El novelista mexicano David Toscana. Foto: Ulf Andersen / Getty Images /Cedida por Alfaguara

El novelista mexicano David Toscana. Foto: Ulf Andersen / Getty Images /Cedida por Alfaguara

A la intemperie

David Toscana, novelista integral

La calidad literaria del reciente ganador del Premio Alfaguara no ha sido óbice para que algunos hayan sospechado un posible amaño en el galardón.

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La semana pasada los miembros del jurado del Premio Alfaguara de novela 2026 concedieron el galardón a la novela El ejército ciego del novelista mexicano David Toscana. Fue para todos sus lectores una agradable sorpresa literaria, porque no siempre los premios literarios se conceden a un novelista de prestigio como Toscana, cuyas novelas trascienden las fronteras nacionales de México y se expanden por todo el territorio de La Mancha y, en las traducciones, mucho más allá.

Si bien México y el mundo mexicano están presentes en todo cuanto hasta ahora he leído de Toscana, este novelista, que lo es integralmente desde el punto de vista literario, entra con una sabiduría extraordinaria en otros mundos bastante lejanos de los de su origen, sobre todo en los países de Europa central y Rusia.

Desde Las bicicletas (1992) a El peso de vivir en la tierra (2022), pasando, entre otras novelas, por El ejército iluminado (2009), Los puentes de Königsberg (2007), La ciudad que el diablo se llevó (2012) o Evangelia (2010), Toscana abraza integralmente una amplísima geografía: ese es el verdadero territorio de este novelista extraordinario, el mundo entero con la memoria mexicana andando por el aire.

Ya fue una alegría verlo desarrollar una vocación novelística tan fuerte y profunda. Poco a poco, pero sin pausa, novela a novela, golpea el teclado todos los días arrancando de la nada el mundo que ha ido creando con el arte de su escritura literaria.

Siempre que me encuentro con un novelista de gran envergadura, echo mano a Henry James y una de sus afirmaciones más rabiosas: para ser un novelista de verdad, para escribir novelas de verdad, hay que tener una voluntad de hierro.

Eso es lo que afirma James, que de ese ámbito de la literatura lo sabía todo. De un tiempo a esta parte no leo más que novelistas del siglo XX con un pie en el XIX. Me he encontrado con tres de esos escritores con frecuencia y ahora tengo tres en mente: Juan Bonilla, Gustavo Faverón y, en efecto, David Toscana.

Bonilla y Toscana han ganado con sus novelas en el pasado inmediato el premio Bienal Vargas Llosa. Los dos lo han ganado por sorpresa, porque las quinielas de los sabelotodo daban en esas ocasiones y de antemano otros ganadores.

Con el Alfaguara de Novela 2026, David Toscana desmiente la generalización de que toditos los premios literarios están "amañados"

Toscana se impuso con El peso de vivir en la tierra, una novela quijotesca, con ribetes cervantinos, claro está, pero donde está presente un conocimiento rotundo y certero de las literaturas centroeuropeas. El tratamiento del tiempo y de los personajes es todo un juego de luces que Toscana maneja como un maestro.

"No te lo van a dar", le dije cuando me confesó que había presentado su novela al Bienal Vargas Llosa. Me equivoqué, la novela de Toscana ganó el galardón que concedió un jurado formado mayoritariamente por mujeres.

Ahora ha repetido jugada con buena suerte literaria y desmintiendo la generalización de que toditos los premios literarios están "amañados", como le dice Juan Cruz a Enrique Murillo en su muy comentada memoria editorial, Personaje secundario. Ellos sabrán de esto más que nadie…

Sin embargo, el prestigio literario de Toscana no ha bastado para los sabuesos de la edición. Los inspectores de esta nueva policía editorial, vestidos de ética y estética y pasándose de la raya, se preguntaron en las redes sociales y en algunos artículos de periódicos por qué un novelista de tanto prestigio se había presentado a un premio literario.

Y pusieron lo que creían el dedo en la llaga, señalando la causa y levantando la sospecha: había dos mexicanos entre los miembros del jurado, lo que llamaba mucho la atención y tal vez permitía entender por dónde le entraba el agua al coco en esta ocasión.

Así es la vaina inquisitorial: todo novelista que se presente a un premio literario, y más si está organizado por una editorial, es sospechoso de "amaño" y de truco. Voy a poner la mano en el fuego y asegurar que El ejército ciego es una muy buena novela, como todas las de Toscana.

Antes que en la opinión malevolente de los inspectores de la policía editorial española, sigo creyendo en el rigor ético y estético del novelista. Lo conozco y sé de su honradez. Conozco a los miembros del jurado y sé de la suya, la de cada uno de los que configuraron el jurado.

Espero que, dentro de un mes, cuando salga a las librerías la novela de Toscana y sea leída por la policía editorial, tengan la amable honradez de rectificar por escrito en los mismos lugares en los que han escrito para que caigan las sospechas de "amaño" sobre esta novela, este novelista, este jurado y esta editorial.

Pero me temo que el silencio caerá como siempre sobre los inquisidores que mirarán para otro lado como es su costumbre cuando sus deseos no coinciden con la realidad. En fin, ojalá me equivoque…