador convirtiendo la sección (o el festival) en una pasarela de exhibición de títulos que no atiende a criterios cualitativos sino de actualidad.

Es lo que hace, por ejemplo, el festival de Málaga que, en su más reciente edición incluyó siete títulos entre estrenos (Acoustic Home, Millennial Mal, Cochinas, Si es martes, es asesinato, Por cien millones) segundas e incluso terceras temporadas, casos de Entre tierras y La nena, respectivamente.

Un fotograma de 'Yo siempre a veces'. Foto: Sophie Koehler

Un fotograma de 'Yo siempre a veces'. Foto: Sophie Koehler

La otra opción es no perder de vista tu línea editorial y, en función de lo que las plataformas te ofrezcan, seleccionar aquello que encaja con la idea que vertebra el festival. Por ejemplo, es lógico que la Biennale de Venecia haya estrenado en los últimos años series de Marco Bellocchio (Esterno Notte), títulos como M. El hijo del siglo (Joe Wright, Stefano Bises & Davide Serino, 2024), o el último proyecto seriado de Rodrigo Sorogoyen (Los años nuevos). O que la Berlinale haya programado Ravalear (Pol Rodríguez, 2026), codirigda por Isaki Lacuesta, cuyo nombre está íntimamente ligado al cine de autor contemporáneo y que ya estuvo en la cita alemana con Un año, una noche (2022).

Insisto, esto no tiene nada que ver con la calidad: no se sorprendan si les digo que ese no es el único criterio para programar un festival. En Venecia pudo verse, también, aquel desastre llamado Disclaimer (2024). Pero era un desastre que llevaba la firma de Alfonso Cuarón. Y lo protagonizaba Cate Blanchett. ¿La serie era buena? No. ¿Tenía sentido programarla en la Biennale? Absolutamente.

Todo esto bien a cuento porque el D’A, el Festival de Cinema d’Autor de Barcelona, ha incluido en su programación una serie. Solo una. Recuerden: abrir la mano o no perder de vista tu línea editorial. No les quepa duda de que, de haberlo deseado, hubiesen podido incluir más títulos. De hecho, seguro que para un festival que tiene su sede en pleno centro de Barcelona, Ravalear entraba claramente en sus planes. Pero dejemos las elucubraciones a un lado. En el D’A se ha podido ver Yo siempre a veces (Marta Loza & Marta Bassols, 2026), que Movistar Plus + lanzará el próximo 23 de abril. Y tiene todo el sentido del mundo.

¿Por qué? Primero, porque es una serie que se desarrolla, principalmente, en Barcelona. Factor geográfico: check. Dos: porque gran parte del equipo es, también, catalán. Factor pertenencia: check. Tres: el festival posee una sección, programada por el crítico Carlos Losilla, denominada 'Un impulso colectivo' que se centra en mostrar las últimas novedades de ese cine español reciente que se aleja de las convenciones, un surtido de miradas alternativas que este año ha contado con apabullantes ejercicios experimentales como Un arbre es un arbre (Carlos Marques-Marcet & Aleix Plademunt, 2026). O películas que encaran desde una nueva óptica la realidad trans como Iván & Hadoum (Ian de la Rosa, 2026). O ese ejercicio de hipnosis que es Anoche conquisté Tebas (Gabriel Azorín, 2025). O una historia de amor fantasmal, entre Antonioni y Petzold, como Así llegó la noche (Ángel Santos, 2025).

Las conexiones de las creadoras de la serie, Marta Loza y Marta Bassols, con determinadas corrientes del cine nacional de los últimos tiempos es más que evidente. Loza ha trabajado como directora de arte, decoradora o diseñadora de producción en múltiples proyectos (de As bestas hasta Mariliendre), además de dirigir cortometrajes o coescribir el guion de Rara (Pepa San Martín, 2026), mejor película latinoamericana en el 64.º Festival de San Sebastián.

Desde sus inicios, la carrera de Bassols quedó vinculada a nombres como los de Luis López Carrasco, Ion de Sosa o Marc Ferrer. Hay, pues, una lógica programática en la inclusión de Yo siempre a veces en la edición del D’A que termina mañana y un vínculo evidente con la sensibilidad que desprende la sección 'Un impulso colectivo', por más que la serie sea una proyección especial. Factor editorial: check. Si a todo ello le añaden que la produce Suma Content, la compañía de Javier Calvo y Javier Ambrossi, también pueden hacer check en el factor notoriedad.

Los nietos del capitalismo

Un momento de 'Yo siempre a veces'. Foto: Sophie Koehler

Un momento de 'Yo siempre a veces'. Foto: Sophie Koehler

Y ahora, la serie. Una mujer y un hombre. Una noche loca. Sexo, drogas, música electrónica y una deambulación jalonada por pasajes surreales y conversaciones absurdas sobre la cópula de las luciérnagas bajo el cielo oscuro de una Barcelona espectral. El paseo terminará con la llegada del día —la resaca desperezándose en una terraza soleada, el cuerpo incapaz de combatirla con descanso, los últimos coletazos narcóticos mateniéndolo en alerta— y con la toma de una decisión.

Esa decisión, quizá la peor de todas, quizá la mejor ("a voltes no ho saps mai") la toma Laura (Ana Boga) después de exprimir su último día en Barcelona como si fuese la única que ha recibido el aviso del fin del mundo. Después regresará a Berlín, donde le espera su trabajo en un festival. Aguijoneada por el deseo que Rubén (David Menéndez) ha despertado en su cuerpo sandunguero pese a que apenas se conocen y excitada a causa de un sentido de la aventura que roza la inconsciencia, Laura no solo desatiende la llamada del compromiso, del trabajo estable, de la vida cómoda a pesar de la distancia, también se quedará embarazada.

Es fácil conectar ese primer episodio con otra producción auspiciada por los Javis como Cardo (Ana Rujas & Claudia Costafreda, 2021-2023). Las decisiones visuales —cámara inquieta, un diseño de producción bañado por un realismo feísta— y los motivos temáticos —el hedonismo impetuoso, la traumática llegada de la adultez, la espiritualidad salvífica, el humor descreído y hasta grotesco— se asemejan y tampoco es casual que Claudia Costafreda dirija varios episodios, aunque el piloto corra a cargo de la cocreadora Marta Loza.

La crianza del bebé, unida a la pérdida del curro y a las dificultades para procurarse una vivienda, hacen de Laura una mujer sin ingresos, con un crío a cargo y con unos padres que ni pueden acogerla de nuevo —al menos no por un largo periodo de tiempo— ni pueden ocuparse de la criatura. Con Rubén prefiere no contar. A las primeras de cambio (de pañales), se convierte en una sombra en la vida de Laura, abducido por la nocturnidad inherente a los entrepreneurs discotequeros, entregado a la disolución estupefaciente y con el sentido de la responsabilidad atrofiado.

Una escena de la serie 'Yo siempre a veces'. Foto: Sophie Koehler

Una escena de la serie 'Yo siempre a veces'. Foto: Sophie Koehler

Que en el título de cada episodio se incluya el sustantivo casa ya debería darnos una idea de que el acceso a la vivienda y la precariedad laboral atravesarán los seis capítulos de la nueva producción de Movistar Plus +. Laura, a pesar de sus conocimientos, no encuentra curro o los curros que encuentra no son compatibles con las atenciones que necesita su hijo. En Berlín siguen esperándola. Allí, al parecer, tienen y dan de todo: trabajo, casa, guardería. El episodio final quizá se excede un tanto en esa idealización del exilio: pese a la dolorosa ruptura de los lazos familiares, en Alemania se vive con frío pero bien. Su capitalismo es mejor. O eso parece creer la serie, basta con ver los cambios que se imprimen desde la dirección de fotografía.

Yo siempre a veces es el negativo de la similar pero más luminosa Margo tiene problemas de dinero (David E. Kelley, 2026). Desde la dirección, a cargo de las citadas Costafreda y Loza, además de Ginesta Guindal (Vida perfecta, Su majestad), se apuesta por los encuadres opresivos: armarios habilitados como habitaciones improvisadas, trasteros vivienda, pisos superpoblados... Ese coliving caníbal que ya no entiende de edades al que nos ha empujado la especulación neocapitalista y que aquí se traduce en forma de acertadas composiciones abigarradas.

Fotograma de la serie 'Yo siempre a veces'. Foto: Sophie Koehler

Fotograma de la serie 'Yo siempre a veces'. Foto: Sophie Koehler

Esa idea de asfixia inacabable que preside la colección de desventuras de Laura, una experta en tomar malas decisiones, halla su mejor herramienta expresiva en el uso de los zooms, un émbolo que aprisiona (o descomprime) las secuencias en función del estado de las cosas.

La música de Álex de Lucas y Raúl Santos ayuda a dar con el tono preciso para moldear una historia que plantea el debate entre la responsabilidad y el placer, entre los deberes que impone la maternidad y las ganas de pasarlo bien de alguien que afirma sobre sí misma "yo también soy una niña". Es el relato de una generación que no quería crecer, participante activa de una fiesta vivida como interminable hasta que alguien enciende las luces de golpe.

Loza y Bassols proponen modelos de crianza y de familia alternativos, improvisados e imperfectos, personificados en una protagonista dubitativa, a merced de sus impulsos, a la que en no pocas ocasiones dan ganas de abofetear pero que, a cambio, desprende amor como si fuese un géiser. Nótese que la serie tampoco carga las tintas contra el padre, prefiere la redención parcial antes que el retrato maniqueo: es, simplemente, alguien inexperto, falto de un evidente proceso de maduración.

Por cierto, como en todas las producciones Suma Content, tampoco falta el componente místico, aquí expuesto con mayor detalle en un quinto episodio que cuenta con María de Medeiros como sanadora, tutelando un proceso de revelación que ha de ayudar a Laura a tomar decisiones. No faltan, tampoco, tarots, estampitas y rezos a la Virgen de Montserrat —que es, además, el usuario de Instagram de Marta Bassols, así que es fácil intuir que la serie contiene trazas biográficas—, pues al parecer es necesario que exista un orden superior para saber que, pese a las contrariedades (y el guion se esfuerza en que a Laura le pase de todo) todo acabará bien.

En cualquier caso, y por ir cerrando, Yo siempre a veces encuentra paralelismos con la citada Cardo, también Júlia ist (Elena Martín, 2017) en su tramo final o con otros títulos recientes como Yo la busco (Sara Gutiérrez Galve, 2018) o con Ama (Júlia de Paz, 2021). Que la serie de Marta Loza y Marta Bassols esté incluida en la programación del D’A no es, por lo tanto, fruto del azar.